Cine, literatura y más

El terror burgués de El prófugo, basada en novela de C.E. Feiling

Es la nueva película de la directora argentina Natalia Meta, que suena como candidata a los premios Oscar.

Erica Rivas
Erica Rivas en El prófugo (dir. Natalia Meta)

Estoy en un coqueto cine de Recoleta con las mamis del colegio, compartiendo pop al estilo norteamericano y tomando coca light mientras vemos una escena de sadomasoquismo puro y duro, donde los gemidos degeneran en gritos de espanto y pedidos de clemencia. Lo típico del gore. El tema luego arranca una sonrisa: tras unos segundos se pone en evidencia que se trata de una “proyección dentro de una proyección”, y que, como espectadoras, fuimos trasladadas al estudio de grabación donde Inés (Erica Rivas), la protagonista de El prófugo, se encuentra doblando a un castellano neutro una película extranjera de terror sexual —de evidente Clase B— que se muestra en el fondo.

El prófugo es la segunda película de Natalia Meta, luego de Muerte en Buenos Aires (2014), que fue éxito de taquilla en Argentina. El guion, también escrito por Meta, está basado en la novela de terror El mal menor (1996), de C.E. Feiling. Junto a Rivas —muy recordada en Uruguay por su protagónico en Relatos salvajes de Damián Szifron— actúan Cecilia Roth, Daniel Hendler, Mirta Busnelli y Nahuel Pérez Bizcayart. El prófugo se estrenó el 2 de diciembre en salas uruguayas.

Me sentiría tremendamente culpable de estar compartiendo este spoiler si no fuera porque el diario The New York Times lo relató días atrás tan taxativamente en su alabanza del film —preseleccionado para representar a la Argentina ante los Oscars y que ya estuvo en la selección oficial de los festivales de Berlín, San Sebastián, La Habana y Londres— como una de las “Cinco películas extranjeras para ver ya mismo”. Pero también porque es muy simbólico del último largometraje de Natalia Meta, que une lo psicológicamente aterrador con el humor sutil y la sensibilidad femenina, distanciándose así del libro en el que se basa, que ahora es considerado un clásico de culto en la Argentina.

Luces y sombras

“En la novela de Charlie” sostiene Meta, citando al autor del libro por su nombre de pila, “todo va de la luz a la oscuridad; yo quería ir de la oscuridad a la luz. El libro trata sobre aquello que cruza del sueño y quiere encarnarse, pero mi visión es que, como el deseo femenino y otras fantasías tradicionalmente reprimidas, ésto no es necesariamente malo. La novela fue una inspiración para el film, pero nunca me plantee hacer una adaptación fiel porque para mí sería un sacrilegio”.

Charles Edward Anthony Keith Feiling fue así bautizado en Rosario en 1961 por la familia que había llegado de Inglaterra, y lo de llamarlo “Charlie” no es una afectación de “insider literaria” de Meta. Feiling mismo nunca usó su nombre completo, y declaró tener “un detector de nacionalismo populista” para aquellos que insistían en llamarlo Carlos. (aunque de hecho fuera el nombre con el que debieron inscribirlo en el registro civil).

Además de llevar El mal menor al cine, Meta, a través de la editorial La Bestia Equilátera, que cofundó en 2006, es la responsable de que haya una nueva edición de la obra original. Otras editoriales independientes publicaron las otras dos novelas del autor, lo cual contribuyó a que los medios se encuentren hablando de “el gran regreso de C.E. Feiling”.

“Yo nunca había leído a Charlie, pero los amigos lo idolatraban, encima murió a los 36 años ya convertido en el arquetipo del escritor. Cuando me recomendaron El mal menor no pude parar hasta llevarlo al cine”, recuerda la directora.

Meta nació en Buenos Aires en 1974 y es una suerte de “mujer renacentista”. Habitué de los talleres literarios de Luis Chitarroni desde la adolescencia, se graduó en Filosofía en la Universidad de Buenos Aires. Estudió guion en Los Angeles pero en 2001 falleció su padre y debió hacerse cargo de una considerable institución financiera familiar.

“Era 2001, un descalabro, el corralito, me lo tuve que tomar en serio, máster en dirección bancaria y todo”, recuerda. Aún así pudo luego encontrar el éxito como dialoguista para Juanita la soltera, una serie de la productora Polka, y de Soy tu fan, protagonizada por Dolores Fonzi. Siguió su primer largometraje y la fundación de la editorial, donde además hace muchas veces de traductora.

De hecho, el génesis de todo lo que culminó con la película puede retrotraerse a 2006, cuando Chitarroni le pidió que trasladara al castellano Aiding and Abetting de Muriel Spark, “esta escocesa que uno no puede dejar de pensar qué error que no haya ganado el Nobel, pero no se podía encontrar en las librerías…. Bueno, cuestión que en ese momento estaban saliendo muchas editoriales nuevas, y para nuestra sorpresa llamamos al agente, y armamos toda una editorial en base a Muriel Spark. La cosa empezó a crecer y nos ampliamos a otros escritores como Kurt Vonnegut, Elizabeth Taylor, Julian MacLaren-Ross, César Aira, Edgardo Cozarinsky y, naturalmente, Feiling”. La editorial hoy tiene un centenar de títulos de renombre y acaba de lanzar su primer concurso de novela.

Burgueses inquietados

Además de sus novelas, Feiling editó una compilación de clásicos del género titulada “Los mejores cuentos de terror”, en cuya introducción dice que la categoría de “terror burgués”, en el cual se inscribe El mal menor, se define por “la intromisión de algo siniestro y sobrenatural en un orden cotidiano”. Con Meta, lo que se ve en la pantalla es distinto: “No hay que asustarse tanto de que las fantasías se encarnen sino ver qué pasa cuando cosas de la vida cotidiana, como la microviolencia del novio de la protagonista, se naturalizan. Eso es tanto más amenazante”, subraya.

Pero si de terror “burgués” se habla, la escena en la avant première no podía haber sido más apropiada. Con Meta fuimos a un colegio inglés centenario de la zona Norte de Buenos Aires. El prófugo era la primera proyección de cine argentino tras la pandemia, y el pequeño grupo que la directora invitó para ver el largometraje junto a las celebridades que lo protagonizan no era gente del ambiente, sino las que habían sido compañeras más íntimas del grado. Ir a ver una película de terror no era exactamente el plan habitual del grupo, pero fueron seducidas.

“Yo, igual, le bajé los decibeles hasta algo que los ingleses llaman ‘the uncanny’” dice Meta. “No encuentro una traducción exacta pero es lo inquietante, lo que angustia y descoloca, y lleva a mirar lo que nos rodea de una manera distinta, que es un poco también por lo que uno va al cine”.

Para esto Meta subraya que le sirvió trabajar con los uruguayos Eliane Katz y Bárbara Alvarez. “Admiro esa frontalidad que es casi un planteo estético. Eliane lo tiene en la austeridad maravillosa de su forma de editar las películas, y Bárbara en la forma de evitar la fotografía cargada de espectacularidad sobre sí misma, y de esa forma mantiene un misterio más puro, te diría un misterio uruguayo, en el cual es difícil de identificar qué es lo particular”.

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