Salud

Ayuno, ¿una herramienta útil?

Presente en varias religiones y dietas, dejar de ingerir alimentos y líquidos es un recurso cuestionado por la salud. Nutricionistas prefieren apelar a otras técnicas.

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Cuando una persona ayuna, el cuerpo recurre a sus reservas.

DANIELA BLUTH

Entre la nochecita del martes 22 y la del miércoles 23, muchos de los adultos de la colectividad judía en todo el mundo ayunarán para conmemorar el Día del Perdón. Mañana lunes y como parte de su rutina de desintoxicación, Gabriela pasará 24 horas solo a líquidos, para recién después retomar su dieta habitual. Entre el 18 de junio y el 17 de julio pasados, los musulmanes celebraron el Ramadán, el noveno mes del calendario lunar durante el cual realizan un ayuno diario en las horas de luz solar, tomando su primer comida antes de la oración del anochecer. Es que sea por motivos religiosos, filosóficos o nutricionales, el ayuno es una práctica histórica que sigue vigente en Oriente y Occidente.

Y aunque no está exento de cuestionamientos, los nutricionistas consultados por Domingo coinciden en que, cuando se realiza por un período de tiempo breve o es parcial, no conlleva grandes riesgos. "Si el ayuno es controlado por profesionales idóneos y la persona no presenta patologías previas que lo contraindican, no es perjudicial", asegura la doctora Dolores Etcheverry, del Centro Terapéutico Montevideo Dr. Máximo Ravenna. Por su parte, la licenciada en nutrición Sonia Nigro explica que los ayunos de corta duración o durante determinadas horas del día "no ofrecen peligro en personas sanas, pues el organismo es capaz de regular sus reservas".

Las complicaciones aparecen, en cambio, cuando la abstinencia alimenticia se prolonga en el tiempo. Mientras que en las primeras horas el organismo tiene mecanismos compensatorios que le permiten adaptarse a la nueva situación, a medida que éstas pasan las reservas se van agotando. "Si esta conducta se prolonga en el tiempo, la persona entra en estado de inanición pudiendo llegar incluso hasta la muerte", advierte Etcheverry. Una de las mayores preocupaciones, agrega Nigro, es que el cuerpo logre reponer agua y electrolitos, como sodio y potasio. Además, hay riesgo de hipoglicemia e hipotensión.

Por definición, el ayuno es la falta de ingesta de cualquier alimento y, por tanto, de nutrientes, incluida el agua. Pero, ¿cuánto tiempo es aconsejable estar sin comer? Según Nigro, sin consumo de agua, apenas horas. "No más de 24 horas, para poner un número", se apura en responder la docente de Nutrición Clínica en la Escuela de Nutrición. "Gran porcentaje de la composición del cuerpo es agua y ésta es esencial para todas las funciones vitales. Está formando parte de nuestras células y además circula por nuestro cuerpo llevando nutrientes básicos. Sin agua, no hay vida", explica.

Sin consumo de alimentos pero con agua, es posible vivir varios días. Eso sí, lo que ocurrirá es que el cuerpo irá recurriendo a sus reservas y, por ejemplo, es probable que se empiece a reducir su masa magra (músculos) y comiencen a circular en la sangre cuerpos cetónicos.

Más allá de plazos y matices, la abstinencia alimenticia no es recomendable en niños, adolescentes, embarazadas y adultos mayores. "En todos ellos está comprometida la necesidad de glucosa disponible", dice Nigro. Tampoco es aconsejable y puede resultar riesgosa en pacientes con patologías como diabetes, hipoglicemias, hipotensión, enfermedades renales o hepáticas, anemia, trastornos alimentarios, bajo peso y personas cursando alguna infección. De hecho, dice Etcheverry, "en la tradición judía hay que tener 12 años para ayunar y se eximen condiciones como el embarazo o ciertas patologías".

Teorías.

En su libro Comer sin miedo. Mitos, falacias y mentiras sobre la alimentación del siglo XXI, el bioquímico español José Miguel Mulet arremete contra las teorías religiosas, filosóficas y pseudocientíficas que defienden la posibilidad de vivir del aire, la luz o la fe. "Comer es una necesidad básica, por una parte para conseguir los átomos y moléculas que necesitamos para crear las nuestras, y por otra para conseguir la energía para seguir en marcha y desarrollar todas nuestras funciones vitales. Si alguien dice que se puede vivir sin comer, o alimentarse del sol o del aire, te está mintiendo", escribe en el primer capítulo, Y esto de comer ¿para qué sirve?.

Mulet, cuyo libro despertó polémica en cada ciudad donde se presentó (lo más cerca de Uruguay que estuvo fue la Feria del Libro de Buenos Aires), golpea a todos por igual. Dice que la Iglesia Católica "tiene registrados como milagros numerosos casos de fieles que, movidos por su fe, han realizado ayunos sobrehumanos", señala que en la tradición hindú "existen santones que afirman ser capaces de desarrollar técnicas de meditación gracias a las cuales pueden dejar de ingerir alimentos" y agrega que fuera del entorno religioso "también abundan las creencias extravagantes". Para muestra, basta un botón: en 2010 se estrenó el documental Vivir de la luz, basado en una creencia llamada "respiracionismo", según la cual el ser humano puede alimentarse solo con la luz, sin comer ni beber.

Descreído e irónico, Mulet hace un sencillo razonamiento: hoy, en el mundo, millones de personas pasan hambre; acabar con esa necesidad, terminaría con tan terrible problema. "Cómo puede ser que algo que podría salvar la vida de millones de personas solo lo sepan una señora que da conferencias, un tipo que vende pastillas y dos o tres santones. Lo dicho, más falso que un billete de tres euros", concluye.

Dietas.

En el universo de las dietas mágicas y los tips femeninos, asociados al ayuno aparecen beneficios como depurar el organismo, contribuir a la pérdida de peso, eliminar toxinas y aumentar la longevidad... Sin embargo, los estudios científicos al respecto son mucho más cautos que alentadores. En su libro No más dieta, el dietista y nutricionista español Julio Basulto analiza los ayunos y semiayunos como métodos para perder peso y llega a un veredicto tajante: "No funcionan y no te convienen".

Para Nigro, la estrategia "puede ser adecuada" siempre y cuando se realice bajo supervisión médica estricta. "Aunque no es de preferencia excepto que el beneficio sea más grande que los riesgos y molestias por la falta del nutriente vital", aclara. Más allá del adelgazamiento puntual que el ayuno genere, también puede tener efectos desagradables, como sequedad de boca, estreñimiento y jaqueca, dice la nutricionista.

A partir de su experiencia en la clínica, donde se especializa en obesidad, Nigro prefiere recurrir a "otras estrategias" cuando la idea es hacer "una maniobra extra" a un plan balanceado e hipocalórico. "También se logra desintoxicación con una dieta de verduras, frutas y abundantes líquidos", ejemplifica.

Ante el ayuno o un plan alimenticio estricto, lo primero que hace el organismo es tender al ahorro, o sea, se autorregula para minimizar las pérdidas y vivir con lo esencial. Además del descenso de peso y la eliminación de toxinas, la doctora Etcheverry reconoce que, en algunos casos, "a nivel conductual" se traduce en una "distancia con la comida y la masticación". A nivel físico, el protagonista a la hora de eliminar sustancias del cuerpo es el riñón, y lo hace aumentando la diuresis, explica Etcheverry.

Desde la clínica, no es un recurso que Etcheverry ni Nigro recomienden. Una excepción podría darse en situaciones de obesidad mórbida y cuando ya se han agotado otros recursos. "En 35 años de ejercicio profesional y habiendo destinado mi orientación a la atención de obesos, nunca lo he indicado", concluye Nigro.

Una ayuda para aportar nutrientes.

"Hoy en día existen planes para descenso de peso que proponen ayunos con ingesta de líquidos y superalimentos, para que el organismo obtenga sus nutrientes", comenta la doctora Dolores Etcheverry, del Centro Terapéutico Ravenna. Sin embargo, aclara, aún no existe evidencia de que los aportes de estos superalimentos suplan las necesidades nutricionales de un individuo.

Comer menos, sentirse mejor.

Más allá de cuál sea la receta, el método o la dieta, los expertos coinciden en que comenzar un régimen alimenticio, de por sí, suele tener efectos positivos. "Cuando nuestros pacientes comienzan la dieta se sienten más livianos y de mejor humor, aun antes de bajar una cantidad considerable de kilos", dice la doctora Dolores Etcheverry. La nutricionista Sonia Nigro, por su parte, destaca la importancia de estar dispuesto a iniciar un cambio que lleva implícita "la sensación de estar haciendo algo saludable".

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