CATERINA NOTARGIOVANNI
Cada baile de Abigail Pereira genera un verdadero impacto entre funcionarios y usuarios del Piñeyro del Campo. La travesti uruguaya, que alcanzó la fama por su participación en el programa Bailando por un sueño, de Marcelo Tinelli, está en boca de todos. Y es lógico: su éxito les incumbe.
Si Abigail sale vencedora, concretará su sueño: que el centro reciba poco más de U$S 18.000. Si pierde, igual habrá ganado porque su sola participación duplicó el número de donaciones particulares que recibe el hospital fundado en el año 1922.
¿Cómo salió? ¿Qué puntaje le dieron? Las preguntas, comentarios y otras apreciaciones resuenan en todo el edificio cada vez que Abigail contonea sus caderas, junto a su partner, el actor argentino Gustavo Guillén.
Todos se sienten tan involucrados con la causa que, para alentarla, decidieron colocar una pancarta pintada a mano, en la puerta de entrada principal, en la calle Larravide.
Religiosamente, además, telefonean a Abigail antes de cada show y envían mensajes de texto cuando queda sentenciada. "Llegué a mandar más de 20", cuenta Gladys Vigo, funcionaria del turno vespertino y confesa "fan" de la bailarina.
El dinero que obtenga en caso de vencer será destinado al acondicionamiento de los baños de la Unidad de Demencia, una de las áreas más deterioradas y donde habitan 80 pacientes con Alzheimer y otro tipo de enfermedades cognitivas calificadas como de moderadas a severas que les imposibilita vivir en la comunidad. Reciclar esos baños, que tienen más de 80 años de antigüedad, no sólo implica nuevas cañerías, pintura y grifería: "se busca adaptarlos para higienizar simultáneamente a ocho personas, con accesibilidad para distintos tipos de discapacidad y funcionales al trabajo de enfermería. En eso colabora Abigail", explicó Ítalo Savio, director del Hospital, geriatra, gerontólogo y especialista en gestión de Centros de Salud.
"Si sobra algo", dice Abigail, "queremos conseguir un ómnibus preparado para trasladar viejitos en silla de ruedas".
lugar del sueño. El Hospital Centro Geriátrico del Piñeyro del Campo consta de cuatro Unidades Médicas (en el pasado llamadas "Pabellones"). Los pacientes terminales o con patologías inhabilitantes que requieren atención las 24 horas, se ubican en la Unidad de Alta Dependencia y Cuidados Paliativos. Allí hay 60 personas. Aquellos con problemas psiquiátricos y que no son autosuficientes (60 en total) son alojados en la Unidad de Psicogeriatría. Otros 80 pacientes con enfermedades crónicas y con deterioro físico de leve a moderado, se ubican en la Unidad de Autoválidos. Dentro de este recinto se encuentra la Unidad de Rehabilitación, inaugurada hace un mes, destinada a adultos mayores que tienen el alta de los hospitales de agudos y con potencial de recuperación. La cuarta es la mencionada Unidad de Demencia.
Actualmente son 300 los pacientes internados (en 2001 eran 470). Los indicadores de mortali-dad hablan de un promedio de 60 fallecidos al año: "es la más baja en los últimos diez años. Por ejemplo, en 1999 se registraron 180 muertes", explicó el director para quien la inmunización obligatoria antigripal y contra el Neumococo fueron claves en ese descenso. La estadía promedio de un paciente cuando ingresa es de seis años.
Para conseguir un cupo en el Piñeyro es fundamental cumplir con tres requisitos: ser mayor de 65 años, ser usuario de ASSE (tener "carné de pobre"), encontrarse en situación de fragilidad y vulnerabilidad, y no contar con familiares o vínculos de contención externa. El 96% de los pacientes no tienen familia o los lazos están tan desgastados que no se puede contar con ese apoyo, contó Savio.
"Pocos reciben visitas y lamentablemente son muchos los que vienen a verlos los días que cobran las pensiones", señaló Roberto Quinteros, chofer de la institución.
El hospital cuenta con 370 funcionarios médicos y no médicos, de los cuales más del 50% están abocados a la atención directa de los pacientes (médicos, cuidadores, auxiliares y licenciados en enfermería, odontólogos, podólogos, entre otros) y el resto a tareas de apoyo y administrativas. Según Savio, estarían faltando al menos 30 auxiliares y 6 licenciados de enfermería para cubrir las carencias.
El Centro Diurno brinda desayuno, almuerzo, cena y actividades recreativas a 40 personas que tienen familia pero requieren cuidados especiales. "La idea es que la larga estancia no crezca. Queremos aumentar la cobertura y los beneficios, pero tratando de que el adulto mayor permanezca con su familia y en la comunidad hasta que sea posible", alega Savio.
Para donar puede hacerlo por:
0900 9110- $20; 0900 9111- $50; 0900 9112- $100; 0900 9200- $200
Teléfonos: 508 9296 o 507 1756.
La hinchada se quedó esperando
Cinco minutos pasadas las 22 horas del día lunes 23: en la Unidad de Autoválidos se hacen los preparativos para ver Bailando por un sueño en una tevé 29 pulgadas recientemente donada. Media docena de corajudos residentes resisten al sueño para ver a Abigail en acción. "Ay mija, decile a Tinelli que empiece más temprano", comenta Antonia, de 68 años. Teniendo en cuenta el frío, las edades, y los hábitos dentro del hospital (la cena se sirve a las 19 horas), mantenerse despierto hasta la medianoche es todo un triunfo.
El chocolate caliente y un tentador pan dulce servidos por Daniel Maeso y su equipo estimulan a los internos que, por lo visto, son de buen comer. Dos estufas a gas hacen confortable el ambiente.
Arranca el show, terminan las conversaciones y los ojos se clavan en la tele. Después de las expulsiones de rigor de los días lunes comienzan a aparecer las parejas. Las curvas de Catherine Fulop dejan embelesado a Miguel Ángel (69), que se ubicó en primera fila junto a su "novia", Celia (67). Risitas pícaras o miradas de desaprobación, según los géneros, llenan el salón. Igualmente el silencio predomina. Sólo un chiste de Matías Alé, marido de Graciela Alfano, provoca carcajadas. Ese día Abigail bailaría tercera, pero nunca apareció. "Nos cambiaron a último momento", comentó después la bailarina.
Silenciosos, alegres, cansados pero no decepcionados, se levantaron de a uno, saludaron con afecto y se fueron a dormir.
Contentos más allá de los resultados
El martes, Abigail y su pareja finalmente bailaron. Al día siguiente, miércoles, el comentario general iba por el lado de la baja puntuación que obtuvo la dupla.
Sin embargo no perdieron la fe: "la gente acá está convencida que el jurado los va a volver a salvar porque igual hablaron muy bien de la pareja", comentó Javier Nuñez, asistente de Gerencia de Programas, departamento que organiza actividades recreativas y espectáculos para divertir a los internos.
Mirta Quintana, gobernanta de la Unidad de Autoválidos (a la que pertenecen los protagonistas de la crónica) dijo que "los ancianos están muy contentos y satisfechos con lo ya hecho", y confirmó que todavía no pierden las esperanzas.
Ella y su familia también son seguidores: "A mí me enternece escucharla hablar tan lindo de la institución, la verdad me llega muy profundo". Mirta dice que si hay que mandar mensajes para salvarla, lo hará, tal como ha hecho las últimas tres veces que estuvo sentenciada.