Libros para decorar

Juana Libedinsky, (desde Nueva York)

PARA LOS bibliófilos —o la persona común y corriente pero que le gusta el olorcito a libro usado— The Strand es la Meca. Uno puede viajar a Nueva York y no visitar el Empire State o la Estatua de la Libertad, pero sus famosos 25 kilómetros de libros viejos, distribuidos a lo largo de cinco pisos en el corazón de lo más bohemio de Greenwich Village en Manhattan, son imperdibles.

Uno solía encontrar allí una fauna bastante heterogénea, pero las figuras que más se repetían eran los estudiantes buscando el maldito libro fuera de edición que los profesores universitarios insisten en poner como lectura obligatoria, o los intelectuales de pelo revuelto sumergidos en alguna segunda edición de texto isabelino, o las memorias de algún otro intelectual de pelo revuelto pero de generación anterior, en otro idioma y con título infranqueable. También puede estar el ocasional turista a quien le habían avisado que sólo allí podría conseguir una copia del manual para su adorada maquina fotográfica Leica de 1938.

Por eso es tan extraño encontrar ahora, desempolvando tomos y luchando contra la eventual tela de araña, no sólo a celebridades como Steven Spielberg, Tom Cruise o Ralph Lauren, sino también decoradores profesionales e impecables señoras de la Quinta Avenida buscando como cubrir una pared.

LIBROS POR PIE. La "culpa" la tiene Nancy Bass, una simpática rubia de 41 años y nieta del fundador de la librería, Benjamin Bass. Cuando todos auguraban el fin de las librerías de viejo a raíz de Internet, que teclado mediante pone a disposición del consumidor infinidad de títulos de todas partes del mundo, por más raros o antiguos que sean (y además, baratísimos si se trata simplemente de novedades de segunda mano) ella logró convertir el negocio familiar en un éxito sin precedente.

Considerada la "oveja negra" de una familia literaria (Bass era ejecutiva en la compañía Exxon) cuando se decidió a abandonar la petrolera armó en Strand un servicio de "libros por pie" (unos 30 centímetros en la medida imperial) y está convenciendo a muchos que el mejor empapelado para una casa tiene lomo y páginas que, además, parecen ya leídas.

"La gente invierte tanto dinero en muebles, en pintura, en cuadros cuando compran una casa y no se dan cuenta que una buena biblioteca no sólo queda linda; les puede traer una alegría infinita descubrir el mundo que las páginas de su ‘decoración’ les abre", explicó. Entre sus clientes figuran el Plaza Hotel, que acentuó su clase con libros de punta a punta; los negocios Ralph Lauren, donde la ropa debe verse en un ambiente "culto"; Spielberg y Cruise para sus casas nuevas. Y decenas de estudios de cine y televisión que alquilan sus metros de libros por hora (por ejemplo, cientos de tomos de psiquiatría para el consultorio de la Dra. Melfi en Los Soprano o kilómetros de textos de matemática previos a 1945 para la casa del genio-loco John Nash en Una mente brillante).

"Sufro cuando veo un comercial o una película donde el estudio del abogado protagonista, por ejemplo, está decorado con puros ejemplares de la enciclopedia Británnica que quieren hacer pasar por libros de Derecho", agrega riendo.

Hasta Phillipe Starck armó el lobby de su último hotel neoyorquino, el Hudson, como una biblioteca gigante. Y en el flamante Library Hotel, cada habitación se ofrece con libros de esquina a esquina dedicados a un tema distinto. Cuando Neil Armstrong fue huésped lo pusieron en la de libros sobre el espacio, naturalmente.

El servicio de Strand no es sólo para millonarios. Si bien los clásicos en ediciones antiguas en cuero labrado se venden a 350 dólares el pié, una variedad de novelas contemporáneas se encarga a sólo 10 dólares por la misma medida. Y si hace falta que las encuadernaciones hagan juego con un decorado, Bass asegura que con sus dos millones y medio de ejemplares en stock lo consigue.

"Lo que más nos piden son bibliotecas con las grandes obras de la literatura universal, en ediciones en cuero antiguo. Para las casas de verano, también mucho encuadernado en blanco y azul. Creo que lo más extraño que nos pidieron fue para una casa en Miami, donde todos los libros tenían que tener tonos verde y coral", recuerda.

PASEO DE LOS LIBROS. La historia de Strand se remonta a 1927 cuando Benjamin Bass abrió la librería en Nueva York, bautizándola en honor a la famosa calle de los editores en Londres y a una vieja revista literaria. Ubicada en lo que entonces era el "paseo de los libros" neoyorquino, la Cuarta Avenida, desde el comienzo Strand se convirtió en sinónimo de buenos libros a buen precio.

El hijo de Benjamín, Fred, comenzó a trabajar en el negocio familiar a los diez años. Después de su paso por las Fuerzas Armadas, Fred tomó las riendas de la librería en 1956 y poco después la mudó a su ubicación actual en Broadway, cerca de la Universidad de Nueva York y de la bohemia de Greenwich Village, alquilando unos 4.000 pies cuadrados. Hoy, cuatro décadas y media después, Strand ocupa cinco pisos y tiene 200 empleados.

Además de libros usados comunes y corrientes, en Strand se consiguen títulos nuevos a un 50% de su precio de tapa y tienen la colección más grande de la ciudad de libros raros o curiosos, entre los que se incluye la primera edición de varios clásicos contemporáneos, libros ilustrados de arte y fotografía que son considerados "imposibles de conseguir" y coleccionables de todas las ramas.

Todos los días se renueva el stock, gran parte del cual puede investigarse en www.strandbooks.com, y si el libro que uno busca de casualidad no está, se dejan los datos y en cuanto lo consiguen inmediatamente se ponen en contacto. La novedad para el 2004 es que se abrirá un nuevo piso dedicado al arte, que será el paso obligado de críticos y artistas para presentar su obra. A lo que se sumará un café, aunque algunos apuestan a que el viejo Benjamín se revolverá en su tumba de enterarse. Sin embargo todos aquellos que pasan largas horas buscando algún tesoro entre sus famosos kilómetros de libros recibirán la idea encantados. Y, naturalmente, la actividad de Nancy representante de la tercera generación de libreros Bass, seguirá adelante con un ímpetu cada vez mayor.

En la actualidad Nancy Bass arma una biblioteca por día para sus clientes, a quienes somete a un interrogatorio previo para ver cuáles son sus intereses y no llenar con libros sobre perros a los amantes de los autos, o de biografías a quienes sólo leen ficción. El resultado es que éstos se multiplicaron en forma exponencial desde que comenzó con la idea, quince años atrás.

"Es básicamente un cliente contento que le cuenta a otro y a otro y así me llaman, aunque también tiene que haber un factor de moda y del beneplácito del mercado inmobiliario para explicar el aluvión de pedidos de los últimos meses", reconoce.

La idea ya está siendo copiada en varias otras librerías de viejo, pero con el stock más grande del mundo en libros usados a su espalda, a Bass no le preocupa la competencia. "Tengo el mejor trabajo del mundo. Es creativo, es parte de mi herencia familiar y recibo los llamados más conmovedores del mundo, de clientes que encontraron en el libro más inesperado que se me ocurrió agregar, quizá el libro que les cambie la vida".

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