UNA NOVELA DE AMOR Y OBSESIÓN

Stancanelli juega un juego amargo

Obra con altibajos de la italiana Elena Stancanelli.

Elena Stancanelli
Elena Stancanelli. Foto de Chiara Pasqualini

Elena Stancanelli nació en Florencia, tiene cincuenta y cuatro años, vive en Roma y es colaboradora de La Repubblica. Debutó como novelista en 1998 con Gasolina, galardonada con el Premio Giuseppe Berto y adaptada al cine por Monica Stambrini. Sus libros posteriores son Le attrici (2001), Firenze da piccola (2006), A immaginare una vita ce ne vuole un'altra (2007), Un uomo giusto (2011) y La mujer desnuda, que fue finalista del prestigioso Premio Strega y que ha sido traducida al español. El libro cuenta una historia de amor y obsesión, relatada por Anna, mujer de mediana edad, a una amiga de nombre Vale. La protagonista ha compartido su vida durante cinco años con Davide. Ella lo supone infiel. Ante un descuido en una llamada telefónica no interrumpida a tiempo, Anna descubre en detalle sus aventuras. Davide está enamorado de otra mujer. Anna la llamará por su sobrenombre, “Perro”, una mujer más joven por la que Davide siente una fuerte pasión. Durante ciento cuarenta y ocho páginas se relatará esa historia. Desde el descubrimiento, su intento por entender, la obsesión y caída de la protagonista por no poder revertir la situación, y el desenlace.

Stancanelli utiliza un lenguaje preciso y seco, casi periodístico, para relatar la historia que se cuenta en primera persona, y hace foco, en su mayor parte, en las diferentes fases que Anna atraviesa. Primero su estrategia para meterse en la relación de Davide y “Perro”, luego el deterioro físico y anímico que sufre, y su camino para salir de dicho estado. Es un mérito que pasando muy poco el libro se lea, en sus primeras páginas, en forma ágil. Al avanzar en la lectura aparecen algunas grietas. La trama se estanca mientras la autora introduce datos inverosímiles que afectan la lectura. La facilidad con que Anna descubre las contraseñas del Facebook de Davide, que las cambia en forma constante, es difícil de creer, como también que éste guarde en su perfil fotos de los genitales de “Perro”, algo que en el mundo real hubiera sufrido rápidamente la censura de dicha red social. Lo más grave es que, pese a la forma correcta en que está escrito, la historia carece de matices, sufre de alargamientos —sobre todo en la última parte— y es previsible hasta en su final. En algunas partes roza el aburrimiento y si bien dada su brevedad se lee rápido, es muy posible que se la olvide de la misma forma.

LA MUJER DESNUDA, de Elena Stancanelli. Anagrama, 2018. Barcelona, 148 págs. Trad. Pilar González Rodríguez. Distribuye Gussi.

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