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Annie Leibovitz, una fotógrafa que fue de lo salvaje al glamour

La estadounidense Annie Leibovitz ha sido una de las fotógrafas más famosas y reverenciadas del mundo. Este año cumplirá 70 y mirando hacia atrás repasa sus épocas de rock&roll y excesos a través de, justamente, el lente de la cámara.

Annie Leibovitz
Foto: Reuters

Tienes que esperar hasta que te mueres. Entonces sí, estará bien”. Con 69 años (cumple 70 en octubre) no es que Annie Leibovitz piense en una muerte inminente. Pero la muerte ronda como una sombra de la realidad de su situación: la de una artista veterana que ha elegido la fotografía como medio de expresión y, por eso mismo, es observada con cierto desdén desde las altas instancias del arte. “Mira por lo que tuvo que pasar Richard Avedon, siempre le hicieron sentirse avergonzado por publicar en revistas de moda”, dijo en referencia a su héroe personal desde sus días de estudiante. Una exposición retrospectiva en Los Ángeles fue tramada para cambiar esa percepción.

Leonardo DiCaprio
Leonardo DiCaprio, por Leibovitz

Annie Leibovitz. The Early Years, 1970-1983: Archive Project No. 1 es la reivindicación del trabajo de una artista cuya obra explica el último medio siglo. “Merece ser contextualizada como una de las grandes creadoras del siglo, junto a pintores y escultores”, arguye Marc Payot, socio y vicepresidente de la galería, abanderado en representar a la fotografía como un producto cultural. “Siempre he pensado en mi trabajo como arte. Yo sé lo que soy”, zanjaba por su parte Leibovitz en The New York Times.

Reina Isabel
La reina de Inglaterra, por Leibovitz

La propia Leibovitz se ha ocupado de seleccionar cada una de sus algo más de 4.000 imágenes, realizando la edición gráfica de las más significativas de sus primeros tres lustros de carrera. “No tenía ni idea de lo que podría suponer abrir semejante caja de Pandora”, concede. “Me habría encantado ser Cartier-Bresson en tan decisivo momento. La idea era transmitir una sensación abrumadora, contemplar las fotografías no de manera individual, sino como un todo, como una pequeña película sin fin”.

Anna-Lou Leibovitz nació en Waterbury, Connecticut, en 1949 y compró su primera cámara en el verano de 1968, a poco de empezar a estudiar en el Instituto de Arte de San Francisco. Quería ser profesora de pintura pero se cruzó con Avedon, Robert Frank y Henri Cartier-Bresson en una de las clases. Con fotos que tomó en un kibutz israelí el año siguiente, se presentó en la redacción de Rolling Stone, entonces faro contracultural no solo musical, sino también social y político. “La verdad es que no sabía lo que hacía. Solo me dejé llevar”, recuerda Leibovitz. “De joven, tenía miedo de obsesionarme y volverme loca. Ahora lo veo como una señal, y esta exposición es mi manera de decirles a los jóvenes fotógrafos que, tarde o temprano, uno encuentra su camino”.

J Lo - Marc Anthony
Jennifer Lopez y Marc Anthony por Annie Leibovitz

El suyo no ha estado sembrado de rosas, en parte por esa obsesión que le sirvió tanto para sumergirse hasta lo más profundo de historias y personajes que retrataba, como para dejarse arrastrar por la situación.

De su periplo como fotorreportera de la gira estadounidense de The Rolling Stones, en 1975, no solo quedan las que, probablemente, sean las imágenes más honestas y vulnerables de la banda británica, sino también una espiral de sexo, drogas (duras) y rock & roll difícil de superar. “Trabajando en Rolling Stone, la droga era cultura; la cocaína, nuestro combustible”, reconocía Leibovitz en el documental Life Through A Lens, dirigido por su hermana Barbara a instancias de la cadena PBS en 2018. “Era una adicta total cuyo cuerpo fue depositado sin ceremonias a las puertas del hospital por su camello en múltiples ocasiones”, refiere Jann Wenner, fundador de la revista que le dio su primer empleo, en su escandalosa biografía, Sticky Fingers (2017).

Mick Jagger
Mick Jagger por Annie Leibovitz

“Desearía haber sido más lista”, confesó una vez. Es, quizá, su forma de explicar/exculpar sus vicisitudes, como cuando estuvo al borde de la ruina y el desahucio, en 2009, incapaz de hacer frente al préstamo millonario que había pedido para reformar su residencia de Manhattan. Su financiera la amenazó incluso con quedarse con los derechos de su obra. “Voy a tener que enviar a mis hijas a una escuela de negocios, para que no repitan mis errores”, bromeó luego. Instalada desde hace décadas como retratista de la más glamurosa celebridad, Leibovitz tiene ahora la oportunidad de reencontrarse con su esencia en esta muestra. “Soy artista y siento como tal”, sentencia. “Lo único que me ha preocupado siempre es la creación”.

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