DIARIOS DE MARINA TSVIETÁIEVA

Nieve roja

No solo es un testimonio valioso sobre la revolución de 1917. También son textos de un gran valor literario.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Marina Tsvietáieva

MARINA Tsvietáieva (1892–1941) fue una de las voces más jóvenes y originales de lo que se conoce como "Edad de Plata" de la literatura rusa, que transcurrió entre la última década del siglo XIX y las dos primeras del XX. En poesía el período se caracteriza por el desarrollo de un fuerte movimiento simbolista y la eclosión de las vanguardias, incluyendo una de neto cuño ruso, el acmeísmo, en el que destacaría —por su obra y su ejemplo moral— la poeta Ana Ajmátova (1889-1966), muy admirada por Marina. Pero todo cambió en 1917 con la Revolución Bolchevique y la Guerra Civil. Aunque no fueron pocos los escritores que sobrevivieron, algunos en la URSS, más o menos perseguidos por el sistema, y otros en el exilio, ya nada sería igual. La publicación de los diarios de Tsvietáieva bajo el título Diarios de la revolución de 1917 permite comprender mejor esos años y su impacto.

LA SANGRE Y EL HAMBRE.

En sus diarios la poeta rememora con un sentido profético un pasaje del poeta judeoalemán Heinrich Heine: "Y yo les digo que vendrá un invierno, durante el cual en el Norte toda la nieve será de sangre". Marina pasó la Guerra Civil en Moscú en una posición muy insegura, pues su marido Serguéi Efron, al que no vería sino hasta exiliarse en 1922, ya concluida la contienda, era oficial de la Guardia Blanca que combatía a los bolcheviques. Hubo de mantenerse ella y a sus hijas, Alia e Irina. Ésta última murió de hambre en un orfanato en el que la colocó su madre pensando que sería lo mejor para la niña. Marina escribió: "La hija cuyo padre han matado - es huérfana. La esposa cuyo esposo han matado - es viuda. ¿Y la madre cuyo hijo han matado?".

Años de angustia y miseria que fueron subrayando en su físico un desgarbo de patito feo. Años en que predominaba la fealdad, como una faceta más de tanto horror. Sobre sus cabellos cortos, que luego se volverían moda femenina, escribe en una nota al pie: "Esa moda llegó después. En Rusia, con el tifus, es decir, en 1919-1920; en Occidente, en realidad no sé por qué, ni en relación con qué, en 1923-1924."

Debió conseguir empleo en Moscú , una ciudad donde la escasez y la carestía marcaban el ritmo de vida. En 1919 la poeta sacaba estas cuentas:

1 libra de harina  - 35 rublos.

1 libra de patatas - 10 rublos.

1 libra de zanahorias - 7 rublos 50 kopeks.

1 libra de cebollas - 15 rublos.

El arenque -  25 rublos.

(La paga  - los nuevos sueldos aún no se han aplicado -  es de 775 rublos al mes).

El empleo que más le duró fue en el Narkomnats (Comisariado Popular para los Asuntos de las Nacionalidades). Aquello era un caos. En su sección debía fichar y clasificar recortes de periódico que refirieran a las distintas nacionalidades de lo que iba a constituirse como la URSS. La tarea era tediosa, nunca la comprendió (renunció al empleo sin haber terminado de clasificar sus recortes) y los diálogos que reseña con su jefe (un esperantista bastante iluso y bonachón que había creído que la Revolución sería la gran oportunidad para imponer el idioma universal) dan la idea de que nadie sabía bien cuál era el sentido de esa oficina, que también tenía, como tantas oficinas públicas, quienes cobraban sin asistir al trabajo.

Pero el temperamento de Tsvietáieva, incompatible con cualquier clasificación o sistema, tampoco ayudaba: "Dejo el Comisariado. Lo dejo porque no puedo elaborar una clasificación… exactamente igual que con el álgebra a los quince años, (y la aritmética -  ¡a los siete!)… Igual que con la costura no entiendo… con toda mi toneládica vida cotidiana terrestre: no entiendo, no puedo, no lo logro."

EL ALMA Y EL ESÓFAGO.

Estos diarios no son una denuncia en clave partidaria. Cuando denuncia a algún comunista corrupto, es por corrupto y no por comunista, si bien cree que el comunismo es un sistema inhumano e inaplicable. Hay pasajes en los que incluso elogia la coherencia y frugalidad de algunos viejos militantes. Pero ella iba más allá.

Para entenderlo hay que poner especial atención en "De la gratitud", sección de este libro donde la poeta desarrolla su postura no sólo sobre el agradecer, sino sobre el dar y el recibir, y por supuesto sobre la generosidad. Acuciada por el hambre, aprecia el pan que alguno le pueda brindar para su esófago, pero valora mucho más el darse de alma a alma, que trasciende el orden material de lo dado y recibido. No puede sorprender que al mismo tiempo que Lenin busca agrupar a todos los partidos comunistas en la Tercera Internacional, Marina concluya este volumen proclamando: "Pasión por cada uno de los países como si fuera el único  - eso es mi Internacional. No la tercera, la eterna."

Tras un exilio en Checoeslovaquia y Francia, tras ser reclutado su esposo por la NKVD (antecesora de la KGB), Marina regresa a la URSS en 1939. Fue un calvario: su marido fue fusilado, su hija Alia fue a prisión y ella misma no tuvo casi con qué ganarse la vida, sobreviviendo con la ayuda de unos pocos amigos, entre ellos el poeta y novelista Boris Pasternak (1890-1960). Poco después de la invasión nazi fue evacuada a la remota aldea de Yelabuga, donde se ahorcó el 31 de agosto de 1941.

Hay pasajes de estos diarios, como su reflexiones junto al féretro del actor suicida Alexéi Alexándrovich Stajovich, que pudieran inducir al lector a pensar que la tendencia suicida ya estaba en la poeta más de veinte años antes. Pero hay también textos que permiten sostener lo contrario: en los apuntes de su libro Indicios terrestres (apuntes que fueron incluidos en estos diarios), caracteriza al suicidio como un heroísmo del cuerpo, pero como una cobardía y dejadez del alma. Un dato: los habitantes de Yelabuga rumorearon por décadas que se había ahorcado obligada por agentes de la NKVD.

APUNTES Y AFORISMOS.

En lo estilístico este es un libro rico y variado. Los apuntes rápidos, agudos y con humor ácido de las secciones iniciales ("Libre tránsito" y "Mis empleos") contrastan con el lirismo de otros tramos, en especial el referido a la muerte de Stajovich. En cambio hay otras secciones, en especial "Del Amor" y "De la gratitud", en las que la autora logra condensar su pensamiento en fórmulas concisas, de redondeo perfecto y agudeza demoledora. Va un ejemplo:

'La vida entera se divide en tres períodos: el presentimiento del amor y el recuerdo del amor.'

Yo:

—Y el del medio dura de los 5 a los 75 años, —¿verdad?

Diarios de la revolución de 1917 es un libro que tiene un doble valor: por la calidad literaria de sus textos, y como testimonio acerca de la Revolución de Octubre. La edición es sobria, elegante y cuidada. Lo único, algo incómodo para el lector, es que las notas de la traductora van al final del volumen, y no al pie de página.

DIARIOS DE LA REVOLUCIÓN DE 1917, de Marina Tsvietáieva. El Acantilado, 2015. Barcelona, 224 págs. Traducción de Selma Ancira. Distribuye Gussi.

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