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Cómo aman los centennials

Los adolescentes de hoy hablan de relaciones más libres, cuestionan los celos y las restricciones. Creen en el amor, pero en uno muy distinto al del mito romántico.

Amor adolescente. Foto: Shutterstock
Amor adolescente. Foto: Shutterstock

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Todos, en algún momento de nuestras vidas, nos sentimos capaces, preparados, contundentes para decir algo sobre el amor. Que existe, que no. Que duele, que no debería doler. Que se siente como correr descalzo por un jardín de amapolas, que se siente como caminar desnudo entre rosales. El amor es, a veces, la cosa más sencilla del mundo. Y, en otras tantas ocasiones, se siente inabarcable, como la disciplina más ardua de comprender. Pero es importante hablarlo, pensarlo, debatirlo; sobre todo cuando la concepción del amor que subyacía (y todavía lo hace, aunque se disimule más) puede llevar a situaciones violentas.

Porque todos nos sentimos capaces para decir algo sobre el amor, para esta nota invitamos a cinco adolescentes a contarlo desde sus puntos de vista: cómo lo viven, lo sienten, lo piensan. Ellos toman la posta y explican qué ha cambiado entre los adolescentes de antes y los de ahora. Entre los que crecieron sumergidos en la concepción del amor romántico antes imperante y la camada intermedia de la Generación Z; los centennials que, dicen unos cuantos estudios, son más libres, deconstruidos, empáticos.

¿Qué pasa con el amor para aquellos que viven sus primeras experiencias, los “salientes”, noviazgos? ¿Cómo son los vínculos sexoafectivos que construyen hoy los adolescentes? ¿Cuánto han tirado abajo el mito del amor romántico?

Vínculos sanos

A sus 15 años Eugenia empezó su primera relación con una chica de su equipo de fútbol. “Fue lindo mientras duró”, dice. Estuvieron juntas dos años. Ahora, a sus 17 y a poco de haber terminado, analiza lo que para ella es clave en una historia de amor y responde: “Una relación sana tiene que ser que las dos personas quieran lo mismo. Que haya amor de los dos lados, que no se sea demasiado celoso ni demasiado controlador. La confianza”. Sebastián, de 14, cree que cuando se está enamorado hay que sentirse único y especial, pero también tiene que haber libertad. “Que pueda jugar al fútbol, ver a mis amigos”.

Agustina tiene 16 años, vive en Melo, está de novia desde hace 11 meses y compara su percepción del amor con la de sus abuelos. No cree en las películas románticas de Hollywood ni en los chocolates ni en flores o medias naranjas. Prefiere el compañerismo, el apoyo, la libertad de elegir, compartir sueños.

Amor adolescente
Valores. Para los adolescentes, la confianza es fundamental en una relación.

“Tuve el claro ejemplo de mis abuelos, una relación de toda la vida, que siempre me pareció hermoso, pero a la vez, desde mi punto de vista un tanto feminista y joven, me parecía imposible imaginarme casándome de tan pequeña como mis abuelas”. Para Agustina ahí está la diferencia. “Con mi novio soñamos con viajar por el mundo de la mano y apoyarnos en nuestras carreras antes que nada, que es algo que realmente me gusta de mi relación, para mí ahí está la diferencia”.

Las líneas que seguirá esta página se refieren sí a ese amor que para los que estudian la mente y el comportamiento se trata más de compromiso y confianza; que se suele confundir con enamoramiento. El amor que idealiza y proyecta, el que se corresponde o no. El que se construye y se desgasta. El que tanto han desvirtuado las telenovelas, los cuentos de hada, las comedias románticas, los libros de mesa de oferta. El que hoy en día se trata construir desde una perspectiva menos dañina.

No es posible hablar de los y las adolescentes como una verdad absoluta y replicable en cualquier geografía, economía, cultura, sociedad. La personalidad del adolescente es, según la psicóloga Virginia Mattos, un combo entre “temperamento y carácter más educación, familia, entorno que lo van formando”.

Lo que sí es posible generalizar es la relevancia de los vínculos en cualquier etapa de la vida. Y en la adolescencia, el papel de los adultos es estar presentes.

Psicología

La cuestión del apego ambivalente

Lo que sucede en las primeras etapas de la vida condiciona, a nivel psicológico, lo que podrá suceder luego en la adultez. En los vínculos, explica la psicóloga Virginia Mattos, es fundamental el tema del apego, que si es seguro o si es ambivalente. “Está estudiado que el tipo de apego que tuviste con tus figuras primarias (la mamá, el papá, abuelos, pero sobre todo la madre) va a influir en el momento que elijas tus parejas. Si tuviste un apego ambivalente, genera el tipo de vínculos del ‘te quiero pero andate’, ‘porque te quiero te pego’, ‘si no te quisiera no te celaría’ si el niño o la niña creció y nunca trabajó ese tema. También los primeros noviazgos pueden determinar los siguientes. Hoy en día, en la medida que padres y madres no están tan disponibles como antes, en el sentido que desde el tercer mes hay niñeras, jardín, guardería, hay que tener mucho cuidado para ver cómo consolidar el apego. Por eso hay que promover que el tiempo con la familia sea de calidad, con una abuela cariñosa, una figura de apego”.

“Tanto a los niños como a los adolescentes hay que escucharlos, porque desde niños se enamoran y te lo cuentan; es lo más natural. El tema es que si el adulto no lo toma en serio o no lo escucha y sigue de largo, ese niño va a entender que lo que tiene que ver con sus afectos no es importante. Y el adolescente es un continuo del niño, y no va a contar a los 13 o 14, y si cuenta tiene que ser escuchado, y más que criticado o censurado, guiado. Si te movés en base a censura, ese niño se cierra y nunca más sabés lo que está haciendo o sintiendo. Padre y madre tienen que ser facilitadores”, explica.

Andrea Tuana, trabajadora social y directora de la ONG El Paso, recalca que muchas veces es en los primeros noviazgos donde se empiezan a naturalizar formas y situaciones de violencia que luego perduran en la vida adulta. El diálogo con los más chicos puede educar para evitar y reconocer los signos de esa violencia.

“Yo creo que la única manera de trabajar esto es permeando la educación. Trasversalizando estos temas desde que los gurises entran a sus primeras etapas de escolarización a los dos años y continuar año a año. Tiene que ser una materia constante y permanente que se incorpore dentro de la curricula, donde se trabajen derechos humanos, perspectiva de género, igualdad, prevención de violencia sexual, de violencia en el noviazgo, adultocéntrica. Que los chiquilines tengan un espacio semanal para hablar, para cuestionar los vínculos, reflexionar sobre esto. Además de que todo el sistema educativo tiene que estar formado para no reproducir esos mismos estereotipos. Obviamente que en nuestras casas, con nuestros hijos e hijas, también hay que trabajar mucho estos temas. En el consultorio con los pediatras o desde la medicina adolescente”, añade.

En Uruguay se realiza desde hace cinco años la campaña Noviazgos libres de violencia. 50 días de reflexión, un nombre extenso que dice todo: se busca concientizar a adolescentes y jóvenes para que sus relaciones sean sanas. Para que los enamoramientos y los primeros amores eduquen a adultos mejores, más conscientes, amables y empáticos.

Alaska y Mad Raider en el lanzamiento de la campaña Noviazgos libres de violencia. Foto: Inmujeres
Alaska y Mad Raider en el lanzamiento de la campaña Noviazgos libres de violencia. Foto: Inmujeres

“La campaña tiene como objetivo contribuir a un cambio cultural a través de la promoción de pautas de relacionamiento no violento desde los noviazgos. Y eso implica un compromiso de la sociedad en su conjunto, hay una necesidad de cosas que hay que cambiar. Hay una idea social de cómo son los noviazgos y cómo se vivencian que está bueno poder también ponerlo en entredicho. Poder cuestionar y promover lo sano, que se puedan disfrutar. Que se pueda acceder al derecho de una vida libre de violencia”, explica Rafaela García, coordinadora de la campaña desde Inmujeres (ver aparte).

Desde inmujeres

Una campaña nacional

La campaña Noviazgos libres de violencia. 50 días de reflexión se realiza desde 2016. En sus inicios, cuenta Rafaela García, actual coordinadora desde Inmujeres, “estaba asociada a una movida que hacía No te va gustar, Nunca más a mi lado. La idea era a partir de un grupo tan popular, poder generar ese impacto a nivel social”.

Desde entonces lanzan la campaña con actos masivos, con música y encuentros, pero la pandemia trajo un desafío. La alternativa fue hacer un programa de televisión transmitido por Vera TV, con la particularidad de ser conducido por dos ídolos para los adolescentes de hoy: la youtuber Gimena Sauchenco (Alaska) y el gamer Nicolas Studer (Mad Raider). Así, cerca de dos mil jóvenes de todo el país accedieron al lanzamiento, que se realizó el 1° de octubre. Luego comenzaron a trabajar en los “50 días de reflexión”, con actividades en distintas instituciones educativas, centros de INAU, etcétera. Han pintado murales, deconstruido letras de canciones, hicieron su propio rap, diseñaron afiches, rodaron videos para marcar sus aprendizajes y compartirlos en redes sociales.

Entre los otros desafíos planteados a la organización -que además cuenta con la colaboración de INAU, ANEP y todo su subsistema, con referentes del posgrama de Educación Sexual de los liceos, con los referentes de los centros promotores de derecho de Inmujeres- está revisitar la palabra “noviazgos”, que para muchos chicos de hoy en día perdió vigencia, pasó de moda. “Eso fue parte de lo que recibimos en las devoluciones de los años anteriores, así que compartimos un diccionario común para que todos comprendamos de qué estamos hablando”, explica Rafaela.

En el texto divulgado, se define: “Los noviazgos representan una etapa significativa en la vida de las personas, se presentan y experimentan de muy diversas formas. A los efectos de la campaña NLV, nos referimos a aquellas relaciones sexoafectivas con o sin convivencia. En un sentido amplio, la campaña apela a los diferentes tipos de relaciones: las que están “saliendo”, las que están “de novios/as”, las que se están conociendo, las informales, las circunstanciales, las que tienen proyectos en común, o las que tienen un tiempo más largo de relación, sin perjuicio de otras”.

En Uruguay, según la Segunda Encuesta Nacional de Prevalencia sobre Violencia Basada en Género y Generaciones realizada en 2019, “un 47% de las mujeres de 15 años y mayores declararon haber vivido situaciones de violencia por parte de su pareja o expareja a lo largo de toda la vida. La violencia psicológica (44,6%) fue la de mayor prevalencia, seguida de la física (19,9%), sexual (10,7%) y, por último, la violencia digital (5,5%)”, detalla García.

Entre palabras y hechos

Agustín es de Montevideo, tiene 15 años y ya se enamoró una vez: “Nada es para toda la vida y tampoco podemos comprometer a una persona diciendo eso, porque tal vez la incomodamos y como nos quiere mucho no se atreve a decirnos que no le gusta”. En su hablar tiene muy clara la opinión sobre ese mito de las relaciones que escuchó de sus mayores. Entonces menciona lo bueno y lo malo, lo que aprendió de su propia experiencia de estar enamorado y de novio con una chica.

“Fue rápido”, piensa que dirían otros. Pero él lo sintió natural. Se conocieron en el cumpleaños de su mejor amigo, se gustaron, salieron dos días y decidieron “comenzar una relación”. “No me arrepiento”, dice Agustín. “Pasé muchos momentos buenos y, obviamente, como en cualquier relación, hubo momentos feos. También me pasó que me enamoré de esa persona y al principio fue un enamoramiento lindo, porque estaba con esa persona y creo que no hay nada mejor que estar con quien amás. Pero creo que con el paso del tiempo tuve actitudes, por así decirle, feas, de las cuales me arrepiento, pero me llevaron a aprender muchas cosas”. 

Si piensa en qué se diferencia su forma de ver el amor con la de los adultos a su alrededor, cree que su generación está más libre de los estereotipos: “Creo que ahora hay una idea un poco más abierta y libre sobre el significado del amor”.

Julia tiene 18 años, es de Salto pero estudia en Montevideo, y hace apenas un mes empezó a salir con un chico. “Esta es mi primera pareja y estamos saliendo hace solo un mes. Podría decir que me estoy enamorando, pero creo que para amar a alguien tenés que conocerlo bastante más, se necesita más tiempo”. Asimismo, tiene claro lo que espera de este y los vínculos que vengan. “Para mí, una relación sana tiene que ser de igualdad. Ambas (o más) personas deben tener claras las expectativas de la relación. Muchas veces pasa que alguien da más de lo que recibe. No tiene que ser una relación seria y profunda para que sea sana, mientras todas estén de acuerdo. En cuanto a las relaciones tóxicas, casi siempre caen en la dependencia emocional. Cuando una persona hace responsable a la otra de su propio bienestar, ya hay un desequilibrio”.

Los romances que pinta la pantalla

Los modelos a seguir que ofrecen hoy los productos audiovisuales también marcan una diferencia en las relaciones que se construyen. La serie Sex Education se ha convertido en referente: muestra relaciones que se construyen desde el diálogo, amores diversos, libres. “Es cierto que durante mucho tiempo, a través del cine y las novelas, la pareja permitía la cachetada, el empujón, el ‘porque te quiero te pego’ y nos influenciaron concepciones erróneas de las relaciones. Porque termina siendo un juego de poder incluso entre los adolescentes. Y a veces los adolescentes confunden eso con una forma de amor”.

Quienes trabajan con adolescentes constantemente observan un cambio en las generaciones de ahora. Las redes sociales, esa arma de doble filo que algunos adultos tanto temen, para los y las adolescentes que crecieron con ellas se han convertido en una ventana al mundo, a formas de pensar y cuestionar que les permite ya desde muy chicos ver más allá de lo que viven en sus núcleos familiares. Medios como la revista uruguaya para adolescentes Harta, las redes sociales de distintos movimientos o incluso influencers -esas figuras que tanto admiran los chicos- que concientizan desde el amor propio, campañas como Noviazgos Libres de Violencia, las clases de educación sexual y el diálogo más abierto penetran de alguna manera en la concepción sobre los vínculos y la relación con uno mismo que tienen los jóvenes de hoy en día. Aunque todavía queda trabajo por hacer.

“En el discurso, los gurises y las gurisas han avanzado mucho. Sobre todo entre los 14 y 18 años, en esa etapa ellos cuestionan mucho los estereotipos machistas, lo del control”, responde Tuana. “Pero en la medida que empiezan a establecer relaciones de pareja más formales, ya 17 o 18, ahí se entreveran los tantos. La teoría les dice una cosa, pero en la práctica se empiezan a reproducir todos los estereotipos: el control, la apropiación, las relaciones muy dependientes. Creo que todavía en la práctica no han logrado transformar lo que sí han logrado cuestionar y transformar en su pensamiento y en su mirada”, concluye.

LA voz de ellos y ellas 

Reflexiones sobre “medias naranjas” y “amores para toda la vida”

“Nunca estuve de acuerdo con la idea del amor romántico, al menos no la idea tradicional. La gente cambia, sus gustos, sus necesidades, sus valores cambian y está bien que el vínculo que en una etapa de tu vida te hace bien, puede dejar de hacerlo. En cuanto a la media naranja, no se puede decir sin vincular a la dependencia emocional. Nadie nos completa, esta idea no solo ignora nuestro propio valor, sino que carga a la otra persona con una responsabilidad que es nuestra. Nuestra felicidad no debería estar a cargo de nuestra pareja, si bien debe apoyarla”, responde Julia, adolescente. Aunque en los vínculos todavía cuesta aplicar todo y la palabra “celos” sigue estando bastante presente, los chicos de hoy están dispuestos a revisar conceptos que antes se daban por sentado. Dice Agustín: “Siempre el sentir amor por alguien es algo muy especial y creo que es muy lindo el demostrárselo a la otra persona con frases o acciones, pero al decir ‘amor para toda la vida’, que se utiliza mucho esa expresión en noviazgos jóvenes, al final cuando esa relación fracasa terminan ambas partes lastimadas”.

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