novela de yasmina reza

Y de pronto, lo tremendo

Ficción sobre vidas insignificantes, en un cóctel típico francés.

Yasmina Reza
Yasmina Reza

Una nota de vulgaridad y otra de espíritu incisivo, más una fría inteligencia para agitar el humor en secuencias comprometidas y escabrosas es el cóctel típicamente francés de Babilonia, la novela con la que Yasmina Reza (1959) ganó el premio Renaudot. Autora de la obra de teatro Arte, que le dio reconocimiento internacional, actriz, dramaturga y guionista, Reza concentra la trama alrededor de Elisabeth, una ingeniera de patentes que prepara una cena con amigos para levantarse el ánimo, lastimado por las evidencias de la vejez —tiene sesenta y dos años—, un matrimonio demasiado sereno y los hábitos regulares de una vida sin sorpresas. El hijo se ha ido a vivir solo, acaba de perder a su madre, y prepara una cena con más invitados de los que está segura de poder acomodar, por lo que acude a la ayuda de los vecinos del piso de arriba, que le prestan sus sillas, y a los que también invita. Un eco de Mrs. Dalloway sobrevuela las páginas de tono melancólico frente al acoso de los recuerdos, las rutinas, el desasosiego, pero la trama da un giro inesperado cuando después de una cena colmada de conversaciones y discusiones triviales, a poco de partir el último invitado, el vecino del piso superior, Jean-Lino, regresa a decirles que acaba de cometer una atrocidad.

Jean-Lino es un hombre tranquilo, también de edad avanzada, como su mujer, cantante aficionada de jazz y con una conciencia naturista que raya el fanatismo, en especial si trata de rechazar la producción de pollos. Ella tiene un nieto poco inclinado a aceptar los cariños de Jean-Lino, que se consuela con un gato doméstico, y los detalles que quieran agregarse a las apariencias de unas vidas sin grandes emociones caben en el registro de esta novela orientada a narrar la deriva de unas vidas tranquilas y banales hacia la irrupción de lo tremendo. A partir de entonces, el relato avanza con un tono de tragicomedia policial, contrariedades sembradas de humor negro y secuencias judiciales sostenidas por el entretenimiento.

Pese a las pretensiones iniciales, no hay en Babilonia un desarrollo psicológico de los personajes, apenas apuntes sobre las conductas de los personajes, y no lo hay porque en todo el relato alienta la idea de que la mayoría de las personas viven unas vidas insignificantes. “Las personas nacen y mueren sin que nadie se percate de su presencia y sin lograr grandes éxitos; cruzamos la existencia sin ruido, sin haber sido felices”, sintetiza la narradora con el muy extendido prejuicio de que detrás de una vida vulgar solo hay insatisfacciones que pueden volverse peligrosas. Un mayor desarrollo de la intimidad de los personajes habría obligado a la autora a desmentir la supuesta irrelevancia de los destinos sencillos, cuyo drama pretende iluminar. En todo caso la habría colocado frente al sinsentido de la experiencia de una manera más robusta.

La traducción peninsular genera no pocas distorsiones, todas penosas y salvables con resignada voluntad lectora.

BABILONIA, de Yazmina Reza. Anagrama, 2017. Barcelona, 206 páginas. Distribuye Gussi.

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