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Aires de paz en medio del ruido

El balneario Buenos Aires es un secreto en Maldonado que cada vez descubren más turistas atraídos por la tranquilidad y la belleza.

Los turistas extranjeros eligen el lugar por su tranquilidad y cercanía con Punta del Este. Foto: Darwin Borrelli
Las playas del balneario se prestan para la pesca. Foto: D. Borrelli
Los servicios fueron surgiendo de acuerdo a las necesidades. Foto: D. Borrelli
Los guardavidas dicen que es una playa muy profunda y amplia. Foto: D. Borrelli
La familia Tapia, de Buenos Aires, Argentina, eligen el lugar para alejarse del ruido. Foto: D. Borrelli
Actualmente viven en el balneario entre 5.000 y 6.000 personas. Foto: D. Borrelli
Ana Laura y Natalia, de Inmobiliaria Amarras. Foto: D. Borrelli
La Posada de Piedra es un lugar para relajarse en un entorno verde. Foto: D. Borrelli

Dicen que es un lugar tranquilo, que hay zonas de la playa que aún "están vírgenes". Dicen que ha crecido en los últimos años pero que sigue siendo como una "isla" en el medio del movimiento y el glamour de las costas de Maldonado. Dicen que cada vez son más, más habitantes del lugar y más turistas que llegan a conocerlo. Dicen que tampoco hay mucho por conocer, que es lo que está a la vista, que es eso y no hay más: una playa ancha, muy ancha, con mucha arena, con aguas profundas y médanos que cada vez son más chicos. Dicen que es uno de los balnearios más antiguos de Maldonado y también uno de los más grandes, que hay muchos terrenos que todavía están libres pero que cada vez más personas, (uruguayos y extranjeros) eligen en lugar para instalarse o para construir una casa para descansar.

En el kilómetro 168 de la ruta 10, entre la calle 2, la 44 y la 57, hay un balneario que, más uruguayo que muchos de la zona, tiene un nombre particular: Buenos Aires. Entre Mantantiales y José Ignacio, al lado de El Chorro y San Vicente y cerca de La Barra, las personas del lugar y los turistas lo definen como un sitio que queda "de pasada", como un espacio de tranquilidad, "playa y lectura", como una zona en la que el ruido y el tránsito y las colas en los supermercados y las sombrillas pegadas no existen.

Es que así es el balneario: una zona extensa (muy extensa) en donde viven entre 5.000 y 6.000 personas, a donde llegan turistas principalmente uruguayos, argentinos, brasileños, norteamericanos y europeos, con calles de tierra, con grandes construcciones y con un barrio privado. "Es como una isla en el medio de todo esto", dicen. Y eso es Buenos aires, un lugar con un nombre prestado, un poco de tranquilidad en medio de un departamento que está en movimiento constante, un poco de silencio en medio del ruido.

Con el verano.

Si uno va por la ruta 10 recorriendo la costa, luego de pasar La Barra con sus comercios y bares y restaurantes, luego de pasar Manantiales con sus paradores y con todo lo que sucede en ese lugar, por un tramo, el paisaje se vuelve más despejado, más agreste, más libre. Desde la ruta casi no se ve la arena pero tampoco se ve el balneario, solo se pueden ver algunas pocas construcciones que están sobre la costa.

En la primera parte de la playa no hay guardavidas, recién están a uno o dos kilómetros de distancia. Tampoco hay sonidos más que el del viento porque ni siquiera el océano suena; hoy no hay olas. Las personas que están allí no son muchas. Hay que caminar unos cuantos metros para toparse con una sombrilla, con alguien tomando sol, con alguien que lee en compañía de un mate o con las cañas y riles que forman filas clavados en la arena.

Allí, en esa tranquilidad, Florencia y Carla, que son hermanas (foto principal), están con sus hijos y con una amiga que las acompaña. Son de Buenos Aires, Argentina. Aunque ambas veranearon en Punta del Este desde hace más de 10 años, dicen que esta vez decidieron correrse unos kilómetros e instalarse en nuestro Buenos Aires: "Buscamos alejarnos del ruido, de los montones de gente y disfrutar de la tranquilidad, porque esa es la esencia de este lugar, la calma". Además, aunque estén en un sitio con el mismo nombre de su ciudad, dicen que disfrutan de estar entre uruguayos, que los uruguayos les gustan mucho.

Y justamente, Buenos Aires es un balneario que frecuentan mucho los turistas uruguayos, como por ejemplo la gente de San Carlos, que está a 25 kilómetros del lugar. Incluso, muchas de las personas que hoy viven allí son de esa ciudad. Alfredo, por ejemplo, reside en San Carlos y cada vez que puede se "escapa" hasta la playa a pescar.

María y Daniel también llegaron a Buenos Aires desde la capital argentina. Hace nueve años que veranean en el balneario, donde se construyeron una casa. Esta, dice María, es la primera vez que vienen solos: "Antes veníamos con nuestros hijos, pero ahora ellos están en Australia". Conocen bien el lugar y cuentan que "siempre ha sido así de tranquilo, salvo los fines de semana" que hay un poco más de gente, especialmente los que llegan en auto a disfrutar de un día de playa lejos del ruido. Ambos afirman que vienen a Uruguay porque "es lo mejor que hay": "Es hermoso, y en este balneario hay muchos uruguayos. Cuando nosotros recién empezamos a venir no había todos los servicios que hay ahora, ha avanzado mucho, no solo en cuanto a los turistas, sino también en la infraestructura". Cuando quieren describir al balneario, son precisos y contundentes: "Es esto, un lugar amplio, hermoso. Es playa y lectura, no hay más".

Aunque quienes más conocen y frecuentan al lugar coinciden en que llegaron y llegan hasta allí buscando desconectarse del ritmo de la ciudad, también dicen que el balneario ha crecido mucho en los últimos años, y que cada vez ofrece más servicios y mejores comodidades tanto para turistas como para locales.

"Yo hace 27 años que vivo acá; cuando me vine tuve que entrar en un Land Rover porque era la única manera de ingresar, y hoy tengo la calle en la puerta de mi casa", dice Raúl, propietario de Sofías, una de las casas de comida que está en el centro del balneario. Como la mayoría de las personas que viven allí, Raúl decidió mudarse buscando tranquilidad y un lugar en Maldonado que le fuera "accesible pagar". Ana Laura, que reside allí desde hace más de 14 años y que junto a José Luis, su esposo, están al frente de la inmobiliaria Amarras, dice que cuando recién llegaron "la mayoría de las calles estaban cerradas, no había agua corriente". Natalia, que trabaja con ellos en el negocio, agrega que el empuje que ha tenido en los últimos años "fue increíble".

Ahora Buenos Aires ofrece todos los servicios necesarios para poder radicarse allí, que, por supuesto, fueron surgiendo en base a las necesidades de las personas que llegaban: desde supermercados, farmacias, ferreterías, barras, una escuela y un colegio y policlínicas, hasta dos líneas de ómnibus que van y vienen a Maldonado.

En la playa, unos pocos kilómetros más alejados del inicio del balneario, dos guardavidas miran la costa medio desierta desde la caseta; son los únicos encargados de cuidar todo el balneario.

Uno de ellos, Andrés, vive en el lugar hace cuatro años. Durante el invierno, Andrés es profesor de educación física en Maldonado, y en el verano hace aquí la temporada. "Desde que yo llegué acá ha crecido de manera increíble, pero también ha cambiado mucho: la playa, por ejemplo. Antes había unos médanos enormes que no te permitían ver el agua. Pero a medida que los turistas empezaron a venir al lugar, se empezaron a desarmar y cada vez son más chicos y quedan menos". Además, cuenta que durante el invierno hay un movimiento grande de "camionetas con materiales porque hay mucha gente que aprovecha el resto del año para construir".

Aparte de la calma y paz que transmite, Buenos Aires es un lugar que está a unos pocos kilómetros de los sitios más movidos y solicitados de la costa: Manantiales, por una lado, y José Ignacio, por el otro. "Mucha gente se empezó a dar cuenta de que acá era más barato que en el resto de la zona, y que a la vez estás cerca de todo", sostiene Andrés.

Eso es lo que buscaban Daniel, Marina y Camila cuando llegaron a Buenos Aires desde Buenos Aires. "Toda la vida veraneamos acá", dice Daniel, abogado. Es que la familia de Marina, su esposa, vive en Uruguay desde hace mucho tiempo y ya hace varias fiestas que pasan en el país. Primero los veranos eran en La Barra, después en Manantiales y este año alquilaron una casa en el balneario. "Buscamos alejarnos de la gente, acá hay más tranquilidad, la calidad del lugar y los precios son mejores", señala Marina. "El barrio es más tranquilo, es menos ruidoso, hay menos tráfico", agrega. Daniel cuenta que han sido pocas las veces que fueron a Punta del Este, pero que sí han ido a cenar a José Ignacio. "Acá estás cerca de todo". Llegaron junto a su hija el 22 de diciembre y creen que se van a ir a fines de enero. "Uruguay es el país más lindo del mundo", dice Marina y su familia asiente.

En cambio constante.

"Buenos Aires se llama así porque las tierras pertenecían a una sociedad anónima argentina", sostiene Elbio, al frente de Puerto Luna, uno de los restaurantes más grandes del balneario, que está sobre la rambla. Aunque vive en Maldonado, está instalado en el lugar desde 1987 y lo conoce a la perfección. "Es uno de los balnearios más antiguos que tiene el departamento, desde el año 42, y tiene más de 13 mil lotes, de los cuales la mayoría todavía están sin ocupar. Ha tenido un empuje desde el 2005 en delante, principalmente porque es una zona tranquila. La seguridad también ha cambiado: tenemos guardavidas permanentes en la playa y también tenemos la Policía permanente en la zona, que antes no había".

Como Elbio, muchas de las personas que trabajan en el balneario pusieron sus negocios de acuerdo a las necesidades que se iban planteando. Ese fue el caso de Raúl, quien hace seis meses abrió Sofías, una casa de comidas ubicada en el centro del lugar. "Nos gusta llamarnos así porque somos más que un restorán. Acá te hacemos desde un chivito y una hamburguesa a un mix de mariscos con verduras salteadas, unas rabas al ajillo, o una pizza por metro, entonces somos una casa de comida", cuenta Raúl. Y dice además que decidió instalar el local porque ama el barrio y el resto del año no había un lugar así.

Raúl dice que Sofías apunta a los locales, que son el público que tiene durante los meses de temporada baja: "Evidentemente vienen turistas, desde el 30 de diciembre a hoy hemos aumentado las ventas 150%; los criollos de acá son comilones pero no tanto, los turistas son otra clase de público". Por eso, más allá de los platos que tiene en su carta, el local tiene un menú que varía todos los días y sale $ 140. "El balneario empezó siendo un lugar al que podía acceder la gente de clase media, porque los otros lugares por acá son inaccesibles. Ahora ha cambiado. La gente dejó de pasar a 120 kilómetros por hora por la ruta, levantó el pie del acelerador y se encontró con que a la derecha había un lugar para vivir".

Raúl no es el único lugareño que llama al balneario así, "el barrio". También lo hace Karina, de la panadería Buenos Aires. Para ellos el balneario no es un balneario, no es un lugar en el medio de la ruta, ni un lugar que queda de pasada. Para ellos Buenos Aires es su casa.

Karina vive allí hace 17 años y hace dos que tiene el negocio. Como todos, ella coincide en que ha crecido mucho en los últimos años, incluso más que otros sitios de Maldonado. Sin embargo, cuenta que su público fuerte es la gente de la zona y que durante los meses del invierno, a veces, se hace un poco "difícil vivir" allí.

El centro del balneario es, básicamente, una calle, la 49. Allí, o en los alrededores están la mayoría de los comercios: farmacia, panaderías, supermercados, ferretería, restaurantes o lugares de comida. Allí también, en una de las esquinas de la calle 49, José y su esposa María Elena tienen su negocio, La regalería. Llegaron hace más de 10 años, huyendo del movimiento en Maldonado. Aunque al principio viajaban todos los días para trabajar en la ciudad, se dieron cuenta de que en el balneario no existía una juguetería ni un lugar similar. Por eso instalaron el negocio, simplemente porque el servicio no estaba. Y, aunque durante el resto del año que no es alta temporada a veces "cuesta más", les da para vivir bien. "Este invierno fue especial porque no hubo mucho trabajo, entonces se hizo más complicado, vamos a ver qué pasa ahora. Depende también de la temporada porque regula cómo va a ser el invierno. Por ahora viene bien de bien, hay mucha gente y se está trabajando bien", dice José.

Pero para que los turistas lleguen y se sientan a gusto, los ciudadanos del balneario han hecho lo suyo. Hoy hay al menos dos hosteles, varias casas y cabañas para alquilar y una posada de lujo. También, desde 2001, hay un barrio privado, Villalagos, en el que viven, en su mayoría, europeos.

"A medida que el balneario fue creciendo, las exigencias de los turistas también. Ahora piden más comodidades, que las casas sean mejores, más lindas, que tengan otro tipo de servicios. En eso la zona también fue evolucionando. Sin embargo incluso hoy en día sigue siendo más barato que otras zonas de Maldonado", cuenta José Luis, de la inmobiliaria Amarras. Su esposa, Ana Laura, dice que con los años el lugar se "ha valorizado" y eso hizo que de a poco uruguayos y extranjeros empezaran a invertir y a construir. "Para que te hagas una idea, un terreno acá en la primera calle, es decir a una cuadra de la playa, anda alrededor de los 30.000 o 35.000 dólares. Si te alejás un poco, más cerca de El Chorro, un terreno no baja de los 100.000 dólares", aclara.

Caminos de tierra, precios más bajos, tranquilidad, una playa amplia, aguas profundas y claras; los comercios que se centran en una calle, los ciudadanos que esperan la temporada, el invierno que se hace difícil, los turistas que buscan un poco de paz. Aunque cada vez crece más, aunque cada vez haya más personas que lo elijan, aunque cada fin de semana sus playas se llenen, el balneario Buenos Aires sigue siendo un lugar que está "de pasada", una isla en el medio del caos de la ciudad.

La playa: profunda y con oleaje

El balneario Buenos Aires tiene una de las playas más amplias de la costa. Allí no existe eso de estar "encima" de la sombrilla y las sillas de los que están al lado. Allí hay lugar suficiente para todos. Por eso también la eligen los turistas que quieren estar tranquilos y desconectarse. Eso sí, dice Andrés, uno de los guardavidas de la zona, es "una playa abierta, muy profunda y con muchas olas, incluso dicen que es la bahía más profunda de Uruguay". Por eso, Andrés sostiene que los niños, ancianos y "las personas que no se saben defender bien en el agua" tienen que tener especial cuidado en cuando se bañan allí.

El encanto de un lugar exclusivo

"Para escapar, para realmente escapar, es necesario quedar fuera del alcance de todos los que usted no desee que puedan ubicarlo. En Villalagos, eso es lo que usted habrá logrado. Redescubra la espaciosidad, la tranquilidad y la privacidad en una moderna mansión de lujo ubicada en su propia reserva natural privada", así se presenta al lugar en la página oficial de la "comunidad privada" ubicada en la calle 17 del balneario Buenos Aires. Consiste en un espacio de 13 lotes con frente al mar y un extenso parque, con casas que comparten la armonía en cuanto al diseño pero que a su vez, son diferentes y se insertan en u paisaje completamente natural y agreste.

Surgió en la década del 2000 y estuvo a cargo del estudio Kallos Turin y cada uno de los proyectos recibe el nombre de un pájaro. La mayoría de las residencias allí son de ciudadanos europeos, que viven todo el año o que tienen su espacio de descanso. Llegan, como tantos, buscando tranquilidad, naturaleza y privacidad.

Un emprendimiento pionero para relajarse en medio del verde

Si la idea es ir al balneario Buenos Aires y no alquilar, la única opción además de los hosteles es la Posada de Piedra, un emprendimiento pionero, que funciona desde hace 18 años. Llegar a ella resulta difícil sin un mapa. Está cercana a Villalagos pero alejada del centro del balneario. Rodeada de verde y sin otro sonido que el de la naturaleza, la Posada es otra opción para los turistas que visitan el balneario. El lugar tiene capacidad para 18 personas, en un total de siete suites. Actualmente está en un 70% de ocupación y durante el invierno, en general, se mantiene en 20%. Los turistas que llegan son, según contó Hugo Roverano, propietario del lugar, "50% argentinos, 20% de brasileños y el otro 30% de norteamericanos y europeos". Sean del origen que sean, todos llegan atraídos por la tranquilidad pero también por encanto del lugar; entre los servicios que ofrece están la piscina y el yacuzzi climatizados, el desayuno buffet y servicio de snacks. Para Roverano, las personas eligen el balneario porque "queda bastante cerca de Manantiales que es donde está pasando todo en este momento y también para ir a José Ignacio que es el otro punto donde la gente se mueve".

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