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La abogada de la antidiscriminación

Desde la Universidad de Columbia, Suzanne Goldberg, se convirtió en un baluarte de la defensa de los derechos en Estados Unidos.

Suzanne Goldberg
Foto: Vimeo

A los ocho años, la abogada experta en legislación sobre Género y Sexualidad Suzanne Goldberg era una niña de inquietos ojos azules. Como la hija mayor de un matrimonio de White Plains, Nueva York, Suzanne tenía un sueño. Más tarde se convertiría en una de las abogadas más decisivas en la lucha antidiscriminación en el ambiente académico de su país, desde la Universidad de Columbia.

"Yo tenía un sueño. Quería ser jugadora profesional de béisbol y una lanzadora de lujo. En White Plains, desde los nueve años, tuve la experiencia temprana de jugar, pero me di cuenta de que no había ninguna mujer en un equipo profesional. Entonces me las arreglé para integrar la liga infantil, fui la primera. Jugué béisbol hasta los doce años", sostuvo.

Internarse en un deporte casi exclusivamente masculino, la marcó. "En la preadolescencia decidí abandonar el béisbol, y la razón fue la enorme presión que sentía sobre mí. A la gente le parecía raro que una jovencita quisiera ser beisbolista", recordó.

El deporte la recondujo hacia el derecho. "Desde que recuerdo, los temas de la discriminación me interesaron", sostuvo. Ha trabajado en eso toda su carrera, desde que se graduó de la Escuela de Derecho (Harvard) en 1990. Incluso antes de estudiar leyes, ya se enfocaba en la discriminación de género, de raza. Siempre quiso trabajar en factores que pudieran remover barreras para alcanzar una completa igualdad.

—De su vocación deportiva, pasó a las leyes.

—Sí. Creo que comencé a interesarme tempranamente en trabajar para lograr justicia: ha sido la palabra más importante en mi vida. Porque todos estamos juntos en este mundo y creo que tenemos derecho a participar con plenitud.

Goldberg es uno de los nombres legales más prestigiados en Estados Unidos en el campo del estudio de leyes y la creación de medidas contra la discriminación en el ámbito académico y la educación superior. Como Vicepresidenta Ejecutiva de Vida Universitaria desde 2015 en la Universidad de Columbia, implementó un estructurado sistema para resolver la discriminación de género, raza y conductas sexuales inapropiadas entre alumnos, profesores y empleados de Columbia. Fundó y dirige la Clínica Jurídica para Asuntos de Sexualidad y Género y codirige el Centro de Legislación sobre Género y Sexualidad en la Facultad de Derecho de esa casa de estudios.

Columbia ha enfrentado conflictos. En 2013, la estudiante de Arte Emma Sulkowicz denunció por violación a otro alumno, Paul Nungesser, y pidió su expulsión. La universidad investigó y no lo encontró responsable. El caso escaló, motivando una mediática acción de arte por parte de Sulkowicz y una demanda de Nungesser a Columbia por negligencia. En 2017 la universidad llegó a un acuerdo con él.

—¿Hasta qué punto Columbia cambió sus políticas después de que este caso amenazó con empañar su prestigio?

—Columbia es líder nacional en prevención y respuesta. Otras universidades miran a nuestras políticas como un modelo. El estado de Nueva York evaluó estas el año pasado y nos dio el más alto puntaje (luz verde) dentro del sistema estatal.

—¿Influyó este famoso caso en la creación y funcionamiento de su Oficina de Vida Universitaria?

—Nos enfocamos preferentemente en nuestra comunidad universitaria. Intentamos que ella acoja y apoye a todos nuestros estudiantes.

Desde la Universidad de Columbia, Suzanne Goldberg aboga por la defensa de los derechos de las minorías. Esa casa de estudios está comprometida con la creación de un ambiente estudiantil libre de acoso sexual, discriminación de género, violación, y otros tipos y delitos causados por conducta sexual inapropiada.

Todo empezó con Obama.

Fue a partir de 2009, durante el gobierno de Barack Obama, que las cosas empezaron a cambiar. Según explica, fue esa administración la que "adoptó una actitud vigorosa de aplicar las leyes federales contra la discriminación de género en la educación superior", dice.

Recibieron muchas denuncias respecto a algunas universidades y las investigaron con fuerza y dedicación. Eso provocó un giro a nivel de país.

Goldberg participa en el Instituto Americano de Derecho, una organización que trabaja para construir modelos de legislaciones. Plasmó un proyecto sobre los principios que inciden en la resolución de conductas sexuales inadecuadas en los campus. Columbia ha establecido el modelo por el cual otras universidades se están guiando. Incluye educación para alumnos, profesores y administrativos; recursos especiales para las víctimas; métodos para investigar denuncias y prevención. Columbia no tolera y lucha abiertamente contra el acoso sexual, la violación, la explotación sexual, el acoso de género, la violencia doméstica y la violencia en el noviazgo. La universidad ha establecido protocolos que incluye defensa legal sin costo.

—¿Qué debe hacer una universidad que quiera implementar un plan contra conductas sexuales inapropiadas?

—Formar un grupo de trabajo, que cuente con el liderazgo de sus autoridades, para conocer denuncias de estudiantes sobre acoso y discriminación. Después, establecer un sistema para responder a esas demandas. El tercer paso, que debe ser muy rápido, es crear un mecanismo para educar a la comunidad en los valores de la universidad respecto al tema.

Recursos, afiches, folletos y más

En Columbia armaron oficinas especiales, sumaron recursos económicos y un equipo educacional: afiches, marcadores de libros y folletos tapizan los campus para información de los alumnos.

Es que, para Suzanne Goldberg y sus estudiantes, la lucha recién comienza. Desde su oficina, sostiene:

"Las mujeres constituyen la mitad del mundo. Desde que puedo recordar, me impresionó cómo hombres y mujeres avanzan en la vida de forma tan diferente. Ser de sexo femenino o masculino afecta nuestras oportunidades, las opciones para caminar por la calle sin peligro, la manera en cómo la gente piensa sobre lo que somos capaces de hacer. Eso, en casi todas las áreas de la vida. De modo que es casi imposible no interesarse en los temas de género y discriminación. Nos afectan a todos por igual".

Hace poco, Goldberg señaló que "en la universidad siempre decimos El silencio no es consentimiento". Las personas pueden estar asustadas de decir que no, pueden sentirse incómodas de decirlo, sostuvo la abogada. "Que no digamos nada no significa que la presión haya sido correcta", añadió. Columbia fue una de las pioneras en tomar medidas, creando instituciones especiales para arbitrarlo, como la que dirige Goldberg.

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