novela negra de kike ferrari

Tierra de clisés y mar de tópicos

Historia truculenta con personajes maniqueos.

Kike Ferrari. Foto Eduardo Penagos
Foto Eduardo Penagos

Jorge Luis Borges, en una suerte de apócrifa enciclopedia china (“El idioma analítico de John Wilkins”), sostiene que los animales se discriminan en catorce categorías, siendo la última la de los “que de lejos parecen moscas”. Esa lista de criaturas fantásticas sirvió a Michel Foucault para iniciar su Prefacio a Las palabras y las cosas, y al escritor Kike Ferrari (Buenos Aires, 1972) para titular una de sus novelas. Que de lejos parecen moscas apareció en 2011 en Madrid en un sello independiente, y conoció otras ediciones en Francia, Argentina y México, hasta esta última en Tusquets. Con ella obtuvo el premio Silverio Cañada a la mejor ópera prima del género negro de la Semana Negra de Gijón de 2012. Autor de otras novelas (Operación Bukowski, Lo que no fue) y libros de cuentos (Entonces sólo la noche y Nadie es inocente), Ferrari también colabora en varias publicaciones virtuales y trabaja como limpiador del metro porteño en la estación Pasteur-Amia, algo que las notas de presentación destacan exhaustivamente.

La novela se centra en la figura de “el señor Machi”, un empresario dueño de un cabaré, que ha amasado una fortuna tras una larga serie de negocios y negociados que dio comienzo durante la dictadura argentina y se afianzó bajo la presidencia de Carlos Menem. Todo en su vida se desliza raudamente, como su BMW negro, su millonaria esposa, sus amantes, su guardaespaldas, sus líneas de cocaína, su prepotencia ante sus empleados, hasta que una mañana encuentra el cadáver de un desconocido en la valija de su automóvil. Entonces inicia una febril travesía en la que se pregunta quiénes y por qué buscan incriminarlo, en tanto se empeña en deshacerse del cuerpo sin dejar rastros.

El lenguaje de Ferrari es vertiginoso y las páginas pasan con celeridad, siempre y cuando uno se olvide de que todos sus personajes y todas las situaciones en las que se ven envueltos forman un espeso mar de tópicos (Machi es muy malo e inescrupuloso, su guardaespaldas es muy malo y violento, su esposa es muy histérica y tonta, su hijo es muy homosexual y su hija muy intelectual –¡lee a Foucault!–, sus amantes son muy procaces, sus empleados son muy sumisos o están muy sindicalizados), y un discurso cargado de lugares comunes donde aparecen hasta “pechos turgentes” y frases imposibles como “El aire pestilente que agita el abanico de dudas trae nombres conocidos, posibilidades impensadas”. La novela tiene un cercano parentesco con Oscura monótona sangre, de Sergio Olguín, donde también un empresario enriquecido bajo la dictadura y el menemismo tiene un auto alemán, dos hijos, una amante de la que se enamora y una lista de desgracias que lo conducen a la misma tierra de clisés y famélica literatura.

QUE DE LEJOS PARECEN MOSCAS, de Kike Ferrari. Alfaguara, 2018. Madrid, 183 págs. Distribuye Penguin Random House.

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