NUEVA NOVELA DE JAVIER MARÍAS

Más que secretos conyugales

El arte de revelar lo innombrable

Javier Marías

La novela es género dúctil, camaleónico, gigante. Como se sabe, una de las líneas de la novela moderna —al menos desde Cervantes— recoge la tónica de las antiguas historias épicas, bajo la serie de aventuras de un héroe. Así como otra de sus líneas también desde Cervantes, y hay más privilegia sobre el relato de la acción el protagonismo de la palabra, el rumiar interior, el diálogo, y el "cuento" de los hechos. Esta nueva novela de Javier Marías (Madrid, 1951), Berta Isla, prueba llevar al extremo la tensión entre lo que ocurre, lo que ha ocurrido, y sus consecuencias en la subjetividad de los dos personajes centrales, que es, al fin y al cabo, lo único que se cuenta, aun sin abandonar el esquema de la salida de casa y la búsqueda de aventuras. Como si en la forma creativa el autor pusiera a prueba una de sus preocupaciones obsesivas: los efectos materiales y morales de callar o decir, su peso definitivo en los resultados y en la historia que perdurará.

HISTORIA Y RELATO

La mujer que da el título a esta novela es protagonista solo en un sentido: el lector conocerá casi por completo el devenir de sus circunstancias y acciones durante varias décadas, se enterará de los accidentes más señalados de su vida y compartirá buena parte de su cotidianeidad, aunque como suele suceder en los relatos otros tantos hechos importantes no sean contados, resulten sustraídos o dados por sentado. El efecto se logra por medio de un narrador que cuenta algunos tramos desde la perspectiva íntima de Berta, permitiendo el acceso a sus pensamientos: a sus deseos y frustraciones, a sus miedos, planes, dudas, maquinaciones y sospechas, centrándose, sobre todo, en algunos momentos clave de su historia, que gira en torno a su matrimonio y al marido que eligió "señaló" empecinadamente, según prefiere decirse en la adolescencia.

El otro punto de vista adoptado para contar el complemento de la historia los otros tantos capítulos de la novela es precisamente el de su esposo, Tomás Nevinson. Si bien se tomará asimismo contacto con su mundo interior, sus escrúpulos, sus sentimientos de culpa y justificaciones más profundas, el relato silencia lo que realmente "hizo" Tom durante esos años. Captado durante su juventud en Oxford por el MI6 (la Oficina de los Servicios de Inteligencia británicos), para trabajar como espía o infiltrado, el personaje quedará condenado al secreto y la clandestinidad, y deberá ocultar la mayor parte de lo que hace incluso a su propia familia. El peso del secreto traspasa de la historia al relato porque, de hecho, las misiones que llevó a cabo amparándose en la "obediencia debida", las que se presumen abyectas delaciones, traiciones, y aun peores cosas, nunca son narradas. Solo gravitan en sus sórdidas consecuencias como especulaciones de Berta o alusiones abstractas de Tom. Se habla de la crudeza y la maldad, la falta de escrúpulos, pero casi nada de eso está puesto en relato; no vemos al protagonista cometer ninguna bajeza y finalmente el acto más canallesco que queda "a la vista" del lector es la trampa engañosa que se usó para reclutarlo.

Sin embargo, sí habría un sentido según el cual Tomás Nevinson es el "héroe" de la novela, por controvertido que sea el concepto. Se trata, por un lado, de que logra estar a la altura de una suerte que no ha elegido, y sobrevivirla. Pese a la fragmentación y la impostura a que se ve sometido, mantiene cierta entereza, logra sostener una identidad (cuestión también vinculada, como podrá comprobar quien la lea, a la fidelidad de Berta Isla). Lo que en la literatura antigua era dado por la lucha del héroe contra un destino irremediable en la que se medía su grandeza, se revela aquí como la resistencia del individuo solo ante un complot político, tan despersonalizante e inescrupuloso, como sistemáticamente premeditado. Aparte de esta diferencia fundamental, Tomás tiene la tenacidad de Ulises, cuyas aventuras se orientan al retorno, así como una desdibujada Ítaca y, al fin, una Penélope que se va imponiendo como el eje fantasmal de su vida.

Marías confesó en una entrevista que escribió la novela fascinado "por las historias tradicionales de hombres (marinos, soldados…) que desaparecen". Y, en esa línea, sigue asimismo el rastro de otros personajes identificables con una línea de la moderna novela de aventuras. Nevinson es, de algún modo, descendiente de Robinson Crusoe y de Jim Hawkins (La isla del tesoro) aquellos que huyen de casa, e incluso de Jean Baljean (Los miserables) y del Conde de Montecristo, quienes deben transformarse forzosamente en otros, perderse y cruzar ciertas fronteras para encontrarse con las circunstancias que completarán su suerte, el destino trazado a sus seres de ficción. Con estos últimos también se emparienta Nevinson en la novelesca, desconcertante y vidriosa reaparición.

FILIACIÓN LITERARIA.

Si bien la novela cuenta una historia nueva e independiente, el lector que ya conoce encontrará en Berta Isla al Marías más puro, retornando a los puntos ciegos en torno a los cuales gravita toda su obra: el largo relato sustentado en disquisiciones interiores, el peso de lo que se calla y lo que se dice, el poder a distintas escalas y sus siniestros entresijos y ambivalencias sus consecuencias en la vida de los individuos concretos. De igual modo retomará ciertas cuestiones que lo obsesionan, como el secreto, la traición, la oscura sospecha centrada en los más cercanos, el posible desconocimiento de quién es el prójimo (la duda respecto del "otro" que es el padre, el marido, la esposa, el amigo).

Muchas claves para el conocimiento y la interpretación se ofrecen en citas y referencias literarias, con predilección por T. S. Eliot y Shakespeare, cuyas reiteraciones marcan el ritmo y las reflexiones más hondas. Hay además múltiples capas de guiños literarios. Una chica que lee El agente secreto, de Conrad, anticipa una pista que el personaje no percibe y que el lector disfrutará luego, así como el desciframiento de fragmentos de obras que se invita a perseguir. También reaparecen personajes de novelas anteriores de Marías (que conformaría con esta una tetralogía del llamado "ciclo de Oxford"), como el sinuoso y pérfido Bertrand Tupra, reclutador del protagonista de Tu rostro mañana (2002); los profesores Mr. Southworth y Mr. Wheeler (alusión, este último, al célebre hispanista Peter Russell, persona tan real como el apenas mencionado como joven y prometedor sucesor, Ian Michel). No se escapa tampoco una mención al pasar al despreciable Dr. Arranz, cuya historia se extiende en "Cuando fui mortal", y que a su vez tiene claro parentesco con personajes similares de Marías: el "médico nocturno" de un par de cuentos y el oscuro Dr. Jorge von Vechten, de Así empieza lo malo (2014). Todo lo cual acrecienta la adhesión del lector cómplice, que sale premiado, a la vez que tiende una red que une esta novela a otras, dando espesor a un mundo ficcional autosuficiente y consolidado.

BERTA ISLA, de Javier Marías. Alfaguara, 2017. Barcelona, 544 págs. Distribuye Penguin Random House.

El Quijote de Wellesley

El Cuarto Centenario de la muerte de Cervantes, en 2016, dio ocasión a esta publicación, que reúne las anotaciones -ideas y apuntes más desarrollados-, para un curso sobre el Quijote, que Javier Marías dictó como profesor invitado en el Wellesley College, en Massachusetts, en 1984. Se trata de un plan del curso, notas sueltas de páginas, temas, motivos, curiosidades y reflexiones para su desarrollo en clase. Pero en muchas ocasiones va más allá y revela una mirada inédita y hasta sorprendente sobre algunos episodios y problemas del Quijote.

EL QUIJOTE DE WELLESLEY. NOTAS PARA UN CURSO EN 1984, de Javier Marías. Alfaguara, 2016. Madrid, 102 págs. Aún sin distribución en Uruguay.

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