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Alas de primavera

La estación ofrece la mejor oportunidad para ver y escuchar a las aves en Montevideo: la migración trae más variedades y todas las especies registran una mayor actividad.

El colorido churrinche (Foto: Gabriel Rocha)
El colorido churrinche (Foto: Gabriel Rocha)
El zorzal, de melodioso canto (Foto: Gabriel Rocha)
El zorzal, de melodioso canto (Foto: Gabriel Rocha)
El biguá, siempre cercano al agua (Foto: Gabriel Rocha)
El biguá, siempre cercano al agua (Foto: Gabriel Rocha)
Golondrinas azules grandes (Foto: Gabriel Rocha)
Golondrinas azules grandes (Foto: Gabriel Rocha)

Las golondrinas estarán asociadas por siempre a las rimas de Bécquer y a la llegada de la primavera. Pero el poeta español pensaba más en los amores que no volverán que en las aves y si bien las golondrinas son representativas de las migraciones, tampoco son las únicas que viajan a esta parte del mundo al comenzar los calores.

Lo que queda claro, sin embargo, es que la primavera es la época del año en la cual se pueden ver más especies de aves y se escuchan mejor sus cantos.

"En primavera tenemos más aves que durante el resto del año. Hay especies migrantes de invierno o otoño, pero son menos que las de primavera y verano. Eso incrementa la población", explica el ornitólogo Gabriel Rocha, autor de varios libros sobre el tema, con completas guías sobre las aves del Uruguay.

En total, se han identificado alrededor de 480 especies de aves en el país, algunas de ellas en los últimos años.

Rocha indica que una salida de observación de pájaros en el lugar adecuado, en el campo, permite avistar entre 70 y 120 especies, una cifra importante en comparación con otros países (en las selvas tropicales existe una diversidad mucho más amplia, pero se vuelve complicado observarlas). En Montevideo, el alcance será menor, pero el ornitólogo estima que en el Jardín Botánico pueden avistarse entre 30 y 40 especies (ver aparte).

El elemento esencial para desarrollar esta afición son los prismáticos, ya que el objetivo siempre se encuentra a la distancia y es de pequeño tamaño relativo. También se aconseja llevar una libreta, para anotar todo lo visto; una guía de campo, para identificar las especies observadas; una cámara fotográfica con una lente superior a los 300 mm e incluso un grabador para registrar el canto de los pájaros o hacer playback (reproducir el sonido del ave para atraerla).

"No es lo mismo una salida de observación de pájaros en primavera que en invierno —agrega Rocha—. Primero, porque aumenta la cantidad de especies. Segundo, porque hay más movimiento de los ejemplares, porque es la época de la reproducción. Cantan más, hay cortejos, se mueven mucho más".

Precisamente, también transitamos la estación ideal para escuchar el canto de los pájaros. Si bien las migratorias no cantan tan bien como algunas que viven todo el año en el territorio (el zorzal, el sabiá, el cardenal de copete rojo), siempre hay motivos para esa mayor vocalización: atraer a una hembra, defender un territorio, dar una alarma, comunicarse con otros de su especie. Desde muy temprano, antes de la salida del sol, comienzan el canto, siempre característico de cada especie.

De regreso.

Las aves que aparecen en primavera y verano son las migratorias que vienen del Norte de Sudamérica: la tijereta, el churrinche, el benteveo rayado, el benteveo real, el dormilón, en zonas suburbanas el ñacundá. Se trata de pájaros insectívoros que siguen a sus presas. Aquí hacen sus nidos, se reproducen y cuando comienza el otoño emprenden la vuelta.

Las golondrinas son las primeras que arriban, a fines de agosto. Y los últimos, los capuchinos, en octubre.

La mayor actividad permite también ver más fácilmente a especies que viven todo el año en el país, de gran colorido, como el fueguero, el celestón y la viuva. Algunas especies de picaflor, como el verde común, son migratorias, más las habituales de todas las temporadas, como el bronceado o el de garganta blanca.

También la costa de la ciudad puede dar sorpresas, porque suelen aparecer ejemplares poco usuales, como cisnes o algunas variedades de patos. Por lo general llegan de zonas del litoral atlántico uruguayo. Y a veces recalan aves marinas como el petrel gigante y el albatros. En invierno, incluso, han aparecido pingüinos en playas montevideanas.

Claro que hay que verlas temprano, antes que el movimiento de gente y vehículos las aleje.

El vuelo más representativo de cada primavera es el de las golondrinas, por supuesto. También es el más largo: algunas llegan desde el Sur de Estados Unidos, un periplo de miles de kilómetros que cumplen en 15 días aproximadamente.

Viaje repetido.

Por lo general, las golondrinas no hacen nido en territorio uruguayo, sino en el Norte (hay excepciones, como la golondrina azul chica o grande, que sí arman sus nidos aquí). "Los mismos individuos llegan a los mismos lugares donde estuvieron el año pasado. Como viven entre 8 y 10 años, repiten su viaje varias veces en su vida", señala Rocha.

Vuelan de día, siguiendo el curso de los grandes ríos, ya que se alimentan volando y beben de lagunitas o cursos de agua que van descubriendo (otras especies tienen vuelo nocturno, porque es mejor para evitar los depredadores o hay más estabilidad atmosférica en las primeras horas de la noche).

Las golondrinas se detienen generalmente en las ciudades, lo cual genera a veces ciertos problemas, porque son miles de animales al mismo tiempo, indica el especialista.

Tienen razón algunos veteranos cuando juran que ya no se ven tantas golondrinas como en su juventud. Rocha admite que de la mayoría de las especies de aves hay menos ejemplares debido a los cambios ambientales, aunque las especies que son plaga se sigue multiplicando.

"La golondrina no se puede cazar y mantener viva en una jaula porque no se puede alimentar, pero si bien son aves que se adaptan a estar en la ciudad, los sitios donde viven sufren transformaciones y eso termina reduciendo el número de animales.

¿Y por qué migran? A Aristóteles, hace más de 2.000 años, le llamaba la atención que las aves migratorias desaparecieran y luego volvieran a aparecer, aunque todavía no existía el concepto de migración.

"Existen varias teorías sobre las migraciones de aves o animales. Como muchas especies son insectívoras, van atrás de las insectos. En algunas zonas no hay alimento en determinadas épocas del año. Es un tema hasta genético, originado en las glaciaciones que hubo en el pasado, que las movían hacia el sur", informa Rocha.

El colorido churrinche.

Uno de los visitantes es el churrinche, un pájaro de inconfundible pecho rojo entre los machos (las hembras son pardas y grises, e incluso al pasar el verano ellos van perdiendo la intensidad de su colorido).Su nombre deriva del sonido con el cual llama a su hembra: "Churrin...churrin".

El canto del zorzal.

Por algo a Gardel le decían "el Zorzal criollo": este pájaro de dorso pardo y abdomen anaranjado posee un canto melodioso y continuo. Puede hacerlo durante horas, al amanecer, sobre todo en primavera. Por eso también es la mejor época para deleitarse con el sonido de las aves.

Golondrina de agosto.

La golondrina azul grande llega a fines de agosto desde América Central y el Norte de América del Sur y se va cuando termina el verano. Es una de las variedades del ave más emblemática de la primavera. Resulta común verla en los árboles de la ciudad al crepúsculo, al iniciar su descanso.

El biguá, en la costa.

El biguá común, de plumaje negro satinado, es abundante en ambientes acuáticos, arroyos, bañados, lagunas de todo el territorio nacional y en la costa atlántica o del Río de la Plata. Por eso, es posible observarlo en playas montevideanas, aunque hay que concurrir temprano en la mañana.

LOS PUNTOS DE OBSERVACIÓN.

Jardín Botánico: entre 30 y 40 especies en dos horas.

El mejor punto de Montevideo para observar aves, según el ornitólogo Gabriel Rocha, es el Jardín Botánico, en el Prado. "Hacemos salidas con la Asociación Conservacionista Uruguaya de Ornitología y en un ratito por la mañana, unas dos horas, generalmente vemos entre 30 y 40 especies. Para un observador que recién empieza es bastante", indica. Según la página web del Botánico, a lo largo del año puede apreciarse cerca de un centenar de especies de aves.

Es posible descubrir diversas clases de búhos, como el tamborcito, de reducido tamaño; el lechuzón orejudo, de mayor presencia, o el ñacurutú, bastante grande también. De la misma forma, también se ven el chipicote, varias aves rapaces y muchos pájaros, como zorzales, cardenales o sabiás, explica. Muchas especies migratorias también se concentran en el lugar cuando llegan al país.

"El Parque Rivera también era un lugar espectacular pero ahora los gansos exóticos que fueron introducidos le ha quitado hábitat a las especies autóctonas. Todavía se ven garzas, patos, biguás, varias especies acuáticas, incluso el martín pescador. El problema es que cada vez hay más gansos. Se están reproduciendo, los niños los alimentan y claro, tienen mucha comida. Usan la isla del lago para nidificar y están expulsando a las especies autóctonas", indica Rocha, quien precisa que se trata de una situación surgida apenas hace cuatro o cinco años.

Otras zonas verdes montevideanas, como el Parque Batlle y el Club de Golf y alrededores, ofrecen buenas posibilidades de avistar aves (por ejemplo, la viuda mora, los churrinches, las tijeretas), pero debe atenderse el día y el horario. "Si uno va un sábado o domingo a las cuatro de la tarde es difícil que vea algo. La mejor hora es de mañana temprano", aclara el experto.

En la costa, el mejor sitio es el sector del faro de Punta Carretas, donde abundan las especies costeras.

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