Adaptación sin gran dolor

| Ir a un jardín por primera vez puede ser una experiencia estresante para el niño y angustiante para el padre. La confianza es clave para una correcta adaptación.

GABRIELA VAZ

Ni guarderías ni preescolares. Hace ya tiempo que los jardines son mucho más que lugares donde tan solo cuidan a los chicos mientras sus padres trabajan. Los centros de educación inicial son el primer contacto del pequeño con el aprendizaje institucionalizado y el primer paso para su socialización.

El cambio no es fácil. Por eso, la palabra clave es "adaptación". De esa manera se denomina en los centros educativos a la primera etapa del niño que estrena su escolaridad, así tenga apenas meses.

Organizar ese proceso no solo es importante para el desarrollo del pequeño, sino para generar confianza en los padres, que muchas veces son los que más sufren ese distanciamiento y otras veces, sin querer, lo tornan más difícil.

SUMANDO MUNDOS. Ir al jardín por primera vez es un evento "estresante", debido a que el niño es sacado de un ámbito conocido, como lo es su hogar, para ingresar a un mundo en el cual los códigos de relacionamiento son bien distintos, dice la psiquiatra infantil Natalia Trenchi. "Implica un esfuerzo emocional muy importante. Los adultos cuidadores deben ayudarlo en ese tránsito para que entienda que está sumando mundos y no perdiendo lo conocido, para que vea que hay continuidad entre el hogar y la escuela, entre los padres y los docentes, y no pierda la seguridad que necesita para seguir aprendiendo. Ese es el sentido de la adaptación".

La forma de implementar ese proceso varía según el instituto al que asista el pequeño. En general, la táctica consta de un aumento gradual del horario a lo largo de los días. Por ejemplo, el primer día se queda una hora, el segundo dos, y así hasta que llega al horario que cumplirá normalmente. La edad es un factor que influye directamente en ese acostumbramiento. Para un bebé de hasta ocho meses la adaptación se da más fácilmente. Cuanto más grande, habrá más berrinche, aunque lo cierto es que mucho depende del carácter del niño.

Sin embargo, no es raro ver cierto grado de agresividad entre chicos en esa etapa. "En casos normales, es una agresividad instrumental, es decir, una vía para conseguir algo que no se sabe conseguir de otra manera. Por ejemplo, un juguete o un lugar en la fila. En esos casos no pasa de un empujón o un golpecito. Es importante que los padres no reaccionen a estas experiencias ya que forman parte de lo necesario para la socialización. En el proceso de desarrollo, lo deseable es que aprendan a sustituir ese gesto físico con la palabra, pero a esta edad es normal dar y recibir empujones entre pares", afirma Trenchi y explica que además eso puede incrementarse cuando el grupo recién comienza a conocerse.

CON O SIN PAPÁS. Ver esas reacciones con los propios ojos es una de las mejores maneras que los padres tienen de asimilar que su hijo está inserto en un nuevo grupo y de generar confianza con la institución. Así lo entienden muchos jardines de puertas abiertas, que hacen participar a los papás del proceso de adaptación. En esos casos, se plantea que un familiar acompañe al niño y permanezca en la sala los primeros dos o tres días -cuando el pequeño tiene uno o dos años- o toda una semana si se trata de un bebé. Eso ayuda a que extrañe menos.

Para la maestra de educación inicial Soledad Moraga, ese proceso es además vital para los padres. "Es bueno que vean cómo se manejan distintas situaciones: qué sucede si un niño se cae, llora, o si uno muerde a otro. Que vean cómo reaccionan los docentes, a quién se llama, qué se les dice a los niños". Si bien a veces la tarea del docente se complica bajo la mirada atenta y en general desconfiada de un padre, es frecuente que quienes asistieron a la adaptación en esos primeros días sean quienes "menos trabajo" den a los docentes luego. "Es difícil actuar con un padre ahí, mirando todo. Pero después, ese padre va a ser más comprensivo. El que no vino a la adaptación es el que después manda cartas y pregunta por qué pasó esto o lo otro. Si hubiera venido, entendería más cosas", explica Moraga.

Existen jardines que directamente no anotan a un niño si no hay un familiar que pueda realizar la adaptación. Otros, sin embargo, prescinden de esa presencia, argumentando que puede distorsionar la integración de los niños que ven que algunos padres pueden ir y otros no. Además, alegan que esa mecánica está dirigida a complacer a los adultos, y no a los chicos.

Sin embargo, es fundamental que los familiares estén convencidos de que enviar al pequeño a una institución será algo bueno. Si lo dejan en el jardín con pena, culpa o desconfianza, el niño lo percibirá. "Hay casos en que la decisión depende de que no hay otra opción, lo que carga a los padres de culpa por no quedarse en casa cuidando a su chiquito. Tienen que ser capaces de delegar en el docente y entender que la autonomía del hijo es saludable. Si un niño está siendo criado con un buen balance de protección y autonomía, y se le ha enseñado a confiar en los adultos, entonces ingresar a la escuela no le representa una gran amenaza o pérdida. Si por el contrario, el estilo de crianza es excesivamente protector y aprehensivo, es probable que el chico viva esta nueva experiencia con mucha preocupación, miedo y tristeza", señala Trenchi.

Una ayuda que suma a la mejor adaptación del pequeño en esta etapa es un "objeto transicional". Es decir, algo hacia lo que sienta cierto apego y pueda llevárselo a la escuela para que ese nuevo ámbito le resulte más familiar. Puede ser un juguete, una mantita o un chupete.

EL MEJOR JARDÍN. La elección de una buena institución escolar es otro mojón fundamental, recuerda Trenchi. "Deber ser afín a su estilo de vida, ya que es importante generar un vínculo fluido con el jardín y los otros padres. Además de higiene y seguridad, es importante el espacio, el aire, el sol del lugar, así como una buena relación entre adultos y número de niños. Aconsejo no dejarse deslumbrar por una abrumadora gama de aprendizajes. En esta etapa, más importante que la computación es tener el tiempo y la guía necesarias para explorar el mundo y sus códigos".

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