Libro del gran antropólogo francés

Las pequeñas alegrías de Marc Augé

Mundialmente conocido por la categoría "el no lugar", Augé se enfoca ahora en los pequeños detalles de la felicidad humana.

Marc Augé
Marc Augé

Natalia Ginzburg les llamó “las pequeñas virtudes”: en libro homónimo, la italiana demostró que de felicidad y astucia sabía. Y de cuando saber deja de ser una virtud, precisamente.

Marc Augé, el gran antropólogo francés (n. 1935), doctor en letras y hombre enciclopédico especializado en etnología, habla en este libro de las “pequeñas alegrías”. En las recetas de la felicidad humana, al parecer, las cosas son nimias, pocas, fugaces, bellas, fortuitas y sobre todo cotidianas. El título lo toma en préstamo de Hermann Hesse, y bajo él se luce con un compendio de historias personales en las que se detiene a sembrar pensamiento y teoría sobre la alegría y la felicidad humana: su genio, obra y costumbres. El pensador de la “sobremodernidad” y el creador de esa categoría todavía deslumbrante, “el no lugar”, desgrana una serie de ideas a partir de algunos paisajes biográficos bellísimos.

Ya en el prólogo elige historiar el concepto moderno de felicidad a partir de un puñado de obras del canon literario universal. Teje y desteje el cordón con que se tensan algunas de las mejores ideas occidental sobre el deseo y el amor romántico moderno. Se sirve de Flaubert y de Stendhal.

Las pequeñas alegrías tienden a ser muchas y al mismo tiempo pocas. O repentinas pero acostumbradas, aunque todo huela a oxímoron. La ceremonia del amor, la del cortejo, la del encuentro y la del reencuentro. Con un amor, con un amigo, con un amante o un antagonista. La del canto (la bella Italia y su bel canto encabezan un capítulo), la de los pueblos que silban o declaman con furor, la de aquellos que gritan o susurran, las de los que se esfuerzan, lloran y duelen por y a través de la voz.

“La lista de las pequeñas alegrías no tiene fin. La de las desgracias tampoco” escribe el autor en el epílogo. Y “no es mi intención aquí una enumeración de las primeras para disimular la existencia de las segundas”, remata. Augé no falla nunca.

Y sigue: “La desgracia de la vida es, en primer lugar, la pobreza que exacerba, cuando no es ella la culpable, la angustia de la soledad, de la enfermedad, del cansancio y el desánimo. La desgracia de la vida es el rechazo por parte del otro o de los otros cuando comporta el desprecio por uno mismo. La desgracia de la vida es el espectáculo de la arrogancia financiera o del proselitismo ciego. La desgracia de la vida es el desfile cotidiano de la estulticia, de la crudeza, del egoísmo, de la indiferencia”.

Hay que leer, descubrir, viajar a través de estas poco más de cien páginas apretadas. Caminar lejos a través de la palabra. Leer, vaya que sí, es una de las más viejas pequeñas alegrías de las que estamos hechos.

A viajar, entonces.

LAS PEQUEÑAS ALEGRÍAS, de Marc Augé. Ático de los libros, 2019. Barcelona, 109 págs. Distribuye Océano.

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