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Vanguardista pide atención

En El hombre dinero el lector encontrará una narrativa que vincula temas biográficos y culturales mediante ensambles, extravíos del sentido de realidad y muchas pretensiones. Una escritura que tiene cada vez más adeptos en el siglo XXI.

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Mario Bellatin

En los últimos años el escritor mexicano Mario Bellatin (1960) ha concentrado la atención de la prensa literaria y ganado varios premios gracias a una propuesta narrativa organizada con patrones muy similares a los que rigen en el arte conceptual. La desarticulación de las convenciones del género de la novela y el cuento, la exhibición performática, el culto del genio —le falta un brazo, se convirtió al sufismo, se deshizo del garfio que utilizaba en las aguas de Ganges—, la exploración de recursos que aspiran a la vanguardia, la construcción laboriosa de la llamada “figura del artista”, celebrada durante su última visita a Montevideo para la Feria Internacional del Libro, en 2013.

Concebido como un texto sin género, como la mayoría de su producción, El hombre dinero tiene dos secciones nítidas. En la primera, un narrador que por momentos da paso al autor, intercala con fragmentos de dos o tres líneas, a veces un poco más, episodios de un niño asmático, de sus padres mientras fueron inmigrantes ilegales en Estados Unidos, de la vida en un internado religioso, de su amistad con un traficante de drogas casi ciego, del recurrente sueño de su padre con el dinero. El fraccionamiento del discurso exige un alto grado de concentración para seguir la trama, la aceptación de afirmaciones delirantes (el traficante es novio de Jessica Lange y llevan a Marruecos a un sobrino que vive diez años con Paul Bowles), la intromisión de líneas del autor, como “ese terrible el viaje que emprendí con Fogwill a Montevideo”.

En la segunda sección el narrador entra en el sueño del padre con un discurso espiralado que retoma algunos temas de la primera parte y mediante reiteraciones apenas modificadas transita por la atmósfera onírica de un hombre al que se le destruye el dinero acumulado en su departamento, hijo de una prestamista asesinada con un hacha, y de un padre que no conoció, pero escribió una novela sobre la conversación de dos chimpancés.

Es una escritura que avanza por tópicos, sin desarrollo narrativo, con la intención de vincular temas biográficos y culturales mediante ensambles, extravíos del sentido de realidad y muchas pretensiones. No le falta audacia, pero la estética y el sentido quedan anulados bajo las afirmaciones de la demencia, que de forma cada vez más sostenida han encontrado una circulación en las artes y la literatura del siglo XXI.

Naturalmente, el lector se encuentra delante de las ambiciones de un vanguardista que reclama la contemplación de su modernidad, sus caprichos y sus desmayos. Además del dinero, claro, por el valor del libro.

EL HOMBRE DINERO de Mario Bellatin. Criatura editora, 2014. Montevideo, 108 págs.

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