Autobiografía de Morrisey

Uno contra todos

Una mirada desencantada y despectiva de quien, cuando vino al Teatro de Verano, exigió que no se vendiera carne en los alrededores

Morrisey

Steven Patrick Morrisey, conocido como Morrisey, es un músico tan famoso por su obra, en solitario y con la banda The Smiths, como por sus declaraciones que suelen levantar polvareda. En forma reciente relativizó la denuncia contra Kevin Spacey, hecha por el actor Anthony Rapp, quien acusó a Spacey de haberlo acosado sexualmente cuando tenía catorce años en un cuarto de hotel. "Cuando estás en la habitación de alguien tienes que ser consciente de adonde puede llevar eso" habría dicho Morrisey en un reportaje que luego desmintió. Alcanzó para que el empresario argentino Daniel Grinbank se negara a organizar un concierto del cantante en Buenos Aires argumentando que a su empresa no le interesaba producir a un artista "que avalaba a Kevin Spacey y a la pedofilia". En el pasado Grinbank trajo a la Argentina a los Rolling Stones, banda cuyos integrantes no se caracterizaban por pedir cédula de identidad a eventuales compañeras sexuales en sus giras y cuyo bajista Bill Wyman recibió denuncias de su ex esposa de haberla inducido a tener relaciones cuando tenía catorce años. Pero, se sabe, los tiempos cambian y quizás Grinbank no le tenía demasiada fe al éxito de Morrisey, un músico que suele navegar contra la corriente.

Critica al feminismo, a la izquierda tradicional inglesa y a la inmigración multicultural mientras se apiada de Tommy Robinson, miembro de la extrema derecha condenado a trece meses de cárcel por desacato. Sigue una fuerte campaña por el derecho de los animales, no concurre a ningún lugar donde se sirva carne y cuando vino a Montevideo exigió que no hubiera puestos de expendio de ese tipo de comida cerca del lugar donde realizó su show. Es un personaje carismático e interesante. Su distancia algo melancólica con el público y su lengua filosa presagiaban una biografía interesante. Resolvió escribirla sin recurrir a un escritor profesional y, luego de algunos adelantos, fue publicada en inglés en la prestigiosa colección Penguin Classics. El músico prohibió que fuera traducida pero finalmente la prohibición cesó y a través de la editora Malpaso aparece ahora en español. La Autobiografía cuenta su historia en forma cronológica desde su infancia en Manchester, pasando por la adolescencia y la juventud, hasta su llegada a la música y su carrera posterior. Apunta sus dardos contra varios personajes que marcaron su vida en una catarata de historias y anécdotas.

ENFRENTAMIENTOS.

El texto aporta una mirada desencantada y despectiva. La infancia en las calles de Manchester, un lugar en el que los pájaros no querían cantar y donde los niños se dedicaban a matar ratas a pedradas, muestra el panorama desolador de una ciudad industrial con fuerte inmigración irlandesa y de la que no guarda recuerdos agradables. No mejora su vida con la llegada al colegio secundario donde tiene su primera experiencia de acoso sexual. Luego de sufrir un accidente donde se golpeó en un brazo, un profesor le colocó una crema para la inflamación, masajeándolo en forma sensual mientras no separaba sus ojos de los del joven. La actividad deportiva en competiciones de atletismo es lo único que rescata de esos años. El tono de angustia reprimida sigue en toda su historia. Solo queda la música, sus canciones, para mitigar el desprecio que siente por sus vecinos, por los políticos donde es especialmente duro con Margaret Thatcher, por la realeza e incluso la mayoría de los músicos con los que ha tocado.

Algunas frases quedan en el recuerdo luego de finalizar el libro. Para Morrisey los hombres afeminados son ingeniosos y los "machotes son más aburridos que la muerte". Una vez David Bowie le dijo que había tenido tanto sexo y tantas drogas que no podía creer que todavía estuviera vivo, a lo que Morrisey contestó: "Ha habido tan poco sexo y tan pocas drogas en la mía que no puedo creer que aún esté vivo". Da importancia a detalles que pueden descalificar a una persona como el corte de pelo o la forma de vestir. Aborrece la vida nocturna y declaró en una oportunidad que las discotecas son "refugios para deficientes mentales". Una de las pocas relaciones sentimentales de las que habla, en forma muy breve y sin entrar en detalles, es la que tuvo con Jake Walters, fotógrafo con el que vivió un romance cuando tenía treinta y cinco años de edad. Fue la primera vez que sintió que sobre el "yo" existía un "nosotros". Cubre con un manto de discreción el resto de su vida sentimental, esa que ha sido raleada, y en su carrera musical no hay elogios ni siquiera para su socio de The Smiths, el guitarrista Johnny Marr, y mucho menos para sus otros compañeros de la banda. La compañía discográfica, su manager y la prensa son denostadas una y otra vez en estas páginas que sirven como venganza pública contra quienes le han hecho la vida difícil.

EL JUICIO.

El libro no se divide en capítulos. El aluvión verbal apenas se separa en párrafos entre anécdota y anécdota. No tiene problemas en repetir argumentos para dejar en claro su sentir. La obsesión con algunos temas hace que a veces el relato abrume o directamente aburra. En 1996 Mike Joyce, baterista de The Smiths, demandó a Marr y a Morrisey por las ganancias que había obtenido la banda. Al baterista le pagaban un 10% de lo que obtenían por conciertos y grabaciones. Joyce reclamó el 25% dado que el acuerdo no fue documentado. El enfrentamiento entre Morrisey y el juez de la causa, John Weeks, da lugar a algunas de las partes más feroces del relato. El magistrado dio la razón al baterista, calificó al cantante de poco fiable y agresivo mientras que Morrisey lo describe como a un representante de clase ajena, una persona que no puede entender al arte ni a su música y que no está capacitado para juzgarlo. Es previsible su reacción furibunda cuando el juez termina acogiendo la demanda de Joyce.

Puede llamar la atención que tan injusto fallo, en opinión de Morrisey, fuera ratificado por un tribunal luego de la apelación que él interpuso, aún contra la opinión de alguno de sus abogados. Quizás la cuestión no fuera tan sencilla, sus pruebas no fueran tan fuertes y los otros pudieran tener algo de razón. Morrisey ni siquiera baraja esa hipótesis. Todos están equivocados y con precisión detallista utiliza más de cincuenta páginas en relatar las instancias del juicio. Es dable pensar que el cantante tampoco escuchó consejos de edición para evitar alargamientos. Su enojo, y su búsqueda de culpables en cada ocasión en que sus canciones no tienen el éxito esperado, así como las reacciones del público en muchos recitales, ocupan también gran parte del texto pero rara vez se detiene en el proceso de creación de sus temas, lo que hubiera sido de sumo interés. Morrisey solo cuenta lo que quiere contar y de la manera que lo quiere relatar. No admite dudas ni segundas opiniones. Aún con lo dicho es difícil soltar esta historia que, a través de sus páginas, se vuelve un retrato desaforado de un gran músico contado a través de su ego.

AUTOBIOGRAFÍA. MORRISEY. Malpaso, 2018. Barcelona, 467 páginas. Distribuye Océano.

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