carlos maggi y el teatro

El ser puesto en escena

Renovó el teatro uruguayo en la década del 50 y 60. Lo explica el actor y director uruguayo Ruben Yáñez en la presentación de la obra "La noche de los ángeles inciertos" de 1962.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
El patio de la torcaza (1967) llevada a escena por la Comedia Nacional

LA NOCHE de los ángeles inciertos de Maggi planteó al ser puesto en escena —y desde adentro— todos los problemas esenciales que se ofrecen estéticamente a la realización teatral. La problematización permanente del espectáculo convencional surge de su intrínseco neo-convencionalismo. Esta conducta creadora de Maggi se produjo, no como pre-supuesto, sino como resultado de la materia dramática que eligió y el sometimiento riguroso a las leyes que ella proponía. ¿Cuál fue esa materia dramática? La peculiar óptica de un siquismo reblandecido por los golpes. Su personaje, Costita, es un boxeador retirado. Este elemento es, sicológicamente, el puente estrecho y primario para que el público acceda a un mundo distorsionado, que muchas veces es el suyo; y estéticamente, un pequeño lazo tendido hacia la verosimilitud aristotélica.

De esta manera la obra es, pendularmente, dos cosas: un objeto para la óptica del espectador (como son la mayoría de los textos convencionales) y una óptica para la objetividad del espectador (que es donde radica su neo-convencionalismo). Es decir, que a veces el público ve lo que le pasa a Costita en su mundo circundante, y otras veces, las más, ve lo que ve Costita, lo que imagina, lo que piensa, lo que ama, lo que teme.

Dicho de otra manera: la obra deviene encaramada en la conclusión berkeleyana de que "ser, es ser percibido", con la particularidad de que en este caso quien percibe no es el intelecto divino sino una existencia humana quebrada.

(extracto de la presentación del libro que reproduce el texto de La noche de los ángeles inciertos, 1962).

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