Valiosa reedición

El regreso de Augusto Monterroso, el breve

Vuelven todas las ficciones de Augusto Monterroso en un solo tomo, en una edición muy cuidada.

Augusto Monterroso
Dibujo de Mingo Ferreira

Monterroso, el breve (1920-2003), regresa con una distinguida edición de todas sus ficciones, prologada por el crítico barcelonés Domingo Ródenas de Moya. Su obra, que se completa con varios libros de ensayos, memorias y entrevistas, mostró en la literatura del continente una notable agudeza para la sátira y la parodia, las formas del humor amargo y una autónoma erudición.

Augusto Monterroso nació el 21 de diciembre de 1920 en Honduras, vivió su infancia y juventud en Guatemala, y largos años de exilio en México luego de ser Cónsul en Bolivia durante el gobierno de Jacobo Árbenz en Guatemala y, después de su derrocamiento, secretario de Pablo Neruda en Chile. Sin terminar la escuela primaria, “por aburrimiento, por pereza y por miedo” le confesó una vez a Jorge Ruffinelli, se hizo lector mientras trabajaba en una carnicería. Frecuentó con tanto placer los clásicos latinos que estudió por su cuenta gramática y latín, el teatro de Shakespeare y la obra de Cervantes, convirtiéndose en un avezado lector de El Quijote. El personal itinerario de Monterroso lo llevó de la precariedad a la excelencia, pero su carácter tímido y la conciencia de ser una suerte de outsider en el mundo de las letras le aconsejaron demorar en publicar. Su primer libro es de 1959, una docena de relatos bajo el título Obras completas (y otros cuentos), que incluyó el célebre cuento más breve del mundo, incluido en este volumen: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Se ha discutido largamente si se trata de un texto con muchas interpretaciones o de una simple broma, coronada por la declaración de aquella lectora que alentada a dar su opinión sobre el cuento, dijo: “Es uno de los que más me gustan, pero apenas voy por la mitad”. En cualquier caso, muchos años más tarde Monterroso declaró: “Cuando apareció era muy difícil publicar un cuento de esa extensión. Lo difícil no era escribirlo, sino publicarlo”.

Otros relatos del libro especialmente atractivos son “Mr. Taylor”, historia de un comerciante de cabezas reducidas por los indígenas del Amazonas que parodia la expoliación de la United Fruit, y “Obras completas”, una solapada crítica acerca de cómo, al amparo del amor por la literatura, un académico malogra la vocación de un escritor de talento convirtiéndolo en su agrisado discípulo. El cuento inauguró una sostenida preocupación por las tramas, impostaciones y falsedades de la vida intelectual, que habría de asomar en varios de sus libros.

Los textos de Movimiento perpetuo (1972) y La palabra mágica (1983) no son estrictamente cuentos. Deliberadamente intercalan ficción y testimonio a través de breves relatos digresivos, cargados de ironías, sin concentración dramática, pero dotados de una notable autenticidad para abordar situaciones modestas y vulgares. Dueño de una prosa virtuosa, Monterroso se afirma en una mirada que en La oveja negra y demás fábulas (1969) apela al género tradicional de las fábulas de animales para introducir paradojas y absurdos del comportamiento humano, cambiando las moralejas por interrogantes y sarcasmos. La pulga, elegida por Monterroso entre todas las criaturas del reino animal, es el ícono de una visión que asume su fragilidad y se ríe de sus pretensiones. Conoce la tradición clásica, ha leído la entrelínea de Horacio, de Juvenal, de Swift, y comprendido, como alguna vez le dijo a su mujer, Bárbara Jacobs, que “mientras más te acercas al fondo de un tema, más riesgos corres de toparte con la tristeza”. En reiteradas ocasiones manifestó que el humor era un efecto secundario de su vocación por la sinceridad (“La mejor manera de terminar con una idea es ponerla en práctica”; “Poeta, no regales tu libro: destrúyelo tú mismo”).

El volumen se completa con su única novela, Lo demás es silencio (1978), un compendio de testimonios y documentos alrededor de la eminente trayectoria intelectual de Eduardo Torres en el ficticio pueblo de San Blas, donde Monterroso alcanza el mayor despliegue de su genio para burlarse de la solemnidad en las letras latinoamericanas, de sus petulancias y falsos prestigios. La vida de Eduardo Torres comparece a través del testimonio de un amigo, de un hermano, de su secretario, de su esposa, de sus escritos, de sus artículos y cartas, hasta componer la miscelánea de un mundo frondoso en el disparate, la tautología y la confusión, sin abandonar los ceremoniosos respetos a la ilustre figura. Es un libro delicioso en el que el sentido común se junta con el delirio, pleno de humor y de una meditada catarsis sobre las presunciones intelectuales. A modo de introducción, ya el epígrafe adjudica la frase del título (“Lo demás es silencio”) a La tempestad, de Shakespeare, cuando en realidad pertenece a Hamlet.

El regreso de las ficciones de Augusto Monterroso y su culto por la brevedad —la mayoría de los textos no ocupan más que unas pocas carillas— muestra una vez más que la buena literatura no tiene extensión. Junto a sus ensayos y su estupendo diario, La letra e, dan forma a una de las experiencias intelectuales más imprevisibles y lúcidas del continente.

CUENTOS, FÁBULAS Y LO DEMÁS ES SILENCIO, de Augusto Monterroso. RBA libros, 2019. Barcelona, 367 páginas.

Algo de lo bueno y breve

- En ninguna circunstancia olvides el célebre dictatum: En literatura no hay nada escrito.
- No olvides los sentimientos de los lectores. Por lo general son lo mejor que tienen; no como tú, que careces de ellos, pues de otro modo no intentarías meterte en este oficio.
- Es cierto, la carne es débil; pero no seamos hipócritas: el espíritu lo es mucho más.
- Los fragmentos, como hemos dicho en otra parte, han sido cultivados en todas las épocas; pero fue en la Antigüedad cuando más florecieron. En cualquier época, los mejores fragmentos se han dado, en Europa, en la arquitectura y en la escultura; por lo que se refiere a nuestras antiguas culturas autóctonas, en la cerámica.
- Pocas cosas como el Universo.
- Entre más lejos el gallo, más improbable es el caldo.
- Se declara finalmente que todo escritor cuenta con el inalienable derecho a hacer caso omiso de cualquier dificultad o escollo y convertirse en un best seller, sin que ello, en ninguna circunstancia, signifique este u otro tipo de superioridad sobre sus compañeros, o ventajas para el editor.
- Que vista la enormidad de las distancias y la creciente falta de tiempo para leer la obra de los compañeros, se reconoce el derecho de cada uno a releer la propia, con la calma que estime necesaria.
- De falsas interpretaciones está empedrado el camino del éxito.
- Ningún escritor serio cree en la crítica, salvo cuando es elogiado o habla mal de un colega.
- El problema de los intelectuales es que tenemos responsabilidades y ningún poder.

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