Salud

Qué es la ansiedad y cómo se siente en el cuerpo

Los especialistas dicen que hay una epidemia de este trastorno. Pero, ¿qué es realmente? ¿Qué genera? ¿Por qué todos creemos que somos ansiosos?

Mujer estresada
Un problema que creció en la actualidad. Foto: Shutterstock

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La conexión constante, las redes sociales y los likes, las exigencias de la vida actual, la presión por ser exitosos, productivos y tener dinero. Estar expuestos a compartir nuestra vida con nuestros seguidores de Instagram y estar siempre pendientes de la vida de los demás, aunque esos otros sean completos extraños a los que alguna vez decidimos ponerle un corazón porque nos gustó su foto. El bombardeo constante de información, la inmediatez, lo inmediato. Los problemas personales y los del entorno, los problemas ambientales, ver que todo se destruye y que tenemos la responsabilidad de hacer algo por este mundo. La necesidad de que todo ocurra ahora y ya, la poca paciencia, el miedo a fracasar, la soledad que sentimos en medio de una vida hiperconectada. Un tiempo que nos dice que tenemos que estar bien y ser felices y que además de eso tenemos que hacer muchas cosas para poder ser felices.

La vida actual hace que estemos más vulnerables que nunca a determinados factores, que estemos en alerta constante. En esta lógica, son muchas las personas que dicen tener ansiedad.

Pero, ¿qué es la ansiedad? ¿Cuánta ansiedad es “normal” y cuándo es recomendable consultar? ¿Qué genera la ansiedad? ¿Es lo mismo un ataque de pánico que un ataque de ansiedad? ¿Cuáles son los síntomas? Y, en definitiva, ¿por qué todos creemos siempre que estamos ansiosos?

La ansiedad, explica Pedro Bustelo, psiquiatra y presidente de la Fundación Cazabajones, es “un nerviosísimo basal, necesario y real”. Y dice que es como el azúcar.

“El nivel de ansiedad debería ser como la glicemia: no es que sea mala, sino que tiene que estar en un rango determinado. La ansiedad es parecida al azúcar, es decir, si yo te quito la ansiedad totalmente con ansiolíticos, quedas como sin expresión, sin motivación, como una momia. La ansiedad no es mala, lo que es malo es el exceso de ansiedad”, agrega.

Cuando la ansiedad se siente en el cuerpo

“La ansiedad ocurre más que nada a nivel de la mente”, explica Pedro Bustelo, psiquiatra al frente de la Fundación Cazabajones.

Cuando la ansiedad se transforma en algo físico, dice, se llama angustia.

“Es cuando la ansiedad se empieza a sentir en el cuerpo, por ejemplo, cuando sentís un nudo en el estómago por alguna situación. Es decir que la somatización de la ansiedad se llama angustia. O viceversa, cuando alguien está angustiado implica que su ansiedad se ha localizado en su cuerpo y le genera síntomas corporales”.

Por eso el llanto alivia cuando hay mucha angustia acumulada, “porque segregando lágrimas descargas un montón de energía nerviosa acumulada”.

Ese también es el motivo por el cual, si estamos muy ansiosos, es probable que nos contracturemos.

También dice que es por eso que todos tenemos ansiedad. “Es normal tener un nivel básico de ansiedad que te permite funcionar”.

El problema surge, entonces, cuando el nivel de ansiedad es demasiado elevado y genera, entre otras cosas, que no funcionemos como siempre.

“Es una experiencia personal y tiene su origen en factores biológicos (genéticos) y aprendidos de nuestros cuidadores primarios”, explica la psicóloga María Elvira García. Bustelo agrega que “es normal que una persona tenga más ansiedad que otra y no por eso va a ser patológico. Pero hay niveles de ansiedad que son excesivos y empiezan a alterar el curso de vida de la persona y ahí sí se convierten en patológicos”.

Por eso, hay ciertas señales a tener en cuenta para saber cuándo estamos teniendo un problema. “Pensamiento anticipatorio y catastrófico, ideas catastróficas, irritabilidad, impulsividad, comer poco o comer mucho, dificultades para concentrarse, no cumplir con responsabilidades, sensación de que todo cuesta mucho, falta de confianza en sí mismo, inseguridad al tomar decisiones, estar muy preocupado por distintas cosas, sentir miedo y no identificar sus causas”. Así lo resume García.

Lo que ocurre actualmente es que, al estar tan extendido el término mismo, “hay muchas personas que cumplen criterio para un diagnóstico psiquiátrico y no lo saben”, sostiene la psicóloga. “Entonces, naturalizan la experiencia de la ansiedad y conviven con ella”.

Al respecto, Bustelo, que además de ser psiquiatra es epidemiólogo, afirma que hoy hay una epidemia (es decir, “hay un aumento en el número de casos nuevos”) de ansiedad y de depresión.

Las características

“La ansiedad para mí es un miedo incesante al futuro. Miedo a que me pase algo, o a mis seres queridos. Incluso cuando las probabilidades de que eso suceda no existen. Por ejemplo, mi madre se va de viaje y tengo miedo de que se caiga el avión”, dice Agustina, 24 años.

Es en este sentido, explica Bustelo, que “a veces se dice que la ansiedad es un miedo sin que haya nada que temer. La persona que tiene ataques de pánico, por ejemplo, siente un miedo muy intenso”.

Distinguirla de otro trastorno

Para Pedro Bustelo, al frente de la Fundación Cazabajones es importante que las personas busquen ayuda para ser diagnosticadas. En su fundación atienden casos de depresión y trastornos de ansiedad complejos. Además, aclara, es importante un diagnóstico preciso. “Siempre hay que descartar que la persona no tenga algún trastorno bipolar menor, que a veces son difíciles de diagnosticar y además generan mucha ansiedad”. Por ese motivo, muchas veces quedan diagnosticados como si tuviesen trastorno por ansiedad”.

El ataque de pánico es, justamente, el tipo de trastorno de ansiedad más grave. “Sucede porque hay una gran ansiedad que estaba acumulada en el cuerpo y se expresa toda junta, de golpe”, dice el psiquiatra. “Ocurre una gran somatización. En un ataque de pánico, la persona tiene disnea (falta de aire, aunque en realidad el aire llega perfectamente), taquicardia y palpitaciones y además siempre va asociado a dos miedos muy grandes: uno es miedo a morirse y el otro, como no se pueden controlar y habitualmente tiene la sensación de que están perdiendo la razón, cree que se está volviendo loco. Tiene miedo a enloquecer”. Además implica características físicas como el temblor de manos y la sudoración.

Es que existen distintos tipos de ansiedad, explica García. “Existe la ansiedad por separación, en niños con dificultades para separarse de sus cuidadores primarios. O por mutismo selectivo, cuando los niños solo hablan con padres, hermanos y unas pocas personas más. Por fobias específicas como ascensores, tormentas, insectos, arañas, dentista, agujas, aviones, etc.). Por fobia social, cuando se evitan actividades donde hay mucha gente. Está ansiedad generalizada provocada por el uso de sustancias, o generada por otras condiciones médicas o efectos secundarios de medicamentos. También está la ansiedad relacionada con algún trauma y la generada por síntomas obsesivos y compulsivos”.

A Agustina, por ejemplo, le diagnosticaron trastorno de ansiedad generalizada (TAG) cuando, a los 14 años, se empezó a desmayar y a convulsionar. “Luego de descartar todo lo clínico, vi a un especialista que me diagnosticó TAG”.

Un mundo “ansiogenizante”

Muchos factores del mundo actualmente son ansiogenizantes, es decir, que aumentan los niveles de ansiedad.

Bustelo menciona algunos: “Cuestiones como la inseguridad, el desempleo, la incertidumbre económica, las drogas, los estimulantes. También la cantidad de información que manejamos hoy en día, y las redes sociales influyen. La inmediatez de todo hace que la persona ande siempre acelerada, como en estado de alerta, de tensión, de que algo grave está por pasar en alguna parte del mundo”.

En ese momento Agustina tuvo ataques de ansiedad. Y lo describe así: “Convulsionaba, me mordía la lengua y perdía el conocimiento por unos minutos, a veces más, como media hora. El ataque de ansiedad más común es no poder respirar, sentir que no podés moverte y que estás disociado: sentís que tu cuerpo y tu mente están separados. Eso me pasaba también. Es como estar físicamente en un lugar pero sentir que no estás. Es muy incómodo”.

En esos momentos, cuenta Agustina, trata de utilizar “recursos” que la hagan reaccionar: “Por ejemplo poner la cabeza en otra cosa para distraerme. Si estoy en mi casa, ponerme a pintar, acostarme a escuchar alguna meditación. Si estoy en la calle o en un lugar ajeno, lavarme la cara con agua helada o hacer algo que me ‘baje a tierra’ como desabrigarme y sentir el frío en la cara. Me hace sentir que ‘estoy acá’ y todo está bien”. Porque lo cierto es que alrededor todo está bien.

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