Eleonor Wauquier
ARIANE Mnouchkine entra en escena después de 44 años detrás de bastidores, frente a una audiencia compuesta por actores, periodistas, directores de teatro y distraídos que se confundieron y preguntaron por el Cirque du Soleil y su homenaje a los Beatles en las Vegas. No se ofende, sólo aclara que el Théâtre du Soleil es anterior y que el Cirque (du Soleil) le gustaba hasta que se convirtió en multinacional.
Está contenta de llegar a Uruguay y de presentar el libro El Arte del Presente, Conversaciones con Fabienne Pascaud en el teatro Solís. "Nos esperábamos de cada lado del océano y nos encontramos", dice emocionada. Laura Pouso traduce cada una de las frases de la directora del francés al español y Mnouchkine corrige varias veces a su intérprete, admitiendo que no es fácil comprenderla. Sin embargo las ideas quedan claras. La responsabilidad del artista es ser un servidor de la sociedad, y no un vendedor, porque "el arte es civilizador, es el último obstáculo a la barbarie de los cerebros". El artista es alguien que cree, "no puede crear sin creer", y lo hace hasta con lo increíble. "Una utopía que dura cuarenta años es ya una realidad, ¿no?", dice Mnouchkine refiriéndose a su troupe, el Théâtre du Soleil.
Comunitarismo y compromiso. Mnouchkine nació en Francia el 3 de marzo de 1939. Alumna del gran maestro Jacques Lecoq, empezó a hacer teatro en 1959, en un grupo universitario de La Sorbonne, y en 1964 creó el Théâtre du Soleil. Una compañía que logró formar, porque, como dice, "los demás no me permitieron no formarla". Por ésta pasaron, en más de cuarenta años, casi quinientas personas de las cuatro esquinas del mundo, y actualmente hay 35 nacionalidades y se hablan 22 idiomas.
Presente en todas las funciones, Mnouchkine casi siempre duerme en el teatro para trabajar hasta más tarde y retomar más temprano los ensayos. La escasa subvención estatal es repartida en forma equitativa: actores, vestuaristas, ella misma y los encargados de limpieza tienen igual salario. A pesar de los problemas financieros que llevaron a Mnouchkine a vender su casa en Chatou para pagar las deudas del Soleil, la motivación es la misma. La lucha con el Estado es constante, porque aunque muchos de los ciudadanos que pagan nunca verán un espectáculo, los ministerios los necesitan: "Somos útiles para la salud mental, ayudamos a prevenir la delincuencia y la violencia, somos eficaces contra la ignorancia (…)".
La Cartoucherie. Después de hacer representaciones errantes en varios teatros, en 1970 Mnouchkine y su grupo se instalaron en la Cartoucherie, y realizaron el primer espectáculo, 1789, con tres grados bajo cero. La instalación en la Cartoucherie (una fábrica de cartuchos militares construida por Napoleón III en el medio del bosque de Vincennes) ya es una demostración de su oposición a los tradicionales escenarios "burgueses" de París. La escena es de hormigón armado, y tanto los espectadores como los actores son revolucionarios que deambulan en una sala dividida en cinco estrados. Según Fabienne Pascaud, la autora de El Arte del Presente, "El Théâtre du Soleil creó allí un palacio de maravillas, un reino de los sueños donde, lejos de huir de lo real, reaprendemos lo contrario, a verlo y comprenderlo, donde la Historia candente se vuelve poesía épica".
Encontrar lo inmenso. Hija del gran productor de cine Alexandre Mnouchkine y sobrina de una actriz, su incursión en el cine fue corta y despertó sentimientos ambiguos: "ese universo brillante, tan seguro de sí mismo, tan convencido de su superioridad, me daba terror". A pesar del éxito del largometraje Molière, seleccionado para el Festival de Cannes en 1979, el cine reafirmó su amor incondicional hacia el teatro: "necesitaba un universo más pequeño para encontrar lo inmenso".
El don de la credulidad. Nada es clásico para Mnouchkine. La mayoría de las obras contemporáneas son creadas a partir de miles de improvisaciones o de guiones de Helène Cixous o Arnold Wesker, que se van modificando a medida que lo pide la puesta en escena, que transforma también las obras clásicas. Además de su visión diferente y la originalidad de sus representaciones, una de las características que sella el Soleil es su tiempo dilatado. Sus espectáculos, que llegan a durar siete horas, son cuestionados por una periodista que le pregunta si eso es realmente teatro popular. Mnouchkine, en su lucha contra el zapping mental, le pregunta elegantemente por qué piensa que el pueblo es menos paciente que la elite. Lo que busca en esas largas inmersiones teatrales es instaurar un nuevo ritmo biológico del arte.
Para la directora, el teatro es un "arte de la invocación" que hace renacer a los muertos. El actor debe prestar su cuerpo, explica Mnouchkine, recordando al escultor Brancusi, que se encontraba ante la dificultad filosófica de responderle a un niño que preguntaba cómo sabía que había un caballo adentro de la piedra.
La metáfora preferida para definir el Soleil es el barco: los actores son la tripulación, y los espectadores son pasajeros a quien "hay que escuchar, pero nunca obedecer". Funciona con independencia total de la crítica (se juró a sí misma no leerla jamás y lo mantiene) y de los grandes teóricos: "Brecht y Artaud vinieron a confirmar lo que creí que había descubierto sola".
Sus viajes al Asia y sobre todo a la India fueron grandes fuentes de inspiración, gracias a los marcados contrastes en los cuales "todo lo malo que hay en el hombre allá es peor y todo lo hermoso es todavía mejor". Allí, "donde ni siquiera hay que ir al teatro, el teatro viene a uno", aprendió el arte del síntoma, el "arte de presentar los síntomas de las pasiones, de los sentimientos: palidecer, ruborizarse, temblar".
El arte como arma. En muchos de los encuentros, Fabienne Pascaud encontró a Mnouchkine con un suéter celeste en el que se destaca el eslogan de Fadela Amara, elegido por el movimiento de las mujeres musulmanas de los suburbios: "ni putas ni sumisas". Su primer compromiso fue contra la pena de muerte, hizo una huelga de hambre por Bosnia en 1995, les dio albergue en la Cartoucherie a los indocumentados en 1996, y la lista sigue. El teatro era "un refugio, un santuario, para juntar fuerzas, elaborar estrategias". La obra Tartufo de Molière en el Soleil fue transpuesta al medio integrista islámico, porque Mnouchkine quiere creer que "el arte es también un arma".
El compromiso y la necesidad de integrar, esa preocupación que se podría englobar bajo la categoría absurdamente gigantesca de la condición humana, está muy ligada a su vida personal. Refiriéndose a su homosexualidad, Mnouchkine asevera que "lo que complica y hace sufrir, en la mayoría de los casos, es el rechazo o la exclusión que provoca". La lucha por el multiculturalismo viene de sus múltiples orígenes, que para ella son "un tesoro y no una cárcel", y que no conocía: "yo era una antirracista virulenta, una ardiente anti antisemita en la escuela, o con mis amigos, sin saber que yo misma era medio judía".
Fabienne Pascaud concluye hacia el final del libro: "todo lo que le interesa la sorprende, la arremete, la transforma: las papas del almuerzo que todavía no están peladas a las 10 de la mañana en la Cartoucherie y el destino de los secuestrados en Irak, los rollos de papel higiénico que desaparecieron misteriosamente de la despensa y el genocidio del Darfour".
El teatro mueve pasiones. En la conferencia varias personas se pusieron a llorar, de rodillas, incapaces de formular palabra alguna. Mnouchkine y hasta la propia intérprete se contagiaron de la emoción ambiente, dando rienda suelta a lo auténtico, "lo ingenuo que nace a cada instante", al arte del presente.
ARIANE MNOUCHKINE, CONVERSACIONES CON FABIENNE PASCAUD, de Fabienne Pascaud, traducción de Margarita Musto y Laura Pouso. Trilce, Montevideo, 2007. Distribuye Gussi, 184 págs.
Lo mejor de Mnouchkine
Teatro
La cuisine,de Arnold Wesker (1967); 1789 (1969); L`âge d`or (1975); Mephisto, ou le roman d`une carrière (1979) basado en Klaus Mann; Richard II (1981), de Shakespeare; L`Histoire terrible mais inachevée de Norodom Sihanouk, Roi du Cambodge (1985), de Hélène Cixous; Agamémnon (1990); Les Choéphores (1991); Tartuffe (1995); Le Dernier Caravansérail (2003); Les Éphémères (2006).
Cine
1789 (1974) Molière, ou la vie d`un honnête homme (1978).