Poesía uruguaya

Leonor Courtoisie desde lo no dicho

La poeta, dramaturga y actriz Leonor Courtoisie vuelve a la poesía.

Leonor Courtoisie
Leonor Courtoisie (foto Chiara Hourcade)

Una instantánea captada por el lente. Un fragmento de realidad irrepetible que lucha por mantenerse con vida. A partir de una fotografía, la poeta, dramaturga y actriz Leonor Courtoisie (Montevideo, 1990) se sumerge en el territorio de la memoria, esta vez desde la poesía. En su primer libro, Corte de obsidiana (2017/2019) —un híbrido entre pieza de teatro y relato poético—, el disparador fue también una foto: “Esta es la única foto en la que aparezco con Marco Fonz”, decía, como si hubiese una historia previa que era necesario contar.

Susan Sontag ha reflexionado sobre la fotografía, la realidad y la literatura. Dice: “Todas las fotografías son memento mori [“recuerda morir”]. Hacer una fotografía es participar de la mortalidad, vulnerabilidad, mutabilidad de otra persona o cosa”. Ocurre lo mismo con un texto que emerge de una foto, ya que participa de ambos mundos, de la vida y de la muerte. Esa trascendencia de la palabra es la que permite a Courtoisie terminar aquel libro con un puente hacia el siguiente: “Aún quedan cenizas”.

Ahora, con Todas esas cosas siguen vivas, la autora da un paso decisivo hacia la imagen y la vuelve a colocar en el centro de la palabra. Cambia el eje afectivo hacia un interlocutor: “Esta es la única foto que tengo contigo”.

La poeta Claudia Campos señala en la contratapa el paciente trabajo que la autora criba sobre sus “ofrendas” y “heridas”, que forman parte de una “poética del cuerpo”. Un cuerpo temático variado, donde Las puertas, Los bondis, Las ventanas, Los sótanos y Las azoteas son secciones/escenarios en los que la infancia, el parentesco, la inocencia, la fatalidad, el desgarro, la poesía, entre otros asuntos, se cruzan con una voz que respira entrecortada, como si bajara y subiera escaleras interminables en las que debe parar a recobrar aire. Allí la palabra brilla y madura: “no hay que hablar/ de los muertos/ cuando no están”; una especie de asombro elaborado del cual tiene pleno dominio y consciencia.

No es un libro solo para leer sino para ver, como si fuera una foto en la que ya hay cosas dichas que aún “siguen vivas”. Un camino de aceptación que termina quebrando una lanza por la escritura, aunque a veces deba llamarse a silencio: “Ser grande/ dejar de existir/ sabérmelas todas […]. Pensar/ y no decirlo/ No decir nada”.

TODAS ESAS COSAS SIGUEN VIVAS, de Leonor Courtoisie. Pez en el hielo, 2020. Montevideo, 70 págs.

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