NOVELA DE JOYCE CAROL OATES

Un parto de nalgas

Torrencial obra sobre fanáticos y otros "héroes" de la norteamérica actual

Joyce Carol Oates. Dibujo de Ombú
Dibujo de Ombú

Hay libros que deslumbran por atreverse a temas ríspidos y urgentes y en los que sus autores saben o sospechan que tomar partido moral no es una buena opción literaria. Es lo que ocurre con la última, polémica, torrencial novela de Joyce Carol Oates, una de las narradoras estadounidenses actuales más prolíficas y parejas. Un libro de mártires americanos (2017) ensambla en su trama por lo menos tres grandes asuntos, caros a la literatura y a la propia Oates: el aborto, la pena de muerte y el boxeo. Cómo los ensambla ya es otro tema: por momentos cautiva y sostiene en equilibrio las subjetividades de las que da cuenta; en otros patina en las grietas de la sensiblería. La historia arranca con un ímpetu demoledor en su primera parte, luego oscila entre fragmentos que entretienen y otros que suenan repetitivos, y termina cerrando sus ochocientas catorce páginas de un modo apresurado y aleccionador.

EL PODER.

Un libro de mártires americanos está armado en base a oposiciones. Su núcleo es el abordaje de distintos modos de pensar y concebir la vida y la muerte. Es un enfrentamiento entre Montescos y Capuletos racionales e irracionales del siglo XX y XXI, pero sin que el disparador sea el amor de pareja. Dividida en cinco grandes secciones, con diferentes narradores y puntos de vista, la historia arranca cuando Luther Amos Dunphy, un carpintero techador y ministro seglar de la Iglesia de San Pablo Misionero, asesina con premeditación al médico abortista Gus Voorhees y a su guardaespaldas, un ex combatiente de Vietnam, a las puertas del centro médico donde el primero trabaja. La narración de Dunphy que no huye sino que se entrega a la policía es de un fundamentalismo psicópata que seduce por su ambigüedad; el tipo de voz narradora que estafa involuntariamente al lector porque cree lo que está diciendo aunque sea un disparate. Sobre ese acontecimiento que ocurre el 2 de noviembre de 1999 en la ciudad de Muskegee Falls (Ohio) giran el resto de la novela y sus numerosos personajes entre los que se incluyen además de los familiares de víctima y victimario distintos testigos de sus vidas: policías, carceleros, sacerdotes, capataces de obra, compañeros de estudios, preparadores físicos, rivales boxísticos, etc.

Ese friso tiene sus destaques. Aunque es una novela donde los contendientes principales son dos hombres muy someramente uno representa lo "religioso" y otro lo "científico" que se cruzan a raíz de la moralidad/derecho o no del aborto elegido, el enfoque de las consecuencias está puesto en las mujeres y no porque alguna de ellas deba enfrentarse necesariamente a esa elección sino por su permanencia siempre secundaria en el plano de la afectividad y la negociación. Tanto la sufrida esposa de Dunphy, Edna Mae, que deja su carrera de enfermera para cuidar de sus cinco hijos (una, discapacitada parcial, muere en un confuso accidente de auto viajando con su padre), como la esposa de Gus, Jenna Matheson, que posterga sus aspiraciones para cuidar a sus tres hijos (una, de origen asiático, adoptada) carecen de poder para evitar el contexto trágico al que sus esposos se encaminan. Ninguna logra convencer a uno de que se sosiegue ni al otro de que no se exponga; los "héroes" masculinos buscan su gloria individual. Pero lo cierto es que la muerte inmediata de uno y la extensa reclusión del otro esperando el castigo civil en el "corredor de la muerte" reducen a sus respectivas familias a una diáspora permanente determinando con ironía pero también con golpe bajo de Oates que las madres dejen de cumplir su rol, aunque hayan parido, y que los niños de esta historia tomen la posta de reconstruir con escasas herramientas la Zona Cero de sus vidas. Por supuesto que el 11/S de 2001 está citado a modo de una inserción neoyorkina que le sirve a Oates para hablar del terrorismo, del SIDA y de un sector de la intelectualidad, en un amplio fragmento digresivo de la novela.

LOS MÁRTIRES.

De lo que Oates habla, también, es de la desvirtuación de las palabras y los contenidos, potenciada por esta era de internet que lleva "los abismos y las cumbres de la psique humana a los hogares; desde lo infinitamente valioso a lo inexpresablemente sucio". Desde el título, esa noción de "mártires americanos" plantea dudas y escepticismo, más allá de que nadie espera seguir al pie de la letra las definiciones literales de la Real Academia Española ("Persona que padece muerte en defensa de su religión" o "Persona que muere o sufre grandes padecimientos en defensa de sus creencias o convicciones"). Se autodenominan así los fanáticos provida que asesinan abortistas y también como mártires caen sus víctimas, pero qué decir de los "santos inocentes" que no llegan a nacer, o de los que sobreviven como pueden, testigos de los basureros económicos y sociales del sueño americano donde todo tiende a convertirse en espectáculo evanescente y burdo.

Las que ven o presienten eso, en carne y/o en alma son dos de las hijas de los protagonistas, que colonizan el 70% de la novela: Dawn Dunphy, la tosca adolescente que apenas sabe hablar y termina convirtiéndose en boxeadora apodada "El Martillo de Jesús" (su personaje brinda algunas de las páginas más sabrosas), y la conflictuada Naomi Voorhees, que quiere convertirse en documentalista de la vida y muerte de su padre pero termina interesándose por Dawn Dunphy y el boxeo femenino (otro escalón resbaloso en la eterna lucha de géneros que plantea la declarada feminista que es Oates).

En la obra previa de Oates (Lockport, New York, 1938) hay un antecedente directo de esta novela en el relato "Un libro de mártires" incluido en Mágico, sombrío, impenetrable (2014). Allí una pareja de amantes, Drewe y Conover ella enamorada sin remedio, él un casado defensor de las "libertades civiles" viajan a una clínica lejana para que ella aborte. Ahí los abordan los violentos católicos partidarios de la Liga Provida, armados con el clásico discurso culpabilizador. Oates escapa del reduccionismo ampliando el lente de la mirada, mostrando la complejidad emocional de un asunto que siempre es mayor y más profundo de lo que aparenta:

"La decisión es tuya, había dicho Conover. Por supuesto.
No. No decido yo sola. Decidimos los dos.
Es tu cuerpo. Tu vida. Tú decides.
Amablemente, pero con una heladora forma de ecuanimidad, Conover había pronunciado aquellas palabras. Supo así que era Conover quien iba a decidir".

En Estados Unidos, el debate sobre el aborto y la pena de muerte sale a relucir cada tanto y las voces que se escuchan suelen ser las más agudas y estridentes. De un lado la derecha, el armamentismo, la religión; del otro el feminismo, la intelectualidad, la izquierda o el centro. En su discurso público Oates siempre ha tomado partido y sigue con atención los pormenores y barbaridades de esa lucha. En una entrevista de noviembre de 2017 para el diario madrileño El País, no niega haberse inspirado en el médico abortista George Tiller, herido de bala por una extremista provida en 1993 y finalmente asesinado por otro el 31 de mayo de 2009 en Wichita, Kansas. Su literatura es fiel a su discurso y a su partidismo, pero también contiene otras fidelidades, más intrínsecamente literarias. Por eso en Un libro de mártires americanos es capaz de transmitir matices y entrelíneas más allá de los obcecados Dunphy y los progresistas Voorhees, todos ellos síntomas de un malestar humano privado y público que los excede.

UN LIBRO DE MÁRTIRES AMERICANOS, de Joyce Carol Oates. Alfaguara, 2017. Barcelona, 814 págs. Trad. de José Luis López Muñoz. Distribuye Penguin Random House.

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