LA UNIÓN DE ALBERT PLA Y MONDONGO

Sin miedo

Cuestionar los límites y la razón del arte contemporáneo, desde un escenario.

Albert Pla y Mondongo en "Miedo". Foto Gustavo Gavott.
Foto Gustavo Gavott

"TENGO MIEDO. Tengo miedo del arte. Tengo miedo del arte contemporáneo. Tengo miedo de los museos de arte contemporáneo", dice el catalán Albert Pla (Sabadell, 1966) con aspecto de fugitivo de manicomio envuelto por los decorados virtuales de una supuesta sala estilo cubo blanco, de un supuesto museo de arte contemporáneo que solo muestra retratos (Perón, Evita, el Che) del grupo porteño Mondongo.

Es el punto de quiebre de este inclasificable show de 80 minutos (¿unipersonal expandido? ¿muestra de arte teatralizada?) llamado justamente "Miedo" donde el histrionismo del trovador y actor converge con la imaginería plástica del dúo Mondongo (originalmente trío), artistas visuales argentinos conocidos por la audaz reinvención, a partir de la relación entre figura y materialidad, de géneros clásicos como el retrato y el paisaje. Claro que Mondongo es justamente uno de los nombres con mayor proyección internacional del arte contemporáneo y en esa enumeración Pla los incluye y se incluye a sí mismo en la incertidumbre que produce un tipo de expresión artística cuyos bordes son inaprensibles. Nadie sabe bien qué es y de qué esta hecho el arte contemporáneo y el observador justamente tiene miedo de no saber a que atenerse frente a él. Como si en el guiño, en el metamensaje de Pla sobre el escenario del Teatro Regio en la Av. Córdoba, viajara implícita la condición líquida e inestable del sujeto del siglo XXI.

"CANTA, SI NO MORIRÁS".

Pla ha llegado a expresar el miedo por el arte contemporáneo después de enumerar otros miedos atávicos como la oscuridad, la pérdida de los padres, la guerra, el circo. "Tengo miedo de todo" le escuchamos decir en el comienzo del texto. Terminará de liberarse de los miedos una vez muerto en escena, pudriéndose frente a los espectadores a los que no ha visto en casi todo el show. "Pudriéndose" se ha dicho y esto es literal: el artilugio visual muestra al actor-cantante deshaciéndose como un leproso de catálogo en tiempo real.

Entre el monólogo y la canción (un tipo de canción de perversa resonancia infantil), el decir de Pla transcurre velado entre varios telones donde con la técnica del mapping (proyección de animación 2D y 3D sobre una superficie) lo veremos superpuesto en imágenes relacionadas con los collages de Mondongo o efectos que alteran su cuerpo presente. El dúo formado por la pareja de Juliana Laffitte y Manuel Mendanha comenzó a llamar la atención de la escena porteña a fines de los 90 por la utilización de materias orgánicas tratadas en formaldehído en retratos figurativos de realismo fotográfico y una minuciosa construcción. El salto en la consideración internacional lo dieron cuando, a la manera de los artistas cortesanos, los Reyes de España sumaron sus trabajos a la galería de retratos. Los de Mondongo, siguiendo el mito de la conquista, habían sido hechos con espejitos de colores. Varias obras ya clásicas de Mondongo (paisajes rurales, villas miseria y una calavera barroca de plastilina; un dólar hecho de hilos) se despliegan arropando a Pla y contribuyen a que "Miedo" se convierta en una suerte de gótico posmoderno. Los mismos Laffitte y Mendanha filmados y digitalizados aparecen en uno de los paisajes haciendo de padres del niño Pla. Tienen consistencia de fantasmas, igual que la mismísima hija del catalán que atraviesa el espectáculo desde la virtualidad como una especie de caperucita roja que canturrea: "canta, canta, si no cantas, morirás".

A Pla se lo podría incluir en la corriente que renovó la rumba a partir del nuevo paradigma estético establecido por el punk en los 80. Ha grabado doce discos desde 1989 y una de sus canciones, "Sufre como yo", fue a parar a la banda de sonido de Carne trémula, uno de los hitos de la filmografía de Pedro Almodóvar. Canta alternativamente en español y catalán pero no deja dudas en su sentimiento hacia la nacionalidad. En 2013, un productor de Gijón levantó un concierto suyo luego de que en una entrevista promocional al diario El Mundo dijera: "A mí siempre me ha dado asco ser español y espero que a todo el mundo". Pero antes que confundirlo con un nacionalista catalán hay que ver en este hombre de facciones de clown a un filoanarquista capaz de caerle encima tanto a la corona (la polémica "Carta al rey Melchor") como a la nueva política: "Mataría a los de Podemos y a las plataformas ciudadanas antes de que empezaran a hacer daño".

EN LA PEDRERA.

La colaboración entre los iconoclastas del arte contemporáneo y la nueva rumba de "Miedo" tiene origen uruguayo. Los Mondongo conocieron casualmente a Pla en diciembre de 2016 en La Pedrera, Rocha, donde el trovador y actor llevaba un mes y medio retirado del mundo junto a su familia. Pla es una figura de culto en Buenos Aires desde hace unos quince años y cada visita suya a la ciudad redunda en una seguidilla interminable de funciones. Esa amistad incipiente en La Pedrera cristalizó en la idea de llevar adelante un formato en el que pudieran trabajar juntos. Pla escribió los textos y canciones (no hay en "Miedo" citas a su repertorio clásico) y vía Skype los Mondongo y la productora española Nueve Ojos fueron dándole forma a los espacios virtuales donde Pla despliega su histrionismo escatológico. Curiosamente, los Mondongo no llegaron a ver el estreno de la obra y más allá de los bocetos que cruzaban el Atlántico no tuvieron idea de la puesta en escena. Pasan mucho tiempo en Los Ángeles, donde han encontrado un mercado fértil para su propuesta. Uno de sus más entusiastas compradores ha sido Matt Groening, creador de Los Simpson, quien además terminó en pareja con Agustina Picasso, la tercera de la formación original de Mondongo.

"Miedo", que llegó en abril al teatro Apolo de Madrid, ha sido descripto en varios medios argentinos como un "espectáculo musical multimedia". Tal descripción resulta genérica y casi anticuada, como si refiriera al asombro que podía causar el uso de un monitor alimentado por VHS como parte de una escenografía en los 80. Lo radical en la puesta en escena de "Miedo" es que la misma noción de escenografía es puesta en jaque. Frente a la platea, el espacio físico desaparece o se transforma con el cuerpo de Pla como único punto de referencia. En términos de las artes visuales se diría que el actor-cantante con aspecto de fugitivo de manicomio es aquí el soporte. Su cuerpo y su cara son puestos en estado de mutación constante a partir del mapping. Es como si los Mondongo pintaran sobre él. Algo así como una performance de body painting virtual. No hay un escenario sino escenarios de Mondongo por donde transcurre el viaje de 80 minutos de Pla. En ese sentido parece que nos hemos sentado a la platea a ver el recorrido de un actor por una instalación híbrida entre el teatro, el cine, la muestra de arte y un concierto de música popular. Lo que no quita que en términos clásicos Pla componga un show unipersonal conmovedor donde es capaz de mutar de máscara siguiendo la línea ácida del texto.

La descripción "unipersonal expandido" (la idea de "expansión" en la teoría visual ha atravesado a la pintura, la escultura y el cine en los últimos años) parece la más pertinente para este hecho artístico que también pone al arte de Mondongo en otro plano, fuera de la galería o el museo, invadiendo ahora el escenario de un viejo teatro. Donde la recreación hecha en 2015 de "La Menesunda" de Marta Minujín, obra multimedia pionera, resultaba insuficiente por la falta del contexto que en 1965 la hizo paradigmática, la unión de Pla y Mondongo parece ser el tipo de experiencia que mejor se hace cargo de su herencia hoy: saltar los decorados del arte contemporáneo. Sin miedo.

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