El humor de lenny bruce

Monologuista de culto

Textos reunidos del cómico neoyorquino que revela risas, pero también rabia y resentimiento.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Lenny Bruce

Los humoristas reflejan la sociedad donde viven. Benny Hill sobre la Inglaterra de los años 70 y 80, Pierre Richard en Francia de la misma época, y Tinelli, para bien y para mal, sobre la sociedad argentina de los últimos años —Peter Capusotto también—, tanto como el humor complaciente y demagogo de un parodista local podría dar pistas sobre la sociedad uruguaya actual.

Así, Lenny Bruce, monologuista de culto (Nueva York, 1925-Los Ángeles, 1966) es complejo, contradictorio, sutil, brutal, lúcido, iconoclasta, procaz, autodestructivo, inteligente, burdo, y muy, muy entretenido. Todo a imagen de la sociedad estadounidense de mediados del siglo XX. La serie de textos biográficos compilados en Cómo ser grosero e influir en los demás nació a pedido de Hugh Hefner, que los publicó por entregas en su revista Playboy entre 1964 y 1965. Estos textos —personales, subjetivos, por momentos hilarantes o destilando rabia y resentimiento— nos pasean por un universo contradictorio que conviene leer en el contexto de su tiempo.

Los sucesivos capítulos llevan al lector por la niñez de Bruce, su familia desintegrada, el enrolamiento en la armada a los 17 años y su experiencia como combatiente en la Segunda Guerra Mundial. También por su trabajo en clubes nocturnos, su casamiento con una stripper y sus actividades delirantes que lindaban con la estafa lisa y llana, como cuando fundó una especie de iglesia a nombre de la cual recaudaba fondos puerta a puerta vestido con una sotana robada a un convento: 70% para él y 30% para un asilo de leprosos en Guyana. Repasa a su vez de forma ácida sus numerosas detenciones, juicios y problemas legales, también las acusaciones de vagancia, obscenidad y posesión de drogas.

Todo parece una mezcla de pragmatismo con valentía y picardía. Algo así como un Robin Hood vengador, rebelde y radical, pero ingenuo y cínico al mismo tiempo, que dedicó su vida profesional a denunciar mordazmente, por medio de monólogos cómicos en antros nocturnos, todo lo que consideraba ridículo, injusto o hipócrita.

Acercarse a la mítica figura de Lenny Bruce a través de este libro es una experiencia enriquecedora y entretenida, por momentos apabullante, que dejará un rumiar de cuestionamientos como efecto tardío y secundario. Le pasó a Bob Dylan, quien le escribió la canción "Lenny Bruce", donde dice "una vez viajé en taxi con él, sólo por una milla y media, pero pareció como si hubiesen sido dos meses".

Los pasajes más logrados, donde la pluma se luce y el relato fluye, son los referidos a sus orígenes, y a su vida en general. En cambio, un tercio del libro está dedicado a transcribir sus declaraciones en comisarías y juzgados, lo que termina cansando por redundante y extenso. Un buen editor habría cortado, y sumado un capítulo a modo de apéndice con una mirada externa, que dé el necesario contexto para el lector de hoy. Por ejemplo, para explicar cómo era la ley estadounidense de la época respecto al consumo de drogas o al uso del lenguaje en espacios públicos. O cuál era el verdadero vínculo de Bruce con las drogas, que esta autobiografía tiende a negar, cuando se sabe que murió por sobredosis de heroína con sólo 40 años. O qué diría hoy un tipo directo y sin pelos en la lengua como Lenny Bruce sobre este mundo tan enfermo de impostura y corrección política.

CÓMO SER GROSERO E INFLUIR EN LOS DEMÁS, de Lenny Bruce. Malpaso, 2016. Barcelona, 306 págs. Distribuye Océano.

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