CRÓNICA de cynthia rimsky

En Turquía a la sombra

El viaje como epifanía calma

Cynthia Rimsky
Cynthia Rimsky (foto María Aramburú)

A la vera de un camino cualquiera, bajo la sombra de un árbol, huye de las ruinas, los mapas, las playas recomendadas, las filas de turistas en los paraderos de los autobuses que conducen a lo que debiera ver. Han pasado dos automóviles y un hombre sin dientes en una bicicleta. En la otra orilla un mecánico intenta enderezar un parachoques a golpes. Le pregunta adónde lleva el camino, dice que a una playa, le pregunta si pasa un autobús, no pasa ninguno, le pregunta si podría llegar caminando, el mecánico lo duda. Vuelve al árbol. En el mapa no aparece ninguna playa. Se acerca un automóvil. El conductor y su familia sólo hablan turco, intentan comunicarse con mímica pero es cansador para todos. El camino se vuelve una huella que pasa por entre las raíces de los pinos hasta desembocar en una bahía solitaria. La única manera de regresar será con la familia que la trajo. El padre gordo y tosco, de grandes bigotes, prepara el fuego. La mujer, de rostro dulce y cuerpo grueso, corta las verduras. La hija adolescente, avergonzada por el crecimiento repentino de su busto, se baña con camiseta, y el hijo menor se revuelca en la arena.

De regreso a la ciudad la invitan a conocer su casa. Intenta negarse pero es arrastrada por barrios que no aparecen en el mapa y pierde la orientación, hasta que el automóvil se detiene en la carretera que sale de la ciudad. Manos expertas hacen desaparecer sus zapatillas. Calzada con sandalias abiertas en el talón es conducida a un amplio baño. A pesar de que hay ducha portátil, la dueña de casa le señala una pequeña toalla, un balde, un recipiente y un sillín. Cuando se apresta a quitarse el jabón con el agua del recipiente, entra la dueña de casa, coge la pequeña toalla y enjabona su espalda. Luego la obliga a aceptar un calzón nuevo de algodón blanco que le llega a la cintura.

Jean Potocki relata que cuando los otomanos conquistaban un pueblo lo dejaban continuar con su gobierno, costumbres y religión, a cambio de aceptar su tutela militar.

En la sala, el padre realiza una exhibición del home theatre, el video, el equipo de música, la aspiradora, la antena satelital. Las mujeres en la cocina preparan sopa, burekas, tostadas francesas, mermelada hecha en casa, queso, aceitunas, tomate, pan, miel y mantequilla.

La dueña de casa observa atentamente los movimientos de su invitada, cuando está por finalizar una tostada, se apresura a colocar en su plato otra. De nada sirve negarse. Sólo se detiene cuando comenta que deberá desabrocharse el botón del pantalón.

El camionero, excitado con su hospitalidad, toca un instrumento tradicional y obliga a sus hijos a bailar. La muchacha, que ha estado revisando un diccionario inglés, coge a la invitada y escapa con ella fuera de la casa. "Come", susurra en la oscuridad, poniendo a su alcance una escala de mano. En Turquía los techos sirven de piso a un segundo nivel postergado por una eterna crisis. La muchacha, que heredó los ojos negros de su madre y las facciones toscas del padre, permanece en silencio para darle tiempo de contemplar la carretera de seis pistas iluminada por los focos de los automóviles. "Para usted", musita, depositando en la palma extranjera unos aros de mostacilla que escogió entre sus joyas. Sosteniendo su mano, la conduce a la parte posterior del techo, entre casas iguales a la suya, y señala una plantación de maíz. El viento, al rozar las hojas trae el sonido del río. Hay un espantapájaros y en alguna parte trina un pájaro. La viajera desprende de su oreja el aro en forma de pájaro que no desapareció por el desagüe de la ducha en Chipre y se lo entrega.

La madre ha arreglado una cama en la sala. Teniendo cuidado de no ofenderlos les explica que a la mañana siguiente deberá continuar viaje temprano. Intentan convencerla de que la ciudad escogida no es digna de interés, está muy lejos, hace frío y la gente no es buena.

La muchacha aprovecha un descuido para conducirla a su cuarto, donde le enseña el interior aterciopelado del cofre de latón que servirá de jaula al pájaro que le obsequió. En el velador tiene abierto A la sombra de las muchachas en flor de Proust. Cynthia Rimsky, Poste restante, El futuro es un lugar extraño, crónica latinoamericana

La autora

CYNTHIA RIMSKY (Santiago de Chile, 1962) ha publicado los libros Poste restante (2001), La novela de otro (2004), Los perplejos (2009), Ramal (2011), Fui (2016) y El futuro es un lugar extraño (2016). Imparte el curso "Escrituras de la no ficción" y realiza talleres sobre la escritura de viaje. En la reedición de Poste restante que acaba de publicar Entropía en Argentina (2016), y del que se tomó el texto adjunto, María Moreno escribe que las crónicas del libro están hechas "de epifanías calmas, lejos de la exaltación maníaca del viaje beat o del sesgo de denuncia del viaje guevarista".

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