Poéticas

La metáfora que se hizo carne

Reconocer el lugar no-lugar supone un alerta

Eudardo Milán
Eduardo Milán

Activar, rebelarse, desertar, errar, también administrar la escasez, los pocos recursos de la casa. No trabajos: movimientos del poeta en territorios que no son suyos, el que tiene un lugar no-lugar, lugar-no. El lugar-no requiere una ética que no confunde la poesía con una práctica más, con una fuerza de trabajo ahora simbólico. O que cambie, se venda por los ojos frente a este discurso. Hay discursos poéticos absolutamente posibilitadores. El reconocimiento del lugar no-lugar corresponde a un presente en modificación donde el tiempo ubica este disloque del lenguaje como un lugar de escasez, pez de escasez, no de ultra poder de la imaginación. Neruda, Paz, Perse, no son potenciadores del lenguaje: son potencias que administran el poder de dominio verbal aunque sea el dominio de la imaginación verbal. Convierten la potencia en imperio. No “A partir de este momento todo hombre que pise territorio de Haití será considerado negro” sino más bien “Desde ahora todos ustedes son mis hijos”. Llevan la posibilidad lo más lejos, lo más alto de vuelo, lo más condorizado del cielo que araña un pico –y el cóndor sigue su curso sin tener nada que ver con todo esto. El reconocimiento del lugar no-lugar supone en cambio un alerta: no perder de vista el imposible que se asoma sin hocico, el imposible no enterrado ni oculto, vino tinto enfriado o cabeza de castor. No supone un estar ahí de belleza de la naturaleza. Supone un estar en pregunta: ¿y los castores? ¿y la cola sobre la roca? ¿dónde está la rama de aquí? ¿y el río cuyo susurro? La acción de esos sujetos sin saberse constituyen la belleza de la naturaleza, esa adoración con templo pero sin castor ni cola sobre la roca ni rama de aquí ni río cuyo susurro, apremiante en plegaria cuanto más dañada.

No es la casa del lenguaje: esa ya fue. Era una propuesta con comillas. Las comillas son la comida que recogen en su caótico -sin chocarse- trayecto sonámbulo las hormigas, prematuro comedero de blade runners que Scott repite en Black Rain. La metáfora, un mi está fuera que se hizo carne de intemperie. Primero uno inventa el símbolo. Después va a dar allí empujado –expulsado, sin lugar para la pulseada marinera en bar de puerto- por los cultores de lo literal. Ante la opulencia verbal la administración de la escasez. Aunque resta el problema de la vida administrada. Administrar supone un ministro de phinanzas. Ese lugar no es aquí. Aquí es un lugar de conjunción o disgregación pero ambos con la misma sombra de ombú que traje de Uruguay donde descansa nuestro Ubú que traje de Francia.

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