EL PERSONAJE

El agente secreto que nació en Parque Rodó

Es uruguayo y sirvió en el Mossad, realizó una operación que se convirtió en una película hecha para Netflix

Daniel Limor, ahora retirado, cuenta la mayor aventura de su vida.
Daniel Limor, ahora retirado, cuenta la mayor aventura de su vida.

Cada año regresa a Uruguay. Para él significa la infancia, el lugar donde nació y donde sintió por primera vez que “la sangre judía habla”. Al ver a este hombre robusto y de cabellos plateados nadie piensa que se trate de un agente del Mossad, el servicio de inteligencia israelí al que perteneció durante años.

Ni que haya encabezado una de las operaciones más complejas y riesgosas, una aventura que sus características convirtieron en un thriller protagonizado por Chris Evans y que puede verse en Netflix. Sí, la historia es real y el agente que encarna el actor que se hiciera célebre como el Capitán América es, en realidad, este hombre.

Limor en los años mozos cuando comenzaba la misión en Sudán.
Limor en los años mozos cuando comenzaba la misión en Sudán.

Daniel Limor (74) puede hablar con libertad de aquella historia que ocurrió hace más de tres décadas. Aunque hay aspectos que aún permanecen en reserva. Como casi todo en su vida, un karma que parece seguir a todo aquel que ha sido agente de un servicio de inteligencia, de “la organización” como prefiere decir él. Lo cierto es que de todas las operaciones secretas del Mossad esta tal vez haya sido una de las más sofisticadas de su historia. Gracias a ella pudieron rescatar a más de 16.000 judíos etíopes radicados en ese país africano. Los rescatados pertenecen a una de las tribus originarias más antiguas del pueblo judío, exiliados en Etiopía por más de 2.700 años, hasta que un líder de la comunidad pidió al Estado de Israel que los ayudara a abandonar el convulso país africano. Esta acción se llamó la Operación Hermanos y su responsable es este montevideano.

La sangre llama. Daniel Limor tenía 15 años cuando sintió el “llamado”. Hasta entonces era un chico más al que le gustaba jugar al fútbol y hacer travesuras con sus amigos.
Su padre era un ingeniero agrónomo francés que había llegado a Uruguay como tantos judíos que había huido de Europa al llegar el nazismo. Se estableció en Parque Rodó y logró un buen pasar para él y su familia. Daniel había comenzado secundaria en el Elbio Fernández, recuerda que él era el único judío de la clase. Al igual que muchos de sus pares había adherido a una de las organizaciones sionistas, aunque luego advertiría que su educación judía había sido bastante incompleta.

Su pantalla era la de instructor de buceo para los turistas del complejo.
Su pantalla era la de instructor de buceo para los turistas del complejo.

En 1960 se estrenó una película israelí que, por primera vez para Daniel, mostraba una historia de la guerra de la independencia de 1948. El film que se estrenó en el viejo cine Central de la Plaza Cagancha era La colina 24 no responde, una aventura bélica que había sido presentada al público en 1955 y recién llegaba a la cartelera montevideana. “Esa película fue el último clavo”, recuerda ahora Limor.
Porque de algún modo la decisión de irse a Israel lo había estado rondando. Cuando cumplió los 16 años emprendió el viaje. “Yo no me fui porque me sintiera mal acá, no me fui porque no me gustara vivir acá, me fui porque al fin la sangre judía habla”, dice.

Continuó sus estudios, aprendió hebreo y al cumplir los 18, como la mayoría de los ciudadanos israelíes, entró al servicio militar. “Me tocó servir con los paracaidistas, que es una unidad combatiente, fui a la escuela de oficiales y más tarde me reclutaron para la organización”, cuenta.
El comandante de su unidad había pasado a las filas del Mossad y vio en Daniel buena materia para un agente secreto.

“En cualquier profesión, aparte de todas tus cualidades y toda la inversión de energía que hagas, necesitás un poquito de suerte. Si es mala suerte terminás mal, pero si es buena suerte termina de otra manera”, comenta Limor. Durante su servicio como paracaidista había realizado varias misiones de reconocimiento en suelo africano, por eso cuando llegó la desesperada carta del líder judío etiopí Ferede Aklum a manos del primer ministro Menachen Begin este no lo dudó. Él mismo había sido refugiado durante años y sabía lo que significaba querer volver por fin a la tierra prometida. Reunió a sus mandos militares y de inteligencia para ordenarles el rescate.

Durante uno de los viajes de rescate a través de territorio hostil.
Durante uno de los viajes de rescate a través de territorio hostil.

Entre fines de la década de 1970 y principios de la de 1980 el país africano vivía un momento convulso, los rebeldes habían asesinado al rey y se habían hecho con el poder. Habían establecido un gobierno de orientación marxista que se había volcado rápidamente al bloque soviético. Pero en el país había grupos aún más radicalizados, como los maoístas, y facciones del ejército que se habían volcado al bandidismo. “El país era un campo de tiro”, recuerda Limor.

Y allí fue enviado para una misión de reconocimiento. Tomó un jeep y comenzó a visitar las aldeas donde estaban asentados los judíos etíopes, habló con ellos y tomó nota de las dificultades que tenían para desplazarse en esas condiciones. Pronto se dio cuenta de que hacer la evacuación masiva por vías normales sería prácticamente imposible.
“El problema es que no pudimos cumplir la orden del primer ministro de traer a los judíos de Etiopía directo a Israel, ni por vías legales ni ilegales”, recuerda.
Recorriendo el terreno cruzó la frontera hacia Sudán, el país vecino que también vivía una situación precaria y violenta. El país era, además, decididamente hostil a Israel, contra el que había luchado junto a los egipcios. Sin embargo era un país de grandes distancias y menor densidad de población, lo que facilitaba los movimientos, evaluó entonces Limor.

La pantalla. Necesitaba un lugar cercano a la costa para embarcar a la mayor cantidad de refugiados posibles. Y así comenzó a recorrer la costa sudanesa. “El hotel lo descubrí por casualidad, ni sabía que existía”, recuerda. Durante sus viajes vio la construcción a orillas del Mar Rojo y comenzó a averiguar. Entrevistó a un beduino que hacía las veces de casero y se enteró de que el antiguo resort Arous había sido construido por italianos y abandonado al cabo de tres años. El establecimiento estaba en manos del Ministerio de Turismo sudanés. Limor se dirigió a la capital para hablar con un jerarca ministerial y se presentó como un empresario interesado en explotar el hotel, negoció un precio por el alquiler anual y en poco tiempo cerraron el trato.

"Nos dispararon, nos persiguieron, hubo incidentes en cuatro años y medio pero salimos de todo eso".
"Nos dispararon, nos persiguieron, hubo incidentes en cuatro años y medio pero salimos de todo eso".

De regreso a Tel Aviv los jefes del Mossad oyeron la propuesta de Limor y sacaron cuentas. La cubierta podía funcionar, pero necesitaría hacerla funcionar realmente como un resort. Y así nació el Red Sea Diving Resort, una agente del servicio funcionó como directora y otros cuatro agentes como instructores de buceo secundaron a Limor.
“Al grupo lo recluté uno por uno, necesitaba gente que pudiera vivir en un país árabe, siendo israelíes y con cubierta perfecta, que hablen idiomas, que puedan tener un pasaporte extranjero y que al mismo tiempo sepan hacer lo que hay que hacer, como agente operativo, y otra cosa que era que pudieran ser monitores de buceo”, relata Limor.

La organización tendió sus redes y propagandeó en Europa las bondades del resort, sobre todo entre los amantes del buceo. Poco a poco comenzaron a llegar los turistas, en poco tiempo el viejo Arous se convirtió en un éxito. De tanto en tanto los instructores de buceo se ausentaban “por asuntos de negocios”. La operación pronto estuvo en marcha.
La Operación Hermanos implicó viajar 900 kilómetros cada vez, llevar a varios cientos de refugiados en un convoy hasta la costa, embarcarlos en lanchas hasta un barco encubierto de la marina israelí que aguardaba en alta mar. El barco tenía capacidad para unas 450 personas, por lo que colmar su capacidad suponía hacer tres viajes de ida y vuelta. Así una y otra vez durante toda la operación. “Salíamos por la mañana muy temprano y llegábamos sobre las seis de la tarde al campo de refugiados”, recuerda Limor. Al caer la noche los refugiados subían a los vehículos del convoy y partían. Limor siempre manejaba el vehículo de cabecera. El viaje era agotador, los caminos no sólo eran recorridos por partidas militares y grupos guerrilleros, también había asaltantes de caminos. Sin embargo, lo más peligroso eran los camiones de carga que circulaban con las luces apagadas para ahorrar. “Mi orgullo era que nunca tuvimos un accidente, porque era muy fácil tener uno. Había cadáveres de camellos en medio de la ruta, burros, era terrible”, recuerda Limor.

La aventura duró cuatro años y medio, al cabo de los que la comunidad judía pudo ser evacuada en su totalidad. “Nos tiraron, nos dispararon, nos persiguieron, hubo incidentes en cuatro años y medio pero salimos de todo eso”, resume Limor.
Claro que al ver la película admite que muchas cosas fueron cambiadas, tal vez por necesidades dramáticas propias de la película (ver nota aparte).
Algo lejos del perfil romántico del héroe de la historia, tanto él como los agentes que estaban a su mando se rotaban para ir cada dos meses a sus hogares y visitar a sus familias. “Yo tenía dos hijos pequeños, pero en esa época fui un padre ausente, ni siquiera mi esposa sabía dónde estaba ni qué hacía”, recuerda Limor.
Ahora retirado —aunque un agente nunca se retira— Limor viene a Montevideo cada año para ver a sus viejos amigos. Y, entre risas, cuenta la “película” de su vida y cómo logró repatriar a sus hermanos. “Yo nací acá y cuando vuelvo siempre, pero siempre, me calienta el corazón”.

The Red Sea Diving Resort
Tráiler de la película basada en la Operación Hermanos

Entre la ficción y la realidad

La operación realizada entre 1984 y 1985 tenía elementos sobrados para una historia digna de ser filmada. Y ello animó al director israelí Gideon Raff a llevarla a la pantalla con Chris Evans y Ben Kingsley, entre otros actores. Daniel Limor fue llamado como asesor para la película, debía instruir a quien lo encarnaría en la ficción, Evans, sobre cómo se mueve un agente en el terreno. La evacuación de los etiopíes se realizó en ese lapso durante las noches con poca luna, evadiendo controles militares y bandidos. La película The Red Sea Diving Resort trató de reconstruir esa peripecia, aunque algunas situaciones no hayan ocurrido como se relatan allí. Limor recuerda una de las escenas de acción donde el camión que encabeza el convoy y va cargado de refugiados rompe la barrera hecha por dos coches militares en medio de la ruta. La escena se rodaba en Namibia durante una fría noche y pretendía mostrar cómo se habían llevado a cabo las operaciones. Limor dice que, en realidad, las cosas nunca sucedieron del modo en que muestra el film, aunque hubo momentos de extremo peligro. Pero en su papel como consultor no tenía incidencia alguna en las necesidades dramáticas del guion, así que observaba como uno más lo que ocurría en el set. “Estaban preparando la escena y de pronto llega un tipo, el doble de riesgo, un tipo grandote”, recuerda Limor. Preguntó quién era y qué iba a hacer. Sería el encargado de hacer chocar el camión contra los autos y cobraría una fortuna por ello. “Yo te lo hago gratis”, bromeó Limor. Evans, que estaba a su lado, también se ofreció a hacerlo. “Entonces llegó la productora y dijo: no lo va a hacer nadie”.
—Tu seguro es demasiado caro.-dijo la productora encarándose con el actor.
—Pero yo podría hacerlo.—insistió Limor.
—Pero tú no tienes seguro.—laudó la productora.
El doble de riesgo hizo la escena, cobró su dineral y se fue. Y el veterano agente aprendió algo sobre las reglas de Hollywood.

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