cuentos de irene némirovsky

La luz antes de la tragedia

Un conjunto notable, tomado entre sus piezas tardías

Irene Némirovsky
Irene Némirovsky

Hasta el final cuando fue deportada a Auschwitz, donde murió, la franco ucraniana Irène Némirovsky (n. 1903) seguía publicando, a veces con su nombre y otras bajo seudónimos masculinos (Pierre Nérey, Charles Blancat). Este volumen de quince relatos titulado Domingo contiene textos publicados en diferentes revistas francesas entre 1934 y 1942, el año de su muerte. Para los lectores asiduos de Némirovsky, salvada del olvido literario gracias al afán de sus hijas, esta colección es oro en polvo y rescata su maestría para el relato corto. La mayoría de las mejores novelas de la autora no son muy extensas (El baile, Jezabel, El vino de la soledad, David Golder) pero tienen la virtud de saber pintar un mundo y captar la psicología de los personajes con un trazo espontáneo y contundente. Tanto es su poder de captación que el lector se olvida, metido en sus historias, de los pequeños detalles como la adjetivación excesiva, el abuso de los adverbios o el diálogo redundante. Todo eso ingresa a su estilo también aquí, en este puñado de cuentos donde hasta Uruguay tiene una breve mención.

Varios relatos de Domingo transcurren en ese cierre de semana y dan cuenta de las trampas de ese día: los obligados almuerzos familiares, los bares de los solitarios, los temas que se hablan y los que quedan soslayados y latentes, la paradoja del no tener qué hacer y cómo engañar al tedio. Con empatía brillante Némirovsky narra cómo una mujer administra la traición de su marido y las mentiras de su hija ("Domingo"), otra ignora los enfrentamientos financieros de sus hijos ("Lazos de sangre"), otra prostituye los talentos de sus hijas ("La Ogresa"), cómo se enfrentan dos mujeres en los espejos de la belleza y el tiempo ("Las orillas dichosas"), etc.

Crítica implacable de la moral burguesa, Némirovsky no se privó de cuestionar aspectos de la intelectualidad francesa ni del mundo judío al que pertenecía, en especial su relación con la propia identidad ("Fraternidad") y con la universal temática del dinero que atraviesa cuentos magníficos ("El incendio", "Un hombre honrado"), asuntos en los que puede inyectar ironía pero también una buena dosis de tristeza y decepción. Tienen particular interés los dos últimos relatos, que transmiten en directo y simultáneo la ocupación alemana a través de dos hombres que huyen. "El Señor Rose" trata sobre un egoísta de manual que finalmente comprende de qué va la vida, en tanto "El espectador" es la historia de Hugo Grayer, un indiferente que posa de solidario. Dueño de "una de las mayores fortunas de Uruguay", Grayer viaja en un barco torpedeado por un submarino y el final abierto no es esperanzador. Un dato curioso es que el cuento fue publicado en diciembre de 1939, mismo mes en que tangencialmente Uruguay "entró" por un segundo y de espectador en la Segunda Guerra Mundial a instancias de los avatares del acorazado Graf Spee en la Batalla del Río de la Plata. Némirovsky fue víctima primero de la Revolución Rusa de la que su familia escapó (algún cuento de este libro alude a ella) pero luego, junto con su esposo Michael Epstein, también muerto en Auschwitz, quedó presa de las grandes jugadas internacionales y de los rincones oscuros de la humanidad.

DOMINGO, de Irène Némirovsky. Salamandra, 2017. Barcelona, 345 págs. Trad. de José Antonio Soriano Marco. Distribuye Gussi.

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