Novela histórica uruguaya

La novela del enigma: quién mató a Venancio Flores y a Bernardo Berro

Fernando Klein arriesga hipótesis para llegar a la verdad, en una novela que le debe mucho al policial y al western.

Fernando Klein
Fernando Klein

El 19 de febrero de 1868, en la breve cuadra de la calle Rincón entre Ciudadela y Juncal, un grupo de sicarios atentaron contra el carruaje del polémico expresidente Venancio Flores y sus acompañantes. A diferencia del clima que impuso la pintura de Blanes que lo recrea, de cierta soledad artera, morosa, el ataque fue una desprolija carnicería donde volaron balazos y cuchilladas por doquier. Al mismo tiempo, en otras partes de la ciudad —y quizá coordinada con este atentado— se gestaba una revuelta liderada por el expresidente Bernardo Berro que fracasó a las pocas horas. Tras ser capturado, Berro fue acusado del asesinato de Flores, y ejecutado sin más trámite. Ese día se conoció como “el día de los cuchillos largos”, pero las matanzas continuaron: se estima que las venganzas dejaron entre 500 y 1.000 muertos.

Fernando Klein dedica al cruento episodio la novela Mataron a Flores. Pone al personaje Juan Cruz, de claras evocaciones borgeanas, a investigar los asesinatos de Flores y Berro. Es una novela histórica que busca indagar sobre la identidad de los asesinos, y revelar el gran enigma que aun persiste. Tiene mucho de novela policial, con tono de western.

Cruz se aventura por aquel peligroso Montevideo como un detective o agente secreto bajo la protección del presidente Lorenzo Batlle. Logra dar con algunos asesinos, los hermanos Baraldo que, llegados a un pueblo, se habían instalado en el prostíbulo tras aterrorizar a los pobladores. Entonces llega Cruz con sus revólveres Colt: “lanzó una piedra y rompió el vidrio de esta: los tipos se levantaron y comenzaron a disparar hacia ese lugar, con lo que Juan aprovechó y mató de un balazo certero (...) al que tenía la grapa en la mano. Los Baraldo lanzaron una silla por la ventana por la que había entrado el tiro, pero Cruz ya se había colocado al otro lado del edificio; ingresó y quedó parado en silencio detrás de los individuos”. Si el lector escuchó lejanos acordes de música de Ennio Morricone en plan spaghetti western, está disculpado.

Cruz alcanza también a otro sospechoso, el “Goyo Jeta” Gregorio Suárez, quien está en una barbería de la calle Reconquista plácidamente tirado en un sillón en manos del barbero. Cruz desmaya al barbero y sigue afeitando al Goyo con la filosa navaja en el cuello para atormentarlo y sacarle una confesión. Es una escena tensa pero a la vez tan trillada que le genera evocaciones incontroladas al lector, sea con cualquier barbería en el salvaje Oeste norteamericano o en Brooklyn en los 70 con mafioso italiano. Hay que ser cuidadoso con las imágenes que se eligen; desatan evocaciones sobre las que luego no hay control.

Mataron a Flores es una novela entretenida, con ritmo, donde además Klein arriesga su teoría. “Es un grave error estudiar ‘el día de los cuchillos largos’ como una sucesión de eventos desafortunados (y no_como) dos crímenes vinculados entre sí”. Si habrá para conjeturar.

MATARON A FLORES, de Fernando Klein. Sudamericana, 2021. Montevideo, 152 págs.

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