POÉTICAS

Pérdida

La eternidad es una forma, la mejor, del chantaje.

Eduardo Milán
Eduardo Milán

Donde coinciden un viejo de ahora y un joven de ahora es en que ambos pierden. Un viejo ve que se le va yendo la vida —cuando todavía tiene tiempo para ver—, un joven ve que se le va el mundo. Las excepciones se salvan solas. Pero lo que no se salva solo o no se salva constituye ahora el horizonte de lo venidero. Me gustan los momentos en el movimiento de pérdida donde algo se sale. Esto es una excepción. Lo que se sale al costado de la pérdida cuando la pérdida parecería la gran salida del mundo del triunfo. El mundo del triunfo cultiva sus penachos. Se llama allí fastos y fiestas. Aquí se llama lo que hay poco. O lo que, simplemente, no se tiene. Salida no en el sentido de solución ni mucho menos de éxito, el señalamiento oficial de la Gran Puerta, eso ahí por donde todos quieren pasar y no pocas veces provoca el aplastamiento. Pero volviendo al ensayo: yo no escribo ensayo por Simón Rodríguez. Yo escribo ensayo por mí mismo. Mi vida derivó fundada en dos momentos amargos. Amargos como caer antes de la caída, avance la edad avanza hacia su desenlace pero atraviesa distintos mercados, el del sábado en el Eje 10 casi enseguida de dejar Pacífico, desvía el tráfico, el de pulgas donde se espera dar con todo lo que no hay pero allí está, dejado al costado sobre una mesa larga, barato como una suspensión de caer, no caer con la amenaza de caer. Un aplazamiento de caída es difícil de tragar. Eso es lo amargo, también el agua amarga. Y la felicidad juntada es un desbordamiento del mundo ahora. La gente inventa su feliz de modo diferente. Los cultivadores de un feliz ven como infeliz lo de los cultivadores de otro feliz. Parecen los antiguos cultivadores de arroz. No hay consenso en la felicidad. Pero no pasa por la carencia, no pasa por la falta ni por la ausencia de querer. Fue cuando encontré a Simón Rodríguez que me di cuenta de lo que el ensayo había representado para mí. El ensayo es lo que representa a la tierra experimental. Dijo Simón Rodríguez: "O inventamos o erramos". Hay que decir eso. Parece un poeta verdadero, ese que inventa contra la inmovilidad sin concesión a ningún chantaje eterno. La eternidad es una forma, la mejor, del chantaje. Exista o no exista, sea o no más que un deseo, es una práctica de dominio que se propaga como consuelo frente al no tener. Soy pobre pero eterno: ahí cabe la pérdida del mundo. La gente quiso críticos literarios. Ni siquiera críticos. La crítica ahora es intolerable. La gente la remite a la llaga. Hay una llaga viva que interconecta al mundo entre sí. La herencia eterna señala a la crítica como un dedo metido en la llaga. Yo no hago crítica literaria. Yo ensayo con la crítica literaria. Yo ensayo con el ensayo. Y ensayar con lo que ya es ensayo parece una tautología. Y eso es poesía, el subterráneo hirviente de la tierra de la tautología. Poesía fría no hay.

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