En el centenario de su nacimiento

Dos nouvelles de Julio C. da Rosa

Rancho amargo y Tiempos de negros, dos piezas clave en la narrativa de este uruguayo grande, Julio C. da Rosa.

Julio C. da Rosa
Julio C. da Rosa

La narrativa uruguaya del pasado siglo ha dejado, desde Horacio Quiroga en adelante, grandes obras cuentísticas. Tan cierto, pero menos repetido, es el altísimo nivel alcanzado en igual período por los cultores de la novela corta.

Destaca entre ellos Julio C. da Rosa (Treinta y Tres, 1920 – Montevideo, 2001), que evocó con memoria amorosa y pluma precisa, desde su desarraigo montevideano, sus pagos natales. En su reciente centenario se publicaron en un solo volumen Rancho amargo y Tiempos de negros, que son, como bien señala Carina Blixen en el prólogo, junto con Juan de los desamparados, lo más logrado de la obra de este narrador olimareño, que tuvo a Juan José Morosoli como amigo y maestro.

Los personajes de da Rosa son humildes, por su estatus social, pero de alma rica y compleja. El protagonista de Rancho amargo es Santos Mieres, un contrabandista de frontera que tiene un sueño sencillo: un rancho, una mujer con la que tomar mate, un hijo a su alrededor. La mujer es Margara Barreto, la prostituta con la que se inicia de muchacho, y que tras escucharlo lo bautiza “el hombre del rancho”. Ella le ofrece “colgar los hábitos” para ser su mujer. En acercarse y alejarse a la concreción del sueño se les va la vida. Es un relato melancólico donde no importa la expectativa por el desenlace, sino cómo los personajes viven en su interior lo que les pasa.

Con la misma ternura pero más humor, las dos historias que se cruzan en Tiempos de negros son protagonizadas, respectivamente, por Idalina y Julieta, dos prostitutas negras que se quieren como madre e hija, y por el Tío Elías, un negro centenario, soldado de Aparicio, que cuenta a los jóvenes las historias de los días gloriosos en los que en el caserío de Los Talas sólo había negros retintos, y no de piel “más leche que café”.

El autor, que fue diputado colorado entre 1962 y 1966, pinta con amor y respeto a los negros blancos como hueso’e bagual que pelearon con Aparicio. Importa la humanidad, como prueba este pasaje, en el que dos negros de bando opuesto se enfrentan hundiéndose en un tembladeral, y ante la pregunta “¿Blanco o colorado?” de uno, el otro responde “Por ahora, cagado hasta los pelos, ¿y el señor?” Salen juntos y amigos.

Vale la pena hacerse amigo de este olimareño.

RANCHO AMARGO y TIEMPOS DE NEGROS, de Julio C. da Rosa. Banda Oriental, 2020. Montevideo, 128 págs.

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