Dunumurcu

Por qué Marcos Robledo no busca lectores

Es el retorno del uruguayo Marcos Robledo a la poesía, aunque él prefiere llamarla microrrelatos.

Marcos Robledo
Marcos Robledo

Kenneth Goldsmith, en Escritura no-creativa (2011) dice: “El oficio de la escritura alguna vez sugirió la unión (quizá eterna) de palabras y pensamientos; ahora se ha convertido en un acoplamiento transitorio a la espera de ser deshecho; un abrazo pasajero con alta probabilidad de separación”. El segundo libro de Marcos Robledo (Montevideo, 1975), Dunumurcu, puede ser leído bajo esa clave de “separación”. Pero ¿de qué?

Robledo, quien ya editó Guateríos (2008), volvió con un libro que puede dividirse en tres pilares: protocolos de escritura; humor distópico; y experimentación conceptual.

Estos pilares no responden a secciones del libro; hay una ausencia de jerarquías y, ante esa ausencia los textos apenas se comportan como unidades independientes y no como grupos conceptuales, por más que se coloquen uno tras de otro en función de supuestas afinidades que al pasar la página se vuelven efímeras.

En el primer pilar aparecen algunos protocolos de escritura, como en “Naranjas hasta Pajas Blancas” (compuesto por palabras que contienen la letra A); o “La quinta vocal”, donde una pareja se sienta a tomar cerveza y a buscar “palabras con u para hacer algo. [...] Mientras ella combinaba vocablos, él pensaba cómo vengarse de Dinamarca”. Así surge Dunumurcu. También se verifica la apropiación de formatos no literarios como el crucigrama, para transgredir sus normas (en “Otra velita”), o contar hasta 150 para conciliar el sueño (en “Insomnio”).

En el segundo pilar tenemos el humor, ya sea en clave fantástica, como en “El niñochancho” y “La inzoolación”, textos donde se relee y confronta la clave realista de los Cuentos de la Selva, de Horacio Quiroga. O en casos donde la estrategia narrativa es más sorpresiva, como en “Ya nadie dice”, donde nunca para de llover. El último pilar está dedicado a la experimentación conceptual, como ocurre en “Microficción”: “‘Sean felices. Yo no pude’. Vivió pensando en dejar una gran novela. Dejó una esquela”. La intención de llamar a esta escritura microrrelato resulta restrictiva para varios textos de Dunumurcu, dado que la “separación” mencionada al comienzo coloca a Robledo en un lugar diferente al de un narrador, ya que juega y toma decisiones que no responden solo al texto sino al contexto de enunciación. Así, el hilo conductor del libro descansa sobre el propio lenguaje, provocando una distancia con los lectores, a quienes no busca. Porque a este libro, en realidad, se llega.

DUNUMURCU, de Marcos Robledo. Astromulo, 2020. Montevideo, 95 págs.

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