Poéticas de Milán

Los poetas en la pandemia (V)

La poesía se suelta. La poesía mística se deja caer. 

Eduardo Milán
Eduardo Milán

La eternidad con su cola invisible barre lo que intentamos contingente. El triunfo de la eternidad que habíamos pensado que al fin nos dejaría estar aquí de aquí. Pero en un caso límite vuelve a presentarse con su escoba de arrebato y se lo lleva todo. La eternidad tiene cola de paja. El miedo ya es una acumulación de miedos. Y los que salgan del otro lado tendrán que seguir peleando por un poema vivo de aquí, no vivo de allá. El miedo media en estos casos como una clase que fue. Ella no vuelve por sus fueros. ¿Volver a qué? ¿Volver a dónde? Se vaticinan años perdidos por anticipado. América Latina rezagada en retazos. Harapos, o sea, más pobre. La globalización parece que ahora sí se fue. El carro de la indigencia tirado por el caballo de la indigencia con el perro de la indigencia al costado y el que recoge basura parado como un Caronte con dos riendas en las manos. Una metáfora cara para quien no la tiene. Una barca que nadie vio salvo en un mito entre dos titanes pétreos. Este no es el tiempo del mito. Todavía reina el petróleo como Pedro el Grande. O sea, antes de la gran huelga de mujeres que tiró al zar en un lance de azar que Nicolás hubiera querido abolir. En el lance del azar contra la sangre azul gana el azar. La poesía no era muy amiga de las fechas. Pero Derrida recordó que a Paul Celan le gustaban las fechas. Poema. Y abajo 2020. ¿Qué 2020? El año que expandió mortalmente un virus que unos días antes nació en el mercado de Wuhan, China. El gobierno chino durante seis días cruciales de enero omitió denunciar la gravedad del hecho. Poema. Y abajo 2020. Y arriba del número el poema se vuelve una lápida.

Al servicio de una consciencia que se está tomando su tiempo uno carga las fechas de un lugar a otro. Pesan las fechas. Los días ensamblan naturalmente. No saber cuándo es domingo. ¿Alguna vez lo supo si no trabaja, si no lleva algún niño al parque, si no va con el mismo niño o con otro al cine de tarde o de noche? Estuvimos mucho tiempo tratando de sobrevivir en un espacio más que enrarecido, casi irrespirable. Preparándonos, preparándonos. Y otros tratando de acomodarse a como dé lugar, que mucho no daba. La sensación de que esta cosa estaba planeada no abandona, que planeaba como un bando de cuervos alrededor de un cuerpo todavía ausente, no abandona. La lucha por la hegemonía mundial no tenía que interrumpirse. La poesía se suelta. La poesía mística se deja caer. La alondra se deja caer. Pero la poesía no se abandona. Cambia en ti, no se deja caer.

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