Libro de Patrick Deville

Locos, utópicos, asesinos y soñadores

Una pesquisa sobre las tragedias que han dominado la historia de Centroamérica en un libro que es crónica, novela, historia, todo a la vez, y que deja al desnudo nuestros propios prejuicios.

Patrick Deville
Patrick Deville

El francés Patrick Deville se propuso contar las tragedias sociales y políticas que han ocurrido en Centroamérica desde la conquista española, y en ese proceso dejar en evidencia algunas claves que expliquen tanta turbulencia. Es francés, le gusta viajar, tomar notas, entrevistar, acopiar recortes de diarios, y tiene una mirada aguda. Sabe que es una tarea enorme. Pocas regiones del planeta juntaron a lo largo de 500 años a tantos locos, utópicos, revolucionarios, piratas, traidores, estafadores, aventureras y aventureros de toda estirpe y calaña, como es el caso de William Walker, el joven sureño norteamericano que en el siglo XIX logró llegar a ser Presidente de Nicaragua apoyado por mercenarios, con la finalidad de construir allí un canal interoceánico y reimplantar la esclavitud. Deville, tras el largo periplo mochila al hombro, explica al lector su idea. “Durante todos aquellos meses pasados en compañía de William Walker, recorriendo América Central tras las huellas de su ejército fantasma, había ido descubriendo poco a poco que algunas de aquellas vidas llenas de actos de bravura admirables, de traiciones inmensas y de felonías asesinas, no tenían nada que envidiar a las de los hombres ilustres que había reunido Plutarco. Y me quedó claro que, durante los últimos dos siglos, esta región del mundo no había sido más avara en héroes, traidores y cobardes de lo que lo fueron las provincias griegas y latinas desde la Antigüedad: también aquí los hombres habían soñado con ser más grandes que ellos mismos y habían fracasado. Y me vino la idea de reunir algunas de sus vidas”.

El resultado es el libro Pura Vida, Vida & muerte de William Walker, una suerte de crónica histórica o libro de viajes o novela –es difícil precisar el género- cuya narración es potente, envuelve al lector con la naturalidad de un buen relato de viajes, sin eufemismos ni metáforas inteligentes. Narra, por ejemplo, el periplo del cronista español Gonzalo Fernández de Oviedo por Nicaragua en 1528, citando sus notables relatos, para saltar luego a la crisis actual del Sandinismo, dedicando generoso espacio al escritor Sergio Ramírez –con quien habla, y mucho- o al poeta Ernesto Cardenal, famosos sandinistas de la primera hora alejados de la corrupción revolucionaria y de los abusos de Daniel Ortega, actual presidente. Relata también los avatares de un famoso doble agente cubano o los últimos días de Simón Bolívar, las contradicciones de la revolución cubana o el triste destino del poeta salvadoreño Roque Dalton, fusilado a manos de sus propios compañeros de guerrilla. O las sagas de dictadores como los Somoza, o su contracara César Augusto Sandino, o el delirio de una guerra entre El Salvador y Honduras que se llamó La Guerra del Fútbol, de 1969, por diferencias en un partido por las Eliminatorias para el Mundial de México 70. Mientras, William Walker aparece aquí y allá con diversos episodios de su aventura, a cual más sublime e irreal. Contar las mil historias, entonces, parece ser la estrategia de la pesquisa para llegar al enigma, pero no las que habitualmente se consideran más relevantes sino aquellas que dejan en evidencia las paradojas y contradicciones que han permanecido –o se han repetido- a lo largo de los siglos. Mientras, el lector acompaña a Deville en su camino diario, se entera qué casas visita, dónde toma sus cafés, qué le dicen los mozos en un bar de Tegucigalpa o Managua, qué dialoga con taxistas, poetas, historiadores, ex guerrilleros o por qué casi se deja seducir por una extraña mujer que, al parecer, sabe demasiado. Su lenguaje tiene momentos de precisión poética excelsa, con giros de humor deliciosos.

El lector rioplatense sentirá a su vez una cercanía inesperada, porque Deville recuerda alguna visita a librerías de Tristán Narvaja, a la terminal de Tres Cruces en Montevideo, o a un vino tannat inolvidable que degustó en un restaurant de Punta del Este. La suya es, por lo tanto, una pesquisa amplia que abarca todo el universo hispanoamericano, pero sin pose cool ni afectación. Todo fluye con naturalidad, el lector está sentado junto a Deville en la mesa del café, lo escucha, disfruta y agradece. Sobre todo en los giros inesperados, como el que detalla el fin de los Somoza en Nicaragua.

La historia de Tachito Somoza, el último dictador de la saga, es quizá la fruta de una torta inverosímil y difícil de tragar, pues no escatima detalles grotescos sobre la vida y su gestión como gobernante. Lo hace en plan cómplice total con el lector, que se asombra e indigna; éste espera, entonces, un cierre a pura adrenalina con el relato del famoso atentado en Asunción. Pero no: “el último Somoza será ejecutado en su refugio de Paraguay, en 1980, en el transcurso de una operación cuyos detalles los sandinistas prefieren ocultar, por respeto al comando que se encargó de llevar a cabo la infame tarea”. Y termina de forma abrupta el capítulo. El lector, defraudado, se pregunta si Deville es más leal al informante sandinista que a su propia investigación. Un detalle no menor es que aún no se sabe la identidad de todos los integrantes del comando argentino que lo asesinó, apoyados por los sandinistas, pero no parece ser el motivo. En realidad Deville, leal al tono humano de su relato, a la decencia que transpira el término “pura vida” del título del libro (término costarricense, un ticismo intraducible que refiere a lo más hermoso que puede decirse de la vida), se desmarca de algo inhumano. El término “infame” para referirse a la “tarea”, al asesinato, no es casual. Porque no hay dignidad en el relato de una ejecución a sangre fría, y menos en la descripción de los detalles de la misma, cuya truculencia tuvo sus regodeos públicos (el argentino Gorriarán Merlo, del ERP, jactándose de su autoría en cámaras de televisión).

Es un libro que instala muchas interrogantes. No ofrece respuestas, ni es relato de izquierda o de derecha. Es un acercamiento humano, respetuoso, sutil, que va por vías más oblicuas, menos transitadas. Deja entonces en evidencia la tan manida frase llena de prejuicios, “que distintos somos de los centroamericanos”, que los rioplatenses proferimos de forma liviana y sin culpa. El libro Pura vida de Patrick Deville la desmiente y nos acerca, para descubrir en el otro tanto de nosotros mismos.

PURA VIDA, VIDA Y MUERTE DE WILLIAM WALKER, de Patrick Deville. Anagrama, 2018. Barcelona, 286 págs. Traducción de José Manuel Fajardo.
Distribuye Gussi.

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