JAVIER CERCAS SOBRE LA GUERRA CIVIL

La narrativa del nieto

Un relato "cosido a la realidad", según señaló el propio autor español.

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Javier Cercas

La novela que dio celebridad al español Cercas, Soldados de Salamina (2001), culminaba con la idea de que la literatura debe contar la historia de los olvidados, combatientes anónimos "de todas las guerras de antemano perdidas" (en particular de la Guerra Civil Española), para fijar algunos de sus nombres y sus pasajes por el mundo, antes de que desaparezcan con los vivos en cuya memoria todavía existen.

El monarca de las sombras es otra buena novela sobre esa Guerra Civil, género de actualidad, lo que evidencia una herida no suturada. Los personajes de Cercas ejemplifican la vigencia del dolor de la guerra todavía en la segunda y tercera generación. Sobre el final, cuando narrador y lector esperan un alivio, deben enfrentarse a ciertos muros no derribados: "si veía llorar por primera vez en mi vida a mi madre, ahora y allí, la guerra habría por fin acabado. Pero no hubo lágrimas. […] Esto no se acaba —me dije—. No se acaba nunca".

Cercas persigue un relato "cosido a la realidad", que se va explicando a sí mismo mientras documenta una pesquisa (entrevistas familiares, visitas a archivos, testigos e historiadores, mucho estudio y viajes por media España) para "entender" la vida y la muerte —también el mito— de Manuel Mena, tío abuelo por parte de madre y alférez muerto en el frente del Ebro con 19 años, mientras combatía como voluntario de Falange.

Se trata, además, de una novela sobre la familia y la forma en que ésta, o mejor aún, la madre, "escribe" el destino de los hijos. El autor, también personaje —detective y escritor de la historia— rinde culto a ciertas intuiciones familiares, como la que detecta en su tío, quien "a la manera de la gente humilde, sentía que las historias sólo existen del todo cuando alguien las escribe". El monarca... completa el sentido de Soldados... en varios aspectos. Aquélla reivindicaba el heroísmo en unos jóvenes y oscuros soldados que, aún sin saber por qué, habían seguido "siempre hacia adelante". Ésta va en busca de un muchacho idealista y puro, capaz de morir por unas ideas y un concepto de patria —por equivocados que fueran— y encuentra la lección de Aquiles, según aparece en La Odisea, anhelando haber conocido la vejez como "siervo de un siervo" entre los vivos, antes que "monarca de las sombras". Busca entender a Manuel Mena, triunfador de la guerra en su muerte "perfecta" y encuentra a un trágico perdedor. Entonces, la grifa que ha caracterizado a las ficciones de la generación de Cercas como "narrativas del nieto derrotado" vuelve a ser exacta.

Como en casi toda su obra, el relato tensa los límites entre ficción y realidad, borrando a cada paso las fronteras. Aquí la materia ayuda, porque al indagar en el pasado ominoso de la familia busca purgar su culpa y liberarse de una vergüenza personal. Hay una doble estrategia: la recurrencia del narrador acerca de que "no es un literato" y de su incapacidad para inventar, la inclusión de fotos y documentos, se contrapesan con la reflexión sobre lo íntimo y el gesto de incorporar a la historia todo aquello (inventado) que precisamente se dice dejar afuera.

Cercas ha confesado su ideal: las "novelas fáciles de leer y difíciles de entender", como el Quijote, su favorita. El monarca... tiene su complejidad y sus desafíos, y también es fácil de leer, salvo por algunos capítulos en que el relato de la guerra aprieta de modo angustiante. En especial el de la tristemente célebre Batalla del Ebro, con sus al menos 25.000 muertos, la mayoría anónimos, unos cuantos uruguayos. Es necesario atravesar ese cerco de angustia y poder superarlo para alcanzar la catarsis al mismo tiempo que el narrador.

En un punto más El monarca... se toca con Soldados...: en las dos se atribuye el origen de la novela a una epifanía, bien el descubrimiento de la alegría como fuerza irracional imperativa, bien la revelación de la continuidad de la vida en tanto materia, que en su persistencia se sobrepone a la idea corriente de la muerte. Entonces, el "no se acaba nunca" adquiere un sentido nuevo y esta vez sí, liberador.

EL MONARCA DE LAS SOMBRAS, de Javier Cercas. Random House, 2017. Buenos Aires, 283 págs. Distribuye Penguin Random House.

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