Burel, Rossello y Santullo

Tres negras

Tres novelas negras uruguayas, uruguayísimas, vuelven a destacar el crimen entre las novedades que llegaron a librerías.

Hugo Burel. Foto Archivo El País.
Renzo Rossello. Foto Gerardo Pérez.
Rodolfo Santullo. Foto Archivo El País.

El crimen ha ganado las calles, y también las vidrieras de las librerías. Lo que se denomina “la inseguridad” es un tema de preocupación cotidiana en Uruguay, mientras en paralelo crecen los crímenes que se cometen en las páginas de los libros. La novela negra uruguaya gana espacio, respeto y  crece el número de sus lectores, mientras las calles y las esquinas de las ciudades son cada vez más un escenario cómodo para desarrollar los dramas de las novelas, plantear los enigmas, y de paso entretener.

Hugo Burel acaba de cerrar la trilogía del personaje Gabriel Keller con la novela Noches de Bonanza; Renzo Rossello presenta una nueva, El simple arte de caer, subtitulada “Los casos de Obdulio Barreras”; y Rodolfo Santullo reedita Cementerio Norte, novela publicada por primera vez en 2009. Las dos últimas pertenecen a la colección Cosecha Roja de la editorial Estuario, serie dirigida por Marcela Saborido que ya lleva 24 títulos publicados.

EL BUEN ASESINO.

Noches de Bonanza es, junto a las novelas Montevideo noir (2015) y Sorocabana blues (2017), la trilogía que tiene como personaje central a un ex publicista, Gabriel Keller, que busca dar cierto sentido a una vida sin estímulos, porque está mayor, es viudo y su hijo ya tiene la vida hecha y ha emigrado a Australia. Encuentra ese estímulo en el amor platónico por una joven vecina, amor que dispara celos que a su vez lo llevan a cometer una serie de crímenes. Keller, a pesar de la frustración y el vacío, es un hombre leal a sus afectos, como también a las mujeres que cree víctimas del hampa montevideano. No duda en matar para defenderlas como parte de un juego adictivo, juego que le permite redimirse ejecutando de forma fría a escorias varias y también, por qué no, a algún inocente. En el camino descubre su capacidad para manipular los hechos, desnudar algunas verdades y enmascarar otras. Gabriel Keller se convierte así en un ser secreto, y disfruta del poder que le dan esos secretos, sea actuando de manera justa (engañando a la policía para proteger a las damas) o por pura perversión.

Aún así el poder de la narración de Burel no está en la elegancia musical de sus frases o en la elaborada trama. Su poder está en la capacidad para poner al lector en cierto estado de gracia, uno que le permitirá reconocer al Montevideo real como una ciudad noir, negra, cuya negritud criminal puede alimentar dramas, y esos dramas ser un ámbito natural donde proyectar miedos, frustraciones y deseos. Se puede comprobar con un simple ejercicio luego de haber leído Noches de Bonanza. El lector sabe que Keller suele encontrarse con la bella modelo Zoraida (cuyo nombre real es Mabel) en un bar en la galería del Edificio Ciudadela, en la Plaza Independencia, donde ella intentará extorsionarlo y luego… El lector deberá entonces buscar un bar similar en las inmediaciones y sentarse a observar a los demás habitués. Pero no al mediodía sino de noche, cuanto más tarde mejor, y con tiempo. Con el correr de las horas verá cosas inesperadas. Quizás, también, llegue una joven mujer, bella y elegante, con algún dato discordante en su vestimenta, que se sentará en otra mesa y apurará un café. El mozo, minutos más tarde, se le acercará con mirada cómplice, dejando en evidencia sus rutinas. El lector ya sabe que no es Zoraida, porque ella no existe, pero seguro le correrá un leve escalofrío.

DETECTIVE EN CONFLICTO.

El simple arte de caer, la nueva novela de Renzo Rossello, autor que ya es un clásico en el género uruguayo (Trampa para ángeles de barro, El combatiente) pone en el centro de la trama al investigador privado Obdulio Barreras, a un líder del crimen organizado con base en Cerro Norte, a una joven estudiante de medicina (la víctima), y a una serie de personajes de las fuerzas del orden, sobre todo de la policía pero también de los servicios de inteligencia, algunos honestos y otros corruptos. Está todo lo que exige el género negro: traición, víctimas inocentes que merecen ser defendidas, cuestiones morales que atormentan al protagonista central por ciertas decisiones ya tomadas, y una institución policial que acoge a varias manzanas podridas, aunque siempre hay algún agente joven en el cual confiar, o sectores dispuestos a enfrentar a los colegas descarriados. Un clásico.

Lo que sorprende, sin embargo, es la actualidad de la obra, pues se nutre de esa sensación de inseguridad real que ha ganado los espacios públicos. Rossello instala al lector en esos mismos espacios, expande sus sentidos y lo hace caminar junto a Barreras por la ciudad, tomar café en sus bares, caminar por un incierto barrio Casabó, por los alrededores desamparados del Estadio Tróccoli del Cerro o mirar de reojo la sospechosa tranquilidad de una calle en La Teja donde, por cierto, ocurrirán muchas cosas. Aplica, por lo tanto, el experimento que el lector pudo hacer con la novela de Burel, el de confrontar los lugares reales mencionados con los trazos que la lectura dejó en la imaginación.

ROBANDO EL BRONCE.

Cementerio Norte es una novela que tiene ya casi diez años, y sin embargo no ha envejecido. Rodolfo Santullo, un hiperactivo que no para de producir novelas, cómic y guiones, desarrolló en esta obra una trama mínima con unos pocos personajes y en un ámbito reducido, una casilla-refugio ubicada dentro del Cementerio del Norte. Sucede que alguien se está robando el bronce de las tumbas. Un grupo de policías debe hacer guardia en la noche y detectar a los responsables, pero son algo perezosos y antes que deambular por el tétrico entorno prefieren el calor del refugio donde las horas pasan y las conversaciones tienen derivas curiosas. La interacción entre estos policías, un empleado del cementerio y sus respectivos jefes revelará personalidades cuyo hastío, desgano, depresión, pero sobre todo una carencia casi absoluta de ambiciones, los condena sin redención posible. Además, por su fuera poco, sufren el clima adecuado, pues en el cementerio nunca para de llover. La humedad llegará hasta los huesos del propio lector.

Los personajes creados por Santullo son policías que no quieren serlo (excepto uno), enfrentados a ladrones que tampoco son lo que parecen. Va el siguiente diálogo entre dos policías: “¿A mí qué mierda me importa quién se roba el bronce? –Vázquez hizo un amplio gesto con la escopeta-. Me voy a terminar resfriando”. Y su compañero le contesta “–Bueno, dice Felipe que nos pagan para esto, ¿no?- trató de bromear Machado”.  Así, sumidos en una confusión ética y moral de proporciones, son un reflejo de la desidia que cunde en cierto Uruguay contemporáneo.

NOCHES DE BONANZA, de Hugo Burel. Alfaguara, 2018. Montevideo, 316 págs. Distribuye Penguin Random House.

EL SIMPLE ARTE DE CAER, Los casos de Obdulio Barreras, de Renzo Rossello. Estuario/Serie Cosecha Roja, 2018. Montevideo, 130 págs.

CEMENTERIO NORTE, de Rodolfo Santullo. Estuario/Serie Cosecha Roja, 2018. Montevideo, 120 págs.

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