Spike Lee entre los favoritos del Oscar

Sobre el racismo en tiempos violentos

Es policial y también comedia negra, muy nominada para los premios que se entregan hoy de noche.

Actores. John David Washington como Stallworth, y Laura Harrier como la activista Patrice Dumas
Actores. John David Washington como Stallworth, y Laura Harrier como la activista Patrice Dumas

La última película del director norteamericano Spike Lee, El infiltrado del KKKlan, aborda el racismo en su país a través de la historia real de Ron Stallworth, quien fuera el primer policía negro de Colorado Springs, y que además logró infiltrarse en una célula local del Ku Klux Klan. Ha sido nominada para los premios Oscar que se definen esta noche en las categorías de Mejor Película, Mejor actor secundario, Mejor Director, Mejor Guion Adaptado, Montaje y Banda sonora.

El examen del tiempo ha sido una obsesión central para Spike Lee (Atlanta, 1957), luego de tres décadas de filmografía. Pasado y presente se alternan en sus películas para llevar adelante el revisionismo histórico de Estados Unidos en materia de conflictos raciales. Es una obsesión que manifiesta en la denuncia militante por los derechos de la raza negra. La historia desarrollada en El infiltrado del KKKlan se sitúa a comienzos de los años setenta en una ciudad en la que la policía alentaba a las minorías a solicitar puestos laborales en la fuerza. Stallworth, motivado por sus ideales de ética y justicia, acude a una entrevista con dos oficiales en la que Lee, de entrada, expone la alternancia entre pasado y presente: los protagonistas de la escena comparan la situación de Ron con la de Jackie Robinson, el primer beisbolista negro profesional.

A Stallworth lo interpreta John David Washington, hijo de Denzel Washington, actor fetiche de Lee y protagonista de Malcolm X (1992), la película más ambiciosa de su carrera. Al igual que su padre en aquella actuación como el histórico líder afroamericano, John expresa carácter, aunque su personaje en este film es además hábil y de una gran inteligencia. Un día, aburrido en su escritorio, Stallworth observa en el diario un aviso de reclutamiento del Ku Klux Klan, Decide llamar por teléfono, y le dice a quien lo atiende: “Odio a los negros, a los judíos, a los mexicanos, a los italianos, a los chinos y a toda raza a la que no le corra sangre aria pura por las venas”. Lo escuchan todos los colegas presentes en la habitación del escuadrón de policía, que no salen de su sorpresa. Como su impedimento para infiltrarse en la organización es evidente —es negro— consigue que un compañero, el judío Flip Zimmerman (Adam Driver), sea quien se haga pasar, micrófono mediante, por Ron en los encuentros con los racistas fanáticos.

Muchos rostros negros

Es comedia y es policial, pero también es el medio para instalar el discurso político. En El infiltrado del KKKlan, durante su primera misión policial y antes de llamar al aviso del Klan, Ron es enviado a infiltrarse en un acto de Kwame Ture, histórico líder de la organización Panteras Negras, ante estudiantes en un bar de la ciudad. Es una escena cargada de retórica en favor de la rebelión de la raza negra. La palabra “Poder” aparece iluminada en el estrado de un escenario en penumbras. El efecto sobre los estudiantes y el infiltrado Stallworth es inmediato, tanto que escuchan atentos y en silencio en la oscuridad. A través de un delicado uso del primer plano, Lee destaca sus rostros en la multitud en busca de un efecto de estado de gracia, próximo al simbolismo religioso, pero también de sensualidad y belleza, en referencia al movimiento Black is beautiful (“Negro es hermoso”) iniciado en los años 60 en Estados Unidos.

La película se basa en el libro de memorias del protagonista real de esta historia, el propio Ron Stallworth, titulado Black Klansman (2014). Lee propone cambios respecto al libro para potenciar el efecto dramático en la adaptación de la historia. Por ejemplo, al dar identidad judía al compañero de Ron —en el libro se lo llama simplemente “Chuck”—, o incluir a una estudiante activista de la que Stallworth se enamora, o situar los encuentros de los detectives con el Klan hacia 1972 en lugar de 1979, situándola en una época más hippie y radicalizada. Otra apuesta del relato es plantear los comportamientos de los miembros del Klan entre la parodia y la retórica, según sus diferentes jerarquías. Su máxima autoridad es David Duke (Topher Grace), un líder carismático de creciente popularidad a comienzos de los años setenta y con aspiraciones presidenciales. Duke, engañado, construye una relación amistosa con los policías infiltrados.

El nacimiento de una nación

La película recorre otras obsesiones del director. Es el caso del cine como medio de expresión política o de propaganda. En este sentido El infiltrado del KKKlan abre con imágenes tomadas de dos películas fundamentales del cine americano, El nacimiento de una nación (D.W. Griffith, 1915) y Lo que el viento se llevó (Victor Fleming/David Selznick, 1939). Ambos films glorifican a la raza blanca terrateniente del Sur y a su ejército derrotado en la Guerra de Secesión, y expresan una aversión hacia la raza negra, liberada de la esclavitud tras el triunfo del ejército del Norte.

La primera escena de El infiltrado del KKKlan es una de las más célebres de Lo que el viento se llevó: la cámara en la grúa se aleja de Scarlett O’Hara, quien se lamenta ante los soldados sureños heridos o agonizantes depositados en un improvisado hospital de campaña a cielo abierto en una estación de trenes de Atlanta. El plano final es representativo al detenerse sobre la bandera confederada que, más allá de la derrota, aún flamea hecha pedazos. Luego de esta escena Lee presenta un falso documental en el que un abogado segregacionista (Alec Baldwin) practica un discurso de odio hacia negros y judíos, mientras sobre su rostro se proyectan imágenes de El nacimiento de una nación, con soldados del Ku Klux Klan reprimiendo a negros indefensos. No es casualidad que Baldwin imite de forma satírica a Donald Trump en el famoso programa de TV “Saturday Night Live”. Las referencias a Trump, directas o indirectas, aparecen en varios tramos de El infiltrado del KKKlan.

Esta inquietud de Lee con el mensaje social del cine tiene su historia. En 1982 estudiaba en la Universidad de Nueva York y filmó La respuesta, un cortometraje sobre un director negro que busca dirigir una remake de El nacimiento de una nación con un presupuesto de 50 millones de dólares. Lee casi terminó expulsado de la universidad. En su comedia Bamboozled (2000), ya con una carrera como director respetado, regresó al film de Griffith y también a Lo que el viento se llevó como iconos a la hora de estereotipar a los afroamericanos en los medios de comunicación de su país. “Mi problema con El nacimiento de una nación es que como estudiantes nos hablaron de Griffith como el padre del cine, pero hay cosas que quedaron fuera. Nunca nos dijeron que aquella película provocó un resurgimiento del Ku Klux Klan”, dijo Lee entrevistado por el diario The New York Times (2/8/2018).

Lee resuelve el clímax de El infiltrado del KKKlan con un montaje paralelo, una de las creaciones técnicas de Griffith. Este recurso busca transmitir por un lado la importancia del cine en su mensaje social y por otro la reivindicación del relato oral. En este conflicto puede situarse el propósito final de su película, próxima al ensayo. Una línea del relato recrea un cónclave de miembros del Klan presidido por Duke —donde el Stallworth blanco y judío es iniciado—, que culmina con una proyección de El nacimiento de una nación a sala llena, popcorn por los aires y exacerbaciones durante las escenas en que los miembros del Klan imparten su “justicia” sobre los negros. Los espectadores encapuchados entremezclan arengas y gestos nazis con frases del actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump (“¡Estados Unidos primero!”, “Hagamos a Estados Unidos grandioso otra vez”). En la otra línea paralela de la narración, Jerome Turner (Harry Belafonte), un viejo activista negro, muestra el otro lado, el de las víctimas de ese odio racial. Habla en una habitación ante un público que lo escucha en silencio, recogido del dolor, y narra con austeridad pero con detalles extremos el linchamiento real de su amigo Jesse Washington por parte de una turba de blancos en Texas, 1916, “ante niños a los que sus padres no enviaron a la escuela ese día para que presenciaran el espectáculo”. Para afirmar el contraste del mensaje, Lee rodea al viejo Turner con los jóvenes y con las antiguas fotos tomadas por Fred Gildersleeve de aquel acto de barbarie.

Lo que el viento no se llevó

Lee ha recurrido de forma enérgica con todos sus medios como narrador para denunciar las consecuencias del racismo. Desde su ópera prima Nola Darling (1986) —su heroína negra y feminista que en 2017 fue readaptada como miniserie de televisión por Netflix—, sus películas formulan una historia circular. Haz lo correcto (1989) se anticipó a los disturbios de 1992 en Los Ángeles. Malcolm X no comienza con la imagen de ninguna película clásica del cine americano, sino con la filmación en 1991 de un videoaficionado de la paliza que un grupo de policías blancos le da al taxista negro Rodney King a un lado de la autopista. En su musical Chi-Raq (2015) denunció la tenencia de armas y la violencia entre pandillas en su país, con críticas frontales hacia la propia comunidad afroamericana. La película toma como referencia la violencia en que viven los barrios del sur de Chicago.

En El infiltrado del KKKlan no solo se intercalan frases del actual presidente Donald Trump entre los miembros del Klan durante los años setenta, sino que el mandatario se impone como una presencia poderosa hacia el final de la película, donde se reproduce el famoso segundo discurso presidencial sobre los hechos de Charlottesville, que casi le cuestan la presidencia a Trump. El paralelismo entre el actual presidente y David Duke es llamativo (el propio Duke real aparece también haciendo declaraciones en ese tramo final, emocionado por lo que considera un apoyo de Trump al Ku Klux Klan). Ambos líderes son referentes del concepto de “posverdad” por los estilos de sus oratorias, que a través de una retórica de confrontación y de búsqueda de un sentido de control apelan a provocar las emociones en las masas por sobre el pensamiento individual, racional. En Charlottesville el 11 y 12 de agosto 2017 murió una activista y hubo diecinueve heridos. En una imagen, un neonazi atropella con su auto a manifestantes que protestaban contra el crecimiento de la extrema derecha en el país. En otra imagen, decenas de racistas marchan con antorchas durante la noche mientras reivindican a la “sangre aria”, al nazismo, al Klan, a su líder Duke y al presidente de Estados Unidos. Los supremacistas blancos que se manifestaron en Charlottesville coreaban “los judíos no nos reemplazarán” y el eslogan nazi “Sangre y tierra”. En un primer discurso Trump condenó a los extremistas, pero en un segundo discurso afirmó que entre ellos también había “buenas personas”. En un tercer discurso tuvo que dar marcha atrás y volver a condenar a los racistas.

Lee había terminado de filmar su película cuando vio por televisión estos enfrentamientos en el sur de su país, según dijo en conferencia de prensa del Festival Internacional de Cine de Cannes de 2018, donde el film ganó el Gran Premio del Jurado. Vio que el cierre de su historia no le correspondían ni a él, ni a su ficción y ni siquiera a Stallworth. El final aterrador se lo otorgó a un presidente de Estados Unidos al que aún se niega a llamar por su nombre.

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