Francisco y sus enemigos

Un papa entre los lobos

Un papado en conflicto merecía un libro así, que ayuda a tomar posición militante.

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Papa Francisco

SAN FRANCISCO de Asís vivía en Gubbio. Un lobo asolaba la comarca. El Santo lo enfrentó, sólo con su fe, y el lobo se avino a vivir en paz con la gente, que lo cuidó y alimentó, hasta que murió de viejo.

Marco Politi (1947), experto en el Vaticano, evoca esta leyenda desde el título de su libro, Francisco entre los lobos, El secreto de una revolución, pues es un papado que promete muchos cambios si el máximo pontífice logra vencer las resistencias y enemistades —abiertas y encubiertas— que suscita su postura humilde pero enérgica. Entre estos "lobos" se cuentan la mafia, la camorra napolitana y la 'ndrangheta calabresa, y los prelados dispuestos a hacerles favores a estos delincuentes excomulgados por Bergoglio. Son dignatarios que defienden el aura sagrada del Papa, pero para lucrar a la sombra del trono y lavar dinero en el IOR (Instituto para las Obras de Religión), chanchullos a los que se opuso Benedicto XVI y que Francisco quiere cortar de raíz, porque "San Pedro no tenía un banco".

Pero también tiene enemigos entre el laicado conservador. Ellos poseen, por su posición social, más capacidad de lobby que los creyentes más humildes que simpatizan con el Papa. Y no tienen reparo en jugar fuerte. Véase, por ejemplo, este planteo de Lucrecia Rego de Planas, ex directora de la edición española de Catholic.net en México: "Nos está confundiendo y ya no sabemos cuál es nuestro territorio y cuál es el frente enemigo (…) Yo no quiero pastores con olor a ovejas, sino ovejas que no tienen olor a estiércol, porque su pastor las cuida y las mantiene siempre limpias". Todo un desafío. Hay católicos a los que un pontífice abierto al cambio no les parece sagrado ni infalible.

CAMBIO, INERCIA, DUDA.

Politi tiene experiencia en tratar la fragilidad y las crisis de la estructura clerical, como lo prueban sus libros La confessione, Un prete gay racconta la sua storia (La confesión, Un sacerdote gay cuenta su historia), del 2000, o Joseph Ratzinger, Crisi di un papato (Joseph Ratzinger: crisis de un papado), de 2011. Este nuevo libro analiza y apoya la gestión de Bergoglio y lo que éste representa desde sus días como Arzobispo de Buenos Aires: una iglesia humilde y comprometida con los pobres, capaz de colaborar con gentes de otros credos en pro del bien común y con obispos capaces de viajar en subte y entrar caminando a las "villas miseria". Esa Iglesia, que el Papa ha comparado con un hospital de campaña cuya primera misión es atender a heridos y agonizantes, debe dejar las preguntas doctrinales para luego.

Pero hay temas difíciles de impulsar. Bergoglio no admite el matrimonio gay, pero afirma que si un homosexual es honesto y busca a Dios él no es quien para juzgarlo. Eso hace que muchos prelados y clérigos frunzan la nariz. Incluso en temas menos urticantes, como admitir que los divorciados vueltos a casar reciban la eucaristía.

No todas las oposiciones son signo de mala intención y enemistad. Uno de los principales apoyos de Bergoglio, ya desde el cónclave, es el Cardenal OMalley, Arzobispo de Boston. Sin embargo ha declarado sin ambages que considera inviable que los divorciados comulguen. OMalley es frontal, mientras que muchos cardenales y obispos, en el Vaticano y en el mundo, optan por una estrategia dilatoria para que el tiempo neutralice los impulsos de reforma. Ejemplo de esto es el trato desigual que en 2014 dieron las conferencias episcopales a la encuesta que Francisco envió como preparación para el Sínodo que trataría el tema de la familia en los tiempos actuales (cuya segunda parte tendrá lugar ahora, en octubre). Mientras que en algunos países se les dio amplia difusión entre el laicado, para que se expresara con libertad, en otros el cuestionario ni siquiera estaba "colgado" en las páginas web de las diócesis.

EL PAPA EMÉRITO.

Este libro ayuda a discernir en qué áreas este Papa continúa a Juan Pablo II y a Benedicto XVI, en cuáles profundiza sus planteos y en qué otras explora nuevos rumbos. Politi valora la abdicación de Benedicto XVI; considera que fue un acto de humilde valentía que sentará precedentes e hizo posible que el cónclave se arriesgara con un Papa diferente. Destaca la lealtad de Ratzinger para con su sucesor, pese a las obvias diferencias de rumbo. Señala que el propio Francisco ha indicado su voluntad de abdicar si no se sintiese con fuerzas para cumplir sus tareas, lo que contraría a los sectores más tradicionalistas, partidarios del papado vitalicio.

Los capítulos sobre el cónclave y las reacciones que este Papa diferente ha provocado en la curia Vaticana en particular y en la Iglesia en general, ayudan al lector a hacer su vaticinio sobre el futuro de este proceso que Politi califica de revolución, y también a tomar posición militante, pues es un papado en conflicto. El autor destaca el enorme apoyo que tiene el Papa entre los laicos e incluso entre muchos no creyentes a la hora de impulsar cambios, pero también el poder y la organización que algunos grupos de la jerarquía y el laicado conservador tienen para frenarlos.

UN HOMBRE QUE APRENDE.

Politi recoge la autocrítica del Papa sobre su gestión como Provincial jesuita para el Río de la Plata. El propio Bergoglio considera personalista y autoritaria esa gestión, debida en buena medida a su inexperiencia. Ese período coincidió con el inicio de la dictadura Argentina. Bergoglio ayudó discretamente a no pocos perseguidos, pero no permitió que sus curas tomasen una actitud de oposición abierta, por considerarla riesgosa. La persistencia de dos sacerdotes en esa actitud —y su prisión y tortura— dio base a acusaciones de colaboracionismo que el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel ha insistido en desmentir.

Pero ni el Arzobispo de Buenos Aires ni el actual Papa son aquel Provincial de los jesuitas. Bergoglio ha aprendido, sin renunciar a su responsabilidad jerárquica, a trabajar en equipo, a escuchar y consultar. Una de las principales banderas de su gestión es la "colegialidad", la consulta frecuente con los obispos y conferencias episcopales, a las que quiere más autónomas con respecto a Roma. Aunque parezca mentira algunos episcopados —y en especial el de Italia— se resisten y piden que el Papa siga decidiendo desde el Trono (pero prudentemente neutralizado por los protocolos de la Curia).

Por otra parte está el tema de las mujeres. Si hay un capítulo postergado en materia de cambios eclesiales, es la apertura del diaconado y el sacerdocio a las mujeres. El propio Bergoglio, en virtud de resoluciones sobre el tema de Juan Pablo II, ha declarado que "esa puerta está cerrada". Sin embargo su agenda feminista es potente. Una fuerte señal ha sido integrar a la irlandesa Marie Collins, que fuera violada por un sacerdote a los trece años, a la comisión vaticana que lleva adelante la política de tolerancia cero para con estos abusos.

Es de sumo interés el capítulo "Las párrocas escondidas" que aborda, entre otras experiencias de participación femenina, la de Monika Smid, "Directora de parroquia" de la pequeña ciudad Suiza de Effretikon. Aunque no puede oficiar misa, celebrar matrimonios, ni confesar, es la "pastora" laica que ha querido y defendido esa comunidad católica pese al disgusto de sus obispos, en un país en el que, como en casi todos, hay pocas vocaciones sacerdotales.

FRANCISCO ENTRE LOS LOBOS, El secreto de una revolución, de Marco Politi. Fondo de Cultura Económica, 2015. Buenos Aires, 340 págs. Distribuye Gussi.

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