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Ricardo Piglia y los juegos de un escritor

Encuentros, desencuentros, fugas, malestares, obsesiones y la búsqueda de un lenguaje crítico desde su voz de escritor, para completar con un tercer tomo su último proyecto literario.

Ricardo Piglia
Foto Eduardo Grossman

El tercer tomo de Los diarios de Emilio Renzi, Un día en la vida, completa el último proyecto literario de Ricardo Piglia: la edición de las libretas que comenzó a escribir durante su adolescencia, en 1956, y dio a conocer a partir de 2015, cuando luchaba con la enfermedad que le provocó la muerte en enero de 2017. Debajo de su obra crítica y de su obra narrativa, estos diarios fueron revisados e intervenidos a lo largo de muchos años con la obsesión de un escritor abrumadoramente consciente de los artificios de la literatura y su relación con las tensiones culturales y políticas, de modo que su trayectoria es también un espejo personal de la vida argentina en la segunda mitad del siglo XX (ver en El País Cultural N° 1289 la reseña del tomo I de estos diarios, y en el N° 1300 la del II).

ENCUENTROS Y DESENCUENTROS.

El tomo final comienza con "Los años de la peste", que abarcan desde 1976 a 1982. Son los años de la dictadura militar de Videla, que Piglia define por la tradición clásica: "¿Quién asesinó a Layo, el Rey, en una encrucijada del camino? La peste, entonces, es el efecto de un delito que cae sobre la población, los años de la peste son los años oscuros en que los indefensos sufren un mal social, o mejor, un mal estatal que baja desde el poder hacia los ciudadanos inocentes". Son los años en que escribe Respiración artificial, su novela emblemática, mientras inicia la revista Punto de Vista junto a Beatriz Sarlo, Carlos Altamirano y Elías Semán, y comienza a alternar períodos en Buenos Aires con sus clases en universidades norteamericanas.

Hay varias alusiones a los encuentros y desencuentros con Beatriz Sarlo, a la soledad, las fugas, al malestar con Osvaldo Lamborghini, Jorge Asís, Luis Gregorich o César Aira, pero destaca la crónica de sus dos obsesiones principales: la búsqueda de un lenguaje crítico desde su voz de escritor, por fuera de la academia y del periodismo cultural, y la voluntad de convertirse en un importante escritor argentino, que en un momento de exaltación quiere "inmortal". Solventó esa pretensión con un esfuerzo sostenido, angustia y deliberación.

Por entonces Piglia daba clases particulares de filosofía para psicoanalistas y arquitectos, como muchos otros profesores que, obligados a abandonar sus cátedras en las universidades, dictaron clases particulares en lo que se denominó la cultura de las catacumbas (una alusión directa a la resistencia de los cristianos bajo la persecución del Imperio romano). Pese a sus afinidades con el maoísmo, alternaba con intelectuales peronistas que resistían el asedio del poder militar y llevaba una vida errante por distintos apartamentos, hoteles y pensiones, impedido de prolongar sus clases en Estados Unidos porque su compañera no podía sacar a su hijo menor del país sin autorización del padre, que se la negaba.

Las entradas del diario son elocuentes de que los procedimientos narrativos de Respiración artificial se anticiparon a la trama y a los personajes, y que Piglia necesitaba una novela antes de saber qué novela quería tener. Pese a sus propios reparos sobre la debilidad de los personajes —el manuscrito halló su título definitivo después de que Piglia padeciera una crisis asmática—, la publicación, a fines de 1980, inició su consagración entre la mayoría de los críticos y lectores en condiciones de acompañar las complicidades literarias y los guiños a la tortuosa vida argentina. Entonces afianzaba su lenguaje crítico, pese a las quejas de que le costaba más escribir ensayos que ficción, y especulaba sobre la imagen que quería dar de sí mismo mientras aparecía en las fotos de prensa vestido con un perramus. "Se trata entonces de pensar en la figura imaginaria de escritor que intento hacer ver en la sociedad —escribe en una de las entradas del diario—. Cada vez más los escritores dependen de su imagen pública y de la construcción de una figura que tenga efecto, y menos de sus libros".

La derrota en la guerra de Malvinas y el papel de los intelectuales en los inicios de la recuperación democrática marcaron para Piglia el final de un período de su vida, y es la alusión, sin otros justificativos, que pone fin al orden cronológico de sus diarios. La segunda parte, "Un día en la vida", se presenta como un collage donde alterna recuerdos, crónicas en las que se aborda a sí mismo en tercera persona, fragmentos de clases, especulaciones literarias y una diatriba contra los cultores de la llamada "escritura del Yo", tendencia que en los últimos años ha valorizado los relatos de experiencias personales asumidas en primera persona, con una identificación plena del narrador y el autor, y a la que Piglia no ha sido del todo ajeno si se toma en cuenta el énfasis en su figura de escritor, el cultivo de la expectativa por sus diarios inéditos, y la pérdida de confianza en la legitimación de las ficciones solo por su valor literario.

"Días sin fecha" cierra el libro con un nuevo collage de entradas del diario mayormente vinculadas a su vida en el campus de la universidad de Princeton, ya acompañado por su última mujer, Beba Eguía, a la que nombra "Carola", y es posible reconocer parte de las experiencias que alentaron la escritura de su novela El camino de Ida. La revelación de los síntomas de su enfermedad, poco después del ciclo de programas dedicados a Jorge Luis Borges en la televisión estatal, y el avance de las dificultades neuromotrices, tienen un breve registro en las páginas finales de este libro que cierra el ciclo de sus diarios cuando la parálisis amenaza hacerse absoluta.

REALIDAD Y FICCIÓN.

Toda la obra tiene el carácter singular de acercar fragmentos de la vida de Piglia, a condición de que el lector no los tome literalmente como ciertos. Desde el punto de vista biográfico, la obra ha sido esterilizada por sucesivas manipulaciones literarias destinadas a fijar el modo en que el autor ha querido ser recordado: mitad Piglia, mitad Renzi, un juego de espejos entre la realidad y la ficción que le ha permitido deslizar confesiones bajo el amparo de un relato probable, y asumir fantasías como si fueran experiencias propias. En cierto modo, un póker abierto, desde que los diarios son atribuidos a un personaje. Y aun así, lo que nunca escapa a la palabra es el espíritu que las mueve, de forma que es posible conocer y reconocer a Ricardo Piglia en los diarios de Emilio Renzi. Alrededor de ambos, la vida argentina, la típica vida porteña en los anillos de Callao y la 9 de Julio, Corrientes y Santa Fe, los celos, las competencias salvajes, y la inteligente deriva de las lecturas, los juicios críticos, la cantera de ideas, ajenas y personales. El mundo devorado por la vocación.

LOS DIARIOS DE EMILIO RENZI. UN DÍA EN LA VIDA, de Ricardo Piglia. Anagrama, 2017. Barcelona, 294 págs. Distribuye Gussi.

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