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Crónica de la hija de un humilde intelectual de izquierda que pasó su adolescencia sin ropa interior.

Dibujo Renzo Vayra
Dibujo de Renzo Vayra

Pasé mi adolescencia en un albergue (mixto) de hembras y varones en la escuela de arte. Los ciclones o el mal tiempo tumbaban los tabiques o compartimentos que servían para dividirnos, y era entonces cuando los cánones sexuales se desvanecían. El mapa de las diferencias de género se fue borrando poco a poco y nuestra promiscuidad se volvió parte fundamental, ingrediente primordial de la memoria colectiva.

En Cuba les llamamos "blúmer" a las bragas, bombachas o pantis.

Recuerdo la tendedera suspendida en el cielo del albergue, ese lugar donde dormir y ducharse era una verdadera apuesta colectiva con ciertos toques de drama, relajo, delirio creativo y una inconsciencia absoluta de la situación de desamparo a la que nos exponíamos. Ese sentimiento de resistencia es el que hasta hoy nos conserva unidos a sus protagonistas, ahora primeros bailarines del Royal Ballet, artistas visuales con obras en colecciones permanentes del MoMA o el Reina Sofía o connotados actores y dramaturgos cubanos, pues todos crecimos juntos en un estado de hacinamiento absoluto.

Los blúmer expuestos sobre las literas. Intervención pública sobre nuestros pocos, breves asuntos privados delatando nuestras biografías.

¿Tenemos vida privada los cubanos? No. Lo privado aquí sigue siendo sospechoso.

Cada uno de esos blúmer cuenta una historia, narra un estatus. Se decía que en Cuba nunca hubo clases sociales, pero las bragas cuentan lo contrario.

Crecimos en un país donde podías comprar un solo juego de ropa interior al año. Se hacía mediante la libreta de abastecimiento por los cupones O-22, E-13 o A-12. Dichos cupones también servían para adquirir telas, agujas, hilo, sábanas de algodón; así que debías elegir entre ropa interior o sábanas para taparte. (...)

Blúmer rotos, gastados, remendados "tos tenemos": piezas de nailon con elásticos vencidos, calurosos, descoloridos y amorfos. Pieza perteneciente con certeza a quien nunca tuvo familia en el extranjero. Los padres de esta chica vivían únicamente de su sueldo. Eran obreros, campesinos, revolucionarios convencidos, seres austeros que muy poco tenían para dar a sus hijos.

Blúmer "matapasiones socialistas": lencería de algodón, siempre enorme, muy poco sexi, repleta de ositos Misha con florecitas azules o moradas y fondo blanco, caprichosos copos de nieve y matrioska sonriente. En esta familia había sin dudas un estudiante en la antigua Unión Soviética o un diplomático en el otrora campo socialista; tal vez una hermana casada con un alemán democrático "técnico extranjero".

Blúmer de encaje nuevo y colores brillantes "de afuera" o los famosos semanarios que reflejaban los días para usarlos: de esta compañera había que irse despidiendo pues con certeza muy pronto desertaría. Tenía a su abuela, tía o hermana en Miami o Madrid, alguien que seleccionaba a distancia prendas sexis para "salvar" a esa adolescente de la cruda estética socialista. Ella siempre prestó sus prendas para que el resto saliera con el novio de turno. ¿Dónde vivirá hoy esta "compañerita"? ¿Cuántas perdieron la virginidad con ese blúmer prestado?

Existe una filosofía de la escasez escrita desde las literas de nuestros albergues. Narrativa que desecha el pudor y asume el gregarismo como herramienta de resistencia. Varias de nuestras novelas parten de este canon, es evidente.

Hija de un humilde intelectual de izquierda, transité mi adolescencia sin ropa interior.

La cultura del albergue, el puesto de arriba en la litera del internado, es un lugar de privilegio para el escritor, el paisaje después de la batalla, una verdadera clase de litera-cuba: autoficción descarnada y al desnudo.

La autora.

WENDY GUERRA (Cuba, 1970) es poeta y novelista, discípula de Gabriel García Márquez. Sus novelas se han traducido a varios idiomas pero nunca se publicaron en Cuba. Ha colaborado con diarios de Europa y Estados Unidos, fue docente de la Princeton University, y sufrió la censura del gobierno de Cuba. Siempre vivió en La Habana. El adjunto pertenece a un texto titulado "Glamour y revolución" que integra el libro Cuba en la encrucijada, 12 perspectivas sobre la continuidad y el cambio en La Habana y en todo el país (Debate, 2017) editado por Leila Guerriero, que reúne colaboraciones de varios autores.

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