Relatos de Dorothy Parker

Aquellos twenties en Nueva York

Un talento notable de las letras norteamericanas, en edición de Banda Oriental

Dorothy Parker
Dorothy Parker

“Perdonen por el polvo” fue el epitafio que escribió Dorothy Parker para acompañar sus cenizas. La mujer “más ingeniosa de Nueva York”, hoy recordada como uno de los talentos notables de la generación perdida, nació en Nueva Jersey en 1893 y durante los años 20 brilló en las revistas de gran tiraje, Vogue, The New Yorker, Vanity Fair, Cosmopolitan, en las que escribió filosos retratos de la vida social norteamericana y muchos cuentos, fue guionista de Hollywood, también una destacada militante de los derechos civiles.

Una decena de sus relatos regresa en una antología de Banda Oriental, con un sustancioso prólogo de Rosario Peyrou. Parker murió en 1967 luego de llevar una vida irregular, dos matrimonios, y muchas solitarias noches de alcohol. Los estragos de la bebida asoman en tres cuentos de este libro: “Estuviste espléndido”, “Mañana será un día terrible”, y su relato más ambicioso, “Una rubia imponente”, con el que en 1929 obtuvo el Premio O. Henry al mejor relato del año. La bella Hazel Morse había aprendido a sonreír modelando ropa para una tienda mayorista de Nueva York y a partir de entonces cada hombre con los que se vinculó en los próximos años no hizo más que pedirle que continuara alegre y distendida ni quiso ella hacer otra cosa que sostener esa actitud, aunque tuviera que recurrir cada vez con mayor frecuencia al alcohol, hasta deslizarse con suavidad e inocencia a un abismo de vaciedad y solitaria ruina. Gran parte de la virtud del relato es la ausencia de patetismo, la filosa ligereza con que avanza por los roles del hombre y la mujer en los alocados años veinte, y un soberbio sentido del humor que reúne al mismo tiempo la piedad y la sorna, presente en la mayoría de sus cuentos.

El relato que da título al libro, “Una imagen perfecta”, penetra en las sombras de una típica imagen familiar: sentada en el porche, la mujer revisa las costuras de las camisas de su marido, ocupado en podar el cerco del jardín delantero de la casa mientras su hija, de cinco años, juega en el césped. Un matrimonio de vecinos los saluda al cruzar por el frente, pero los pensamientos del señor Wheelock, entretenido en el cerco, se alejan sensiblemente de lo que los otros ven. Una serena denuncia de la insensibilidad y el machismo de la época encarna en “El señor Durant”, “El pequeño Curtis” retrata la arrogancia notoriamente estúpida de una familia adinerada, y “Arreglo en blanco y negro”, las embarazosas contradicciones del racismo frente a la admiración por los músicos negros.

Dorothy Parker militó, igual que muchos otros intelectuales norteamericanos, en la causa de la República española, y visitó Valencia en plena guerra, como lo testimonia “Soldados de la República”, un relato que orilla la crónica y suma ese conflicto al conjunto de sus preocupaciones sociales. La mirada mordaz, festiva, recae también sobre la condición femenina en dos textos breves, “Una llamada telefónica” y “La liga”, centrados en la ansiedad por una llamada que no llega y la rotura de una liga en plena recepción social, en el caso, protagonizado por la propia autora, que se burla de sí misma con inteligente audacia.

UNA IMAGEN PERFECTA, de Dorothy Parker. Ediciones de la Banda Oriental, 2018. Montevideo, 151 páginas.

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