Más cartas de Felisberto Hernández

Las lecturas, sus dudas y mucho sufrimiento

Las revelaciones de una nueva recopilación, también al cuidado de Daniel Morena

Amalia Nieto y Felisberto Hernández
Felisberto y Amalia. La esposa se reservó parte del contenido de las cartas.

La correspondencia inédita de un escritor famoso trae, inevitablemente, su cuota de secretos revelados. Ya en 2015, en un volumen anterior también compilado por Daniel Morena, se habían publicado casi todas las cartas del uruguayo Felisberto Hernández (Cartas. Felisberto Hernández, de editorial Paréntesis). Faltaban las que Hernández dirigiera, entre 1936 y 1942, a su segunda esposa, la artista plástica Amalia Nieto. El acceso a esas cartas le fue denegado a Morena por las autoridades de la Biblioteca Nacional, por estar en curso otra investigación. Tras acceder a los textos, Morena ha publicado un libro valioso que ilumina el pasaje de Hernández de la condición de pianista —que además escribía— a la de escritor que, en un pasado ya concluido, había sido pianista. En efecto, en las cartas fechadas a partir de 1940 insiste en que lo suyo es la literatura, y hacia el final de esta correspondencia alude a una novela que está preparando, Por los tiempos de Clemente Colling, de 1942.

EL MATERIAL.

Morena trabaja sobre una selección mecanografiada de las cartas de Hernández que el crítico, escritor y profesor José Pedro Díaz le solicitara a Amalia Nieto. Hay en estos textos, por lo tanto, un triple trabajo de edición: el de la ex esposa, que se reserva el material de exclusivo interés íntimo, el de Díaz y por último el de Morena, quien con buen criterio respeta las peculiaridades ortográficas del texto. Son en total noventa y una cartas —no todas enteras— con un paréntesis de tres años, entre diciembre de 1936 y el mismo mes de 1939.

DE GIRA.

Hernández remite estas cartas desde distintas localidades de Uruguay y Argentina que visita en sus giras de conciertos de piano, emprendidas por necesidades económicas y de muy magros resultados. Felisberto se muestra deprimido por sus fracasos, que narra con una brutal auto ironía, pero también se entusiasma —de modo desmedido— ante el mínimo éxito de taquilla o muestra de afecto del público. La relación del pianista con ese público provinciano es compleja. Desprecia a los notables locales, a los que casi debe mendigar para que le organicen conciertos en clubes o sociedades de fomento, aunque cuando es bien tratado pone por los cielos a sus benefactores. Sabe que su público no es entendido, pero valora con cierta ternura el esfuerzo —muy ingenuo y un poco ridículo— que estos pueblerinos hacen para mostrar su mejor faceta cuando se acercan a la alta cultura. Estas características del público —lo mismo que las vacilaciones del pianista, que teme fracasar en lo económico pero también en lo artístico— serán traspuestos a varias narraciones posteriores.

LAS ARTES.

La música, la plástica —en comentario a los dibujos que la esposa incluía en sus cartas— y por supuesto la literatura son, entre los reportes de las desventuras del músico nómade, el tema constante de estas cartas. El propio Felisberto reconoce su irregular formación teórica, lo que sin embargo no le impide tener intuiciones muy finas, y hacer atinadas extrapolaciones entre las tres artes, sobre todo en lo relativo al equilibrio de la composición, tanto da que se trate de un relato, una pieza musical o un cuadro.

LOS DESGARROS.

Si bien hay mucho humor en estas cartas, es mucho el sufrimiento que trasmiten. La nostalgia de su mujer y su hija Ana es constante en las cartas fechadas a partir de 1939. La vergüenza de no poder enviar suficiente dinero a su mujer está presente desde el principio pero se ahonda luego de la paternidad.

Pero además de esta sensación de incumplir con el rol de marido proveedor —vigente en la época— hay en el autor de estas cartas otras angustias vinculadas a su formación académica irregular, su técnica pianística —que considera defectuosa— y sobre todo la sensación de estar dejando de cumplir con la que debiera ser su vocación principal: escribir. Como escribe desde Ranchos, Provincia de Buenos Aires, el 28 de agosto de 1940: “…me agarro la cabeza de los años que perdí sin seguir en ‘lo mío’. Eso no tiene consuelo. Pienso en lo que hubiera podido hacer”.

En las cartas fechadas en 1939 y 1940 se añade la angustia provocada por el avance de la Alemania nazi.

LECTURAS E INFLUENCIAS.

Es interesante el alto concepto, manifiesto en varias cartas, que Hernández tiene de Carlos Vaz Ferreira y Joaquín Torres García. En cuanto a sus lecturas durante las giras, menciona a H. G. Wells, Maurice Dekobra, Hermann Hesse —en particular El lobo estepario—, el Conde Keyserling, que incidirá en su talante conservador y anticomunista, Del sentimiento trágico de la vida de Unamuno, y Realidad del alma de Carl Gustav Jung. Es una lectura variada y asistemática, es cierto, pero reveladora de una gran inteligencia e inquietudes profundas.

EL OBSERVADOR.

Más allá de que en estas cartas no hay una finalidad literaria, preocupa a Hernández en varias de ellas el no poder llegar a comunicar lo que desea. Hay, sin embargo, pasajes de un acierto estilístico notable, sobre todo en las cartas fechadas en distintas localidades argentinas, en 1939–40. En este período va definiéndose también un interés por descubrir el secreto funcionamiento de la realidad, que caracteriza al narrador/protagonista de varios relatos de Hernández. Como escribe desde Bahía Blanca el 23 de marzo de 1940: “Si yo he tenido el estado contemplativo (…) es con una curiosidad insaciable y con un placer escondido, de pensar que descubriré los resortes, la trampa (…) para dominar esa realidad objetiva. Tengo el capricho de querer encontrarlo y de buscar y revolver hasta que lo encuentre”.

Esta edición es un aporte valiosísimo para el estudio de uno de los más grandes narradores uruguayos del siglo XX, de constante proyección en el mundo hispanoamericano y anglosajón. Lo único que hay que añadir para futuras reediciones es corregir algunas erratas o indicar en nota al pie que así está escrita esa palabra en cuestión en la transcripción de José Pedro Díaz.

CARTAS II (CORRESPONDENCIA INÉDITA CON AMALIA NIETO), de Felisberto Hernández. Introducción y notas: Daniel Morena. Fundación Felisberto Hernández/ Paréntesis Libros/ Ediciones Cruz del Sur, 2018. Montevideo, 200 págs. Distribuye Gussi.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados