Darío Ubriaco

"El análisis de los árbitros no pasa por el periodismo"

La principal figura hoy del referato uruguayo encara su profesión con filosofía: “Hay que desdramatizar”, dice. Pero se lamenta de que a los jueces solo le cuenten sus errores.

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Darío Ubriaco

LUIS PRATS

Allí viene Darío Ubriaco. Con su metro noventa y pico y sus piernas de vaquero, solo le falta el sombrero y una estrella metálica en el chaleco para parecer un sheriff, de esos que imponen silencio con su presencia cuando entran al saloon. Darío es árbitro de fútbol y en la cancha tiene presencia como para marcar ese respeto. De hecho es la actual figura del referato uruguayo, viene de dirigir la final de la Copa Libertadores y hasta apareció con otras celebridades deportivas en un aviso del Banco República.

"¿Figura…? Hummm, las figuras son los jugadores", afirma, en una frase que empieza a definirlo. Ser árbitro puede representar una tarea ingrata, pero él lo asume como una vocación y la ejerce con filosofía.

"No me pongo nervioso antes de los partidos —enfatiza—. Solo un poco de ansiedad, porque uno quiere tener una buena actuación. Disfruto mucho todo lo vinculado con el arbitraje, jugar los partidos, porque de alguna manera los jugamos".

Nacido en La Teja hace 43 años, Ubriaco estuvo ligado al fútbol desde muy niño. Jugó al baby en Nueva Juventud de aquel barrio y después en Stockolmo del Prado. Un día, con un grupo de amigos se fue a probar a Central Español. Lo ficharon e ingresó en las inferiores.

Se recuerda como un zaguero "fuerte pero leal", aunque admite que él, como árbitro, se hubiera expulsado muy seguido. "Me echaron muchas veces, sobre todo por molestar a los árbitros. Sin darme cuenta, mientras jugaba arbitraba y eso para los árbitros es un poco molesto. Le cobraba las faltas, anticipaba las decisiones antes que ellos sancionaran. Se ve que era una vocación escondida. Bueno, de chico jugaba un rato con mis amigos y otro rato arbitraba. No sé de dónde viene eso…", cuenta.

En 1992 fue preseleccionado para una sub 20. En el grupo estaban Paolo Montero, Darío Silva, Vespa, Osvaldo Canobbio, Tejera, Tais, Lima, entre otros que tuvieron un largo camino en el fútbol. Si bien no quedó en el grupo definitivo,llegó a primera división. "Mantengo muchos amigos de aquella época juvenil —asegura—. Siempre destaco a Luis Romero, el entrenador, que más que un técnico era un formador, porque nos dejó muchos valores desde el punto de vista humano".

La experiencia como futbolista le resulta útil a la hora de arbitrar. "Sirve, porque uno sabe las cosas que hacen los jugadores. Cuando un jugador está un poco nervioso trato de anticiparme y calmarlo", indica.

Por el mundo.

Todavía juvenil, Ubriaco se fue a Italia llevado por un contratista cuyo nombre prefiere no recordar. Por su ascendencia italiana tenía pasaporte comunitario y la idea era jugar como amateur dos años en el club de la ciudad de Adria para después convertirse en profesional. No pudo ser. "Fue una experiencia un poco traumática, no la pasé muy bien. Extrañé bastante, era grande de físico pero chico todavía. Tenía 19 años. En un momento tuve dificultades y por el conocimiento que tenía de Paolo Montero, me quedé a vivir un tiempo con él y su familia. Y le estoy muy agradecido", dice.

Su historia como futbolista puede ser la de muchos que transitaron canchas del mundo sin alcanzar a ser iluminados por los reflectores de la gran fama. Unos empresarios argentinos lo llevaron al Coventry City de Inglaterra. Tampoco pudo quedarse y pasó brevemente por Dundee United de Escocia, donde coincidió con el Pato Ferreri. Hizo un último intento en el fútbol de Sudáfrica, que tampoco resultó.

"Me vine de Sudáfrica en 1995 —relata—. La idea era seguir jugando o hacer el curso de árbitro, porque estaba en el límite de edad, que eran 25 años. Como se me había pasado el cuarto de hora como jugador, me decidí por el curso. Siempre me había gustado. Y es casi imposible hacer las dos cosas al mismo tiempo, porque no se puede arbitrar un sábado y jugar el domingo".

¿Qué le dijeron familiares y amigos ante esa decisión? "Que estaba loco", sonríe. "No es muy usual. Ser árbitro de fútbol es algo que disfruto mucho pero sé que hay dificultades, aunque eso pasa en todas las profesiones, y la que sufre es la familia. Yo trato de desdramatizar: si me va bien o me va mal tengo la misma postura", sostiene.

Ubriaco tiene una empresa de importación y exportación junto a un amigo. "Si no fuera por eso, no podría haber hecho carrera. Si hay un torneo internacional puedo estar 30 días en el exterior. Me ha pasado en un mismo año tener dos torneos y algún seminario, y ninguna empresa te da 60, 70 días de licencia", comenta.

Repercusiones.

No se hace problemas con mirar los resúmenes de los partidos los domingos de noche para ver su actuación. "Si hay alguna jugada que me genera dudas, siempre es bueno confirmar lo que pasó porque nosotros no tenemos repetición en la cancha. Pero no me creo un fenómeno cuando dicen que arbitré bien ni espantoso cuando dicen que lo hice mal. El análisis de los árbitros no pasa por el periodismo, sino por nosotros mismos, que debemos tener autocrítica, y por el Colegio de Árbitros, que es el que nos juzga. Todo lo demás es subjetivo", enfatiza.

Admite que con varias cámaras y repeticiones desde todos los ángulos, los árbitros están más expuestos que antes: "Es parte del juego y hay que aprender a vivir con eso. Estaba escuchando hace un rato a un periodista y aunque no se refería al arbitraje, admitía que desde la cabina era muy fácil, todo era gol o se resolvía bien. Lo mismo pasa con el arbitraje. Pero cuando nos metimos en esto sabíamos que estaba ese riesgo. Hay que vivir con eso".

Muchas veces la gente lo reconoce por la calle y le hace comentarios sobre sus fallos, "pero todos con respeto", aclara. "Nunca tuve un problema. Cada tanto se me acerca alguien, podemos tener un intercambio, pero nunca un problema. Siempre digo que la gente se calienta el domingo y se enfría el martes. El martes ya le bajó la calentura, es el momento".

Tampoco debió sufrir directamente situaciones bravas en una cancha. Apenas una vez resultó tensa la previa de un partido entre clubes en Paraguay (Olimpia contra Tigre de Argentina) porque un integrante de su terna había tenido una actuación polémica con Olimpia seis meses antes. Pero el encuentro resultó normal.

Mucho antes, cuando hacía el curso, como práctica tuvo que dirigir torneos en ligas barriales de zonas "bravas" de Montevideo, donde no había medidas de seguridad. "Me tocó vivir algunas situaciones, no conmigo sino con compañeros, pero nada mayor. Quienes juegan al fútbol en Uruguay, se juegue lo que se juegue, desde un partido de barrio a la final del Campeonato Uruguayo, lo hacen con mucha pasión. A veces eso nos juega en contra porque no entendemos que en el deporte se puede perder. Y por ganar entonces hacemos muchas cosas, buenas o malas. Hay que sacarle drama al fútbol,porque tiene tres resultados posibles. Entiendo que todos queremos ganar, pero no siempre se da", reflexiona. "¿Qué hora es? Tengo que ir a buscar a mi hija al liceo", dice de pronto. Y la charla sigue en su automóvil.

Por lesiones y problemas físicos no pudo estar ni en el Mundial ni en la última Copa América. "Como árbitro se puede decir que me quedaron esas cuentas pendientes, pero lo tomo como las cosas de la vida, las buenas y las malas. Cuando vienen las malas, hay que recuperarse", insiste, filosófico.

¿El mejor arbitraje es el que pasa inadvertido, como se dice a menudo? "Eso es injusto, porque uno pasa desapercibido cuando no se equivoca. ¿Y cuando acierta? ¿Los aciertos no se cuentan? Si no hay off side graves o penales, no es noticia. Así funciona el sistema, se habla más de los errores que de los aciertos, pero no solo en el fútbol. Es lo que llama la atención, lo que más vende", se queja.

Le molestan los jugadores que piden tarjetas para sus rivales. "Me parece una deslealtad, para eso están los árbitros", dice ("Eso está mal", acota su hija desde el asiento de atrás). Son mañas que se han ido adquiriendo. Cuando yo era jugador eso no pasaba, igual que sujetar al rival en los corners o la simulación. Van contra el espíritu del juego". (Y su hija asiente).

Jugadores y amigos.

"Me han dicho que no queda muy bien saludar a los jugadores antes de los partidos. Me ha tocado arbitrarle a amigos, por ejemplo Montero, Tejera, Lima, Tais. Si tengo que saludarlos como se hace con los amigos, lo hago, porque antes del partido somos amigos, durante el partido no somos nada y luego del partido somos amigos. No creo en eso de mantener una distancia que no es real", asegura Darío Ubriaco.

Prefiere no contar algunas anécdotas, porque sí cree en aquello de que las cosas que suceden en la cancha, quedan en la cancha.

Sin embargo, relata una que le sucedió a él: "En un partido de juveniles me olvidé de las tarjetas. El primer tiempo fue muy tranquilo y no tuve necesidad de amonestar. Faltando 30 segundos hubo una infracción fuerte. Pité, levanté el brazo como si tuviera la amarilla en la mano pero no tenía nada. No se dio cuenta nadie, ni siquiera mis colaboradores".

¿La tecnología ayuda o complica a los árbitros? "Soy partidario de algunas cosas, pero no por ejemplo de parar el partido a cada rato para ver la repetición. Hay que recordar que los errores se van a seguir cometiendo. Son inevitables. Lo que sí se puede es minimizarlos", sostiene.

SUS COSAS.

Una ciudad.

De sus periplos cuando era futbolista o luego como árbitro, el recuerdo es para Johannesburgo, que conoció durante su corta experiencia sudafricana. "Me impresionó su moderna arquitectura. Y eran además los primeros años de Mandela presidente", dice.

Un futbolista.

Cuando Darío Ubriaco era un zaguero "fuerte pero leal", el colega que más le gustaba era el italiano Franco Baresi, por largo tiempo estrella del Milan y de la selección azzurra. "Pero cuando yo jugaba había muchos grandes defensas uruguayos: Hugo de León, el Tano Gutiérrez, Darío Pereira, Paolo Montero...", recuerda.

Un partido.

Cuando se le pregunta por algún partido de los que haya arbitrado, Ubriaco responde rápido: la final de la última Libertadores, que River Plate argentino le ganó en el Monumental a Tigres de México, el 5 de agosto pasado. "Lo elijo por la importancia y por el gran espectáculo", explica.

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