COLUMNA — CABEZA DE TURCO

La aldea es una sola

Washington Abdala

Aldea de Asterix
Foto: Asterix.com

Tengo un amigo frenteamplista que me dice que ellos van a ganar las elecciones nacionales. Yo, que soy un opositor filosófico, le sostengo que el cansancio con este gobierno es enorme y que eso no será así. Él me dice que eso no importa, que la oposición no tiene la capacidad de armar algo “serio”. Yo le digo que lo que tenía que dar el gobierno ya lo dio en sus quince años de derroche y desparpajo moral. Él me dice que los liderazgos de los partidos fundacionales son aromáticamente de clasistas. (¿aromáticamente clasistas?). Yo le digo que los equipos del gobierno son hiperconocidos, perdieron frescura y están aromatizados de la misma clase media que reprocha, solo que vestida de pose “popu”.

Él me dice que por atrás estará Pepe —asesorando— y Tabaré remando. Yo le digo que eso me parece jodido porque no termina por liberar amarras y dejar crecer en paz a Daniel Martínez. Él me dice que el “socialismo” es lo único que importa empujar. Yo le digo que no existe ese “socialismo” del que me habla y que lo que se necesita es “realismo” para no seguir dilapidando la guita de la gente en boludeces. Él se ofende y me recrimina que lo que se gastó en educación no ha sido poco. Yo le digo que lo que han puesto allí será mucha plata, pero tienen al Uruguay lleno de “ni-ni”. Él me dice que el país necesita certidumbre y no un asalto al poder de pequeños burgueses. Yo le digo que de “asalto al poder” se vaya a hablar a Venezuela y que ya no conozco pequeños burgueses sino gente que se quiere superar sin ideología dogmática (de paso le insisto que veo miles de frentistas que rajaron del Frente Amplio).

Él me dice que llegó la hora de aceptar que las élites históricas son “cajetillas” y de perfil pro gringo . Yo le digo que las élites del gobierno son burdas, poco sólidas y de perfil ignoto porque no se saben parar en el mundo (¡excepto por su eterna complicidad bolivariana). ¡Y lo de “cajetilla” es del sesenta! Él me dice que al final el Frente Amplio es el viejo batllismo rosquero. Yo le digo que no me toque los glúteos porque están algo veteranos pero todavía me ofendo.

Él me dice que eso de juntar votos desde los ñerys a los nenes “bian” que miran Netflix, solo lo puede hacer el Frente Amplio. Yo le digo que los ñerys votaron en los setenta a Pacheco (se llamaban lumpenproletariat) y hace poco al “emepepé” y que los nenes “bian” de Netflix siempre votan lo que les conviene, sea quien sea. Él me dice que los frentistas tiene una épica y una mitología que los partidos fundacionales no tienen. Yo le digo que eso ya no es así y que “El Che” puede llegar a ser el nombre de un restaurante en Punta para chetos y a nadie le asombraría eso. (Hay un Che Guevara Eat Café en Egipto que dice Google que está muy bueno).

Él me dice que los blancos y colorados son el ayer. Yo le digo que el Frente Amplio es el ayer y que los blancos y colorados ahora con Lacalle Pou y Ernesto Talvi son el presente. Él me dice que el Partido Independiente es una derecha más. Yo le digo que el Frente Amplio ya no es izquierda. Él me dice que todos son “derecha” menos ellos. Yo le digo que me está gastando con chotadas. Él me dice que no use esa expresión porque se pudre todo. Yo le digo que si se tiene que pudrir (en lo retórico) que se pudra, que no me tengo por qué bancar botijeos de nadie. Él se remanga la camisa. Yo me remango la mía. Él se arrima con cara de perro malo. Yo le muestro los dientes. Y en esa nos fundimos en un abrazo y le deseo “suerte, guacho”. Y siento que él me dice lo mismo al oído.

Eso es lo que espera cualquier tipo sensato de lo que se viene. Pique, diferencias, proyectos, hacha y tiza pero al final un único abrazo al país, porque la aldea es una sola y no la salva uno solo sino todos juntos. Tengo claro que hay grieta pero me pudre.

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