Una historia breve

Rodrigo Hasbún, el narrador que sabe callar

Novela de primera juventud del boliviano Rodrigo Hasbún, donde los silencios pautan el ritmo.

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Rodrigo Hasbún (foto Martín Boulocq)

Rodrigo Hasbún ha escrito una historia breve y bien construida sobre los desencuentros de la primera juventud con la realidad, bautismo de fuego que, en su caso, recupera las experiencias de un grupo de amigos pertenecientes a las clases altas de Bolivia, ya narradas en su libro de cuentos Los días más felices, pero en esta nouvelle centradas alrededor de un desengaño amoroso y un embarazo no deseado.

Hasbún nació en Cochabamba en 1981, es autor de tres libros de cuentos (Cinco, Los días más felices, Cuatro) y dos novelas (El lugar del cuerpo, Los afectos), además de otros textos que lo destacaron entre los nuevos narradores de su país y del continente. Radicado en Toronto, Canadá, desde 2014, su experiencia como guionista es una marca notoria en el armado inteligente de su última novela, Los años invisibles, y lo que cabe agradecer es que su conciencia literaria lo aleje de los excesos explícitos de la industria del cine para desplazarse con buen ritmo entre la sugerencia y los silencios de la trama.

La novela alterna dos presentes. Uno es el de los años ochenta, cuando Ladislao inicia su vida sentimental y sexual con la profesora de inglés —una norteamericana treintañera de ideas progresistas—, y Andrea lleva adelante un aborto en forma secreta. El otro plano narrativo aborda el encuentro de Andrea con un integrante del grupo de amigos, Julián, en la ciudad de Houston. Julián es escritor, está escribiendo sobre el pasado común en Cochabamba y Andrea ha hecho un viaje relámpago desde Nueva York para ponerlo al tanto de los impensables destinos de cada uno de los antiguos amigos, también del propio, en un diálogo tenso y lo bastante intrigante para llevar al lector por la progresiva comprensión del episodio trágico que golpeó la ingenuidad del grupo.

Lo dicho, Hasbún sabe callar, que es la primera prueba de fuego de todo narrador, y sus silencios pautan el ritmo de la nouvelle. El tema es chico, pero deja abierta una reflexión sobre la primacía del pasado o de los imprevisibles accidentes a la hora de decidir un destino. Podría objetarse el desajuste de algún personaje, itinerarios biográficos demasiado apretados o la proliferación de pensamientos políticamente correctos, pero la novela cumple con lo que promete, conduce al lector por una intriga, un sensible desengaño, los perfiles violentos de la vida boliviana, y da de sí un modesto, ajustado esplendor.

LOS AÑOS INVISIBLES, de Rodrigo Hasbún. Penguin Random House, 2020. Buenos Aires, 155 págs.

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