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Artistas celestes y globales

Varios artistas plásticos uruguayos cuentan cómo desarrollan sus trayectorias artísticas en contextos donde siempre juegan de visitantes.

Pablo Atchugarry
´Pablo Atchugarry. Foto: Ricardo Figueredo

"El mundo del arte parece grande, pero en realidad es muy chiquito", dice uno de los artistas más conocidos de Tacuarembó: Dani Umpi. Tal vez por ese diminuto tamaño que él le atribuye al mundo del arte es que, desde hace años, es uno de los varios uruguayos que desarrollan su obra principalmente fuera del país. No solo él, claro. Uruguay tiene desperdigados a muchos artistas por el mundo. ¿Cómo es desarrollar un estilo, un sello distintivo en otra cultura que, a veces, es muy distinta a la propia?

Habrá que tener talento, y habrá que tener una visión propia que ese talento consiga plasmar de una manera que pueda ser percibida como original y fresca. Pero habrá, sobre todo, que tener perseverancia. "Es un camino solitario, y puede ser frustrante", dice desde Italia el escultor Pablo Atchugarry, uno de los nombres más importantes de la diáspora artística nacional.

Atchugarry, quien ha llegado a vender obras en casi medio millón de dólares, empezó a transitar los caminos del arte a nivel internacional cuando Internet aún era un concepto abstracto manejado por ingenieros y escritores de ciencia ficción. En 1977 hizo su primer viaje a Italia y empezó a tocar el timbre de todas las galerías y museos que encontraba: "En aquella época las comunicaciones no eran las actuales. Yo había participado en exposiciones en Buenos Aires y Porto Alegre, pero fue mi primer viaje y fue durísimo. Era ir puerta por puerta, galería por galería para mostrar mi arte. Era muy difícil, porque todo estaba muy saturado, había muchos intereses. Sobre todo para un artista joven que no era del medio".

Atchugarry es uno de los últimos exponentes en hacerse un nombre internacional a la vieja usanza, golpeando puertas, pateando calles, convenciendo a galeristas o curadores y recurriendo a todos los contactos habidos y por haber para mostrar sus creaciones. Hoy, como dice la crítica de arte Emma Sanguinetti, todo eso cambió. "Antes, era imprescindible irse si el artista tenía ambición de trascender a nivel internacional. La globalización cambió todos los paradigmas y las distancias obviamente se acortaron. La conexión de todos con todos hace que uno pueda, por decirlo de alguna manera, manejar su carrera internacional desde acá".

De todas maneras, Sanguinetti añade que si un artista consigue acceder a algún tipo de circuito en el exterior, sus posibilidades de difusión serán distintas a quienes siguen viviendo dentro de fronteras. "Y más amplias".

La generación de Atchugarry o Ignacio Iturria se movían en otro mundo al que hoy se mueve gente como Dani Umpi, que va de la instalación a la performance, de la literatura a la música, del diseño gráfico al collage. "Crecí dentro de un marco teórico de la posmodernidad", dice Umpi sobre sus comienzos en Movimiento Sexy, una agrupación de artistas en la que también estaban Martín Sastre y Paula Delgado. "Eso, por un lado, tiene mucho de descreimiento, en todo. Pero por el otro lado tiene mucha fuerza en todo lo que respecta a la autogestión, en lo que tiene que ver con hacerte tu propio camino".

Dani Umpi
Dani Umpi. Foto: Difusión

Ese camino lo llevó por países como España, México y, en los últimos tiempos, Argentina, donde está radicado. "Tiendo a no echar raíces, a pensarme en constante cambio y en la frontera de todo. Siempre estoy pensando en que tengo que hacer y luego mostrar".

Inicios

Su excompañero de colectivo artístico, Martín Sastre, también se ha sumergido en muchas disciplinas artísticas diferentes. Entre muchas otras cosas, dirigió la película Miss Tacuarembó (basada en el libro homónimo de Dani Umpi y protagonizada por Natalia Oreiro). Una de sus acciones más recordadas es Volveré y será performers, una instalación realizada nada menos que en la Casa Rosada en 2015, en una bienal en la que también participó la afamada Marina Abramovic.

Martín Sastre
Martín Sastre. Foto: El País

Los primeros pasos de Sastre en el exterior fueron en Estados Unidos: "En el 2000 participé de una muestra en Nueva York y Holland Cotter, uno de los críticos más conocidos del New York Times, destacó mi obra entre todas las que se exponían. También recuerdo la inauguración de la Bienal de La Habana, en 2003. Literalmente se había formado una cola de gente que me quería conocer, entre ellos el director del Palais de Tokyo de París, la curadora de videos del MoMa, del Pompidou. En un momento fui al baño y cuando quedé completamente solo, me miré al espejo. Por primera vez me di cuenta que comenzaba un camino nuevo, que no tenía referentes cercanos a los que les hubiese pasado algo similar, que sin proponérmelo había roto un techo de cristal y entonces me puse a llorar. Se podría decir que fui un artista global desde el comienzo". Sastre ha llevado su creatividad y obras a lugares tan remotos como Japón y Nueva Zelanda, y dice por correo electrónico que le gustaría tener más presencia en el continente africano.

Anaclara Talento, por su lado, desarrolla su obra entre los fiordos de Trondheim, en Noruega, donde está haciendo su maestría. Se formó en la Escuela Nacional de Bellas Artes y se fue porque, dice desde allá: "Quería continuar con mi educación y con mi práctica artística, mi investigación y mi docencia, y porque además quería poder vivir de mi profesión. Nunca me interesó ser otra cosa que no sea ser artista. Casi siempre te venden como un upgrade pasar de ser artista a ser artista y curador, o director de museo, o gestor cultural. Y aunque eso es un tremendo disparate, la realidad indica que lamentablemente es así: la manera de tener una vida normal y cubrir las necesidades básicas de forma segura y con cierto respaldo sin distanciarse mucho del campo de interés, es convertirse a uno de los otros roles".

Artista visual Anaclara Talento
Anaclara Talento. Foto: Difusión

Ella, como gran parte de los artistas contemporáneos, desarrolla su obra en muchas disciplinas distintas: "Soy una artista visual. Trabajo en el campo de las ideas. Una vez definidas, decido la mejor estrategia y los mejores soportes para llevarlas adelante. Hasta el momento ha sido pintura, video, cine, fotografía, performance, Internet y programación web, instalaciones, ambientaciones, escritura y una vez en el disco de un amigo, puse la voz".

Confrontar

En Noruega, cuenta, no hay mucho conocimiento sobre el arte uruguayo y cada vez que puede, difunde lo que se hizo y se hace acá. "En Europa son muy etnocentristas y está bueno hablar de arte uruguayo o latinoamericano, de nuestras experiencias, historias y formas. Mis amigos y colegas ahora saben más de nosotros, y espero que con el tiempo eso se expanda. Por otra parte, parece ser algo de común acuerdo que si te vas y lográs hacer carrera afuera, en Uruguay se te valora y respeta más. Ya sea porque ganaste experiencia, o porque rompiste prejuicios y barreras y abriste puertas en otras partes del planeta, o porque te destacaste en ámbitos competitivos".

Atchugarry hace una apreciación similar: "Creo que es muy positivo medirse con artistas del mundo. En Italia hay una tradición artística tan importante, que todo es mucho más exigente. Ese pasado, esa tradición, automáticamente te exige más y hace que aprendas más".

Cuando algún colega más joven le pide consejos, Atchugarry lo anima a hacerse un camino fuera de Uruguay: "Siempre los estimulo a probar nuevos horizontes y viajar, a probar sus obras fuera de fronteras. Eso de alguna manera los va a fortalecer. El camino siempre es muy duro, para mí lo fue. Siempre es jugar de visitante y no resulta fácil. Uno no tiene su público y anda bastante a la deriva. Pero creo que es un camino que hay que hacerlo. Los resultados tarde o temprano se van a ver".

Para la pintora y escultora Anna Rank, ese camino comenzó en Uruguay, pero ya de niña su familia se mudó a Nueva York. Cuando fue mayor de edad, pretendió formarse en la Escuela Nacional de Bellas Artes, pero como en ese momento estaba cerrada, se fue a la Escuela Pedro Figari de la UTU, donde estudió tres años.

Artista plástica Anna Rank
Anna Rank y su obra Signos Humanos X.. Foto: Difusión

Luego regresó a Estados Unidos, y fue alumna de Julio Alpuy durante años, además de estudiar en instituciones estadounidenses y también dar clases.

Actualmente, Rank hace más de 15 años que vive en Buenos Aires, pero no ha perdido el contacto con Uruguay. "Siempre estuve yendo y viniendo, incluso cuando no vivía en Buenos Aires, y también haciendo exposiciones y formando parte de grupos con otros artistas uruguayos. Actualmente, por ejemplo, estamos armando una exposición con colegas uruguayos, Marcelo Larrosa y Judith Britez", dice por teléfono desde la capital argentina.

Sus años en Estados Unidos y Argentina, cree, le dieron una mirada más abarcadora como artista. "Porque vos hablás con otras personas, justificás tu trabajo. Lo defendés en relación a otras culturas y a otras maneras de expresarse. Esas relaciones me resultan importantes para mi obra y mi arte."

¿El contexto en el cual se lleva adelante la creación condiciona a la obra? Para Anaclara Talento, sí. "La esencia del arte contemporáneo es la problematización de la realidad y la conflictividad. Y la realidad es que acá en Noruega la gente no tiene grandes problemáticas materiales. A ese nivel, ellos tienen todo resuelto, no se preocupan por las mismas cosas que nosotros. Por tanto, su producción artística se centra más en problemáticas existenciales. Mis colegas y su producción se ocupan más de eso o de temas de bienestar social como el medioambiente. Arte y océanos, arte y salud, arte y urbanismo... Siempre siguiendo la línea socialdemócrata que distingue a la sociedad noruega. Cada tanto también surgen temas que tienen que ver con la afectividad, algo nada resuelto por estas latitudes. Pero es muy incipiente".

Pero el contexto también puede ayudar para reforzar lo que se percibe como originario, al menos para algunos de los consultados en esta nota. Llevar adelante un proceso creativo y sostenido en el tiempo en una tierra lejana y distinta a la del nacimiento, puede desembocar en una reflexión sobre el lugar del cual uno proviene, y si ese rasgo debe figurar en la obra de manera deliberada.

Al respecto, Anaclara exponer que lo que siente en la actualidad "viviendo y trabajando en Noruega es una reafirmación muy fuerte de la identidad, lo cual acentúa las diferencias y hace conscientes todos los puntos no comunes y de conflicto que tengo en este lugar. Me gusta mucho este país y le estoy por siempre agradecida, me siento como en casa y soy feliz, pero ellos no son como yo. Y yo no soy como ellos".

Otros, como Atchugarry, creen que "todos tenemos un ADN, una huella digital indistinguible. Por lo tanto somos todos diferentes. Pero lo cierto es que al estar fuera de Uruguay y viendo lo que hacen los demás, eso hace que uno busque hacia adentro. Uno realiza la búsqueda de un mensaje primordial, digamos".

Hasta dónde llegar con lo típico o lo autóctono en un ambiente artístico que en apariencia tiende hacia el cosmopolitismo y lo híbrido es una decisión de cada artista. "Eso dependerá del artista. El artista decidirá hasta dónde llega en ese sentido", comenta Emma Sanguinetti, "porque de repente un curador dice que le interesa tal o cual veta, o una galería te dice que te va a manejar si tal o cual corriente es explorada más en profundidad. También es cierto que el arte ha dejado de tener un carácter local. Ha variado mucho el contenido por la sencilla razón de que todos estamos conectados. Entonces, por ejemplo, la pintura ya no tiene tanta presencia como las instalaciones o el videoarte, que tiene una mayor inserción global, que sea un arte de bienal, por ponerle una etiqueta. Que un artista en Ucrania esté haciendo casi lo mismo que uno en Uruguay era impensable hace 30 años".

Dani Umpi, volviendo a su carácter de nómade y artista fronterizo, sostiene que no le gusta pensarse "en términos patrióticos. Trato de desarrollar mi carrera en un lugar donde puede hacerlo. Ahora es Buenos Aires", mientras que Sastre dice que el arte no tiene nacionalidad. Aún así, agrega: "Siempre estoy representando a mi país y me tomo eso con mucha responsabilidad".

Así, moviéndose entre extranjeros y rodeados de estímulos y lenguas diferentes, los artistas uruguayos que deambulan con sus creaciones por el mundo van dejando huellas y trazos que multiplican el alcance de una manera de crear que sabe de migraciones y diásporas.

La celeste del arte en el extranjero

Emma Sanguinetti elige al escultor Pablo Atchugarry y al artista conceptual Marco Maggi como dos de los más importantes "embajadores" del arte uruguayo fuera del país. "Que Atchugarry haya podido destacarse tanto justamente en Italia, con la tradición escultora que tiene ese país, es de una importancia mayúscula", comenta la crítica de arte. A esa grupo también podría agregarse el nombre de Luis Camnitzer quien reside en Estados Unidos desde 1964. Se formó en la Escuela Nacional de Bellas Artes y está considerado como una de las principales figuras del arte conceptual latinoamericano, además de también destacarse como un importante teórico y docente. La última vez que estuvo en Uruguay fue hace dos años, invitado por el Centro de Fotografía de la Intendencia de Montevideo.

Los caminos hacia una presencia artística internacional

¿Cómo llegar, desde Uruguay, a tener una carrera internacional en el arte? Un camino puede ser el tomado por Anaclara Talento, que se graduó de la Escuela de Bellas Artes y luego empezó a ver hacia dónde podía enfilar: "Ni bien tuve el título en la mano apliqué a varias universidades de Estados Unidos, Canadá y Noruega para entrar a algún programa de maestría. Quedé seleccionada en varias, pero la única que me cuadraba era la propuesta que recibí de la universidad NTNU - KiT. Acá en Noruega tengo propósito y me puedo proyectar al futuro. Muchas más cosas me parecen posibles y me hacen sentir que lo que hago sirve para algo y es valorado. Eso para la moral y autoestima es muy importante", escribe desde Trondheim.

Si no se cuenta con una formación académica, entonces hay que tener el aval de figuras o instituciones con influencia en el mercado del arte internacional. Esa ha sido la manera en la que por ejemplo Dani Umpi pudo proyectar sus creaciones hacia otros países.

Él mismo dice que es "medio desastre" para llenar los formularios necesarios y poder acceder a alguna institución educativa, museo o galería con su arte. En su caso, las curadorías curiosas han sido un trampolín importante desde el cual lanzarse al mercado internacional. "Ha habido mucho rescate de mi obra, que fue incluida en muestras y ciclos gracias a trabajos de curadoras y curadores que consideran interesante mi obra. Por lo general, la curaduría hoy en día es más inquieta que antes", cuenta Umpi desde Buenos Aires.

Pero, como suele sostener, trata de no quedar atado. "He hecho muchas cosas en distintos países, tanto en lugares importantes como el Centro Cultural Néstor Kirchner en Buenos Aires, como en una discoteca. Trato de estar descentrado y seguir haciendo mi camino, como siempre. Vivo de una manera austera porque ser artista, vivir en función del arte, es mi prioridad. Y eso me da la posibilidad de ser muy libre y seguir haciendo mis cosas".

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