SAMANTA SCHWEBLIN ILUSTRADA

Los laberintos de la conciencia

Otra dimensión para el cuento "La respiración cavernaria". 

Samanta Schweblin

NO HACE mucho Samanta Schweblin declaró en una entrevista que de niña la frustraba el lenguaje porque nunca transmitía lo que se proponía decir, hasta que la literatura le dio la oportunidad de manipular las palabras. Detrás de los celebrados logros de los escritores a menudo no se encuentra una virtud sino una limitación, una dificultad tan seria que le dedican la vida a vencerla.

En su ya sólida trayectoria, Schweblin recuperó el vigor del cuento fantástico desde la preocupación por la opacidad de las experiencias más inmediatas, incluso en el terreno de la intimidad, propia y familiar, especialmente dotadas para amparar la irrupción de la violencia, la ajenidad, lo insospechado, bajo los pliegues de lo siniestro. Regresa ahora con un cuento de su libro Siete casas vacías (premio Narrativa Breve Rivera del Duero, 2015), que ha ganado autonomía en una exquisita edición madrileña de Páginas de Espuma, ilustrada por la artista Duna Rolando. La respiración cavernaria narra las extrañas experiencias y percepciones de una anciana que, con deseos de morir, se dedica a embalar sus pertenencias en cajas de cartón para que nadie cargue con esa tarea cuando se vaya, ni siquiera su marido. Pero su memoria es más que vaporosa, vive una permanente tensión entre la voluntad de controlar los movimientos de la casa y los desórdenes de su conciencia, en parte estimulados por el arribo de nuevos vecinos, una madre y su hijo adolescente, que poco a poco entabla una relación con su esposo.

El cuento tiene dos virtudes esenciales: no revela la complejidad de su tema ni la inteligencia con que está contado hasta que la trama concluye, de modo que el lector asiste a una lectura en superficie y luego al reverso de lo que ha leído, como si diera vuelta la trama de una media. Es el modo en que Schweblin involucra al lector, es el modo en que la buena literatura garantiza una experiencia estética. Todo el recorrido es sinuoso; sin salir del ámbito doméstico, la imaginación va por caminos no solo imprevisibles, también insospechados y aparentemente caprichosos. Lola, la anciana, destila una malicia mezquina y paranoica que la obliga a tomar muchas decisiones prácticas con ayuda de unas listas muy imperativas, pero a cada paso se enfrenta a una intriga, hay cosas que no funcionan como deberían y otras que no logra recordar. El cuento luce como un laberinto psicológico horadado por un ratón, lo bastante diestro para esconder las causas y conmover al lector por sus consecuencias.

También excelentes son los óleos de Duna Rolando, especialmente realizados para esta edición, con predominancia de tonos azules que acompañan el misterioso clima del relato. Rolando es argentina y vecina de Schweblin en la ciudad de Berlín, donde residen; ambas se han dado el gusto de ofrecer este lujo para los amantes de las buenas historias y las buenas ediciones, criterio que frente al auge del mundo digital, apuesta a dar valor a los soportes gráficos.

LA RESPIRACIÓN CAVERNARIA, de Samanta Schweblin, ilustrado por Duna Rolando. Páginas de Espuma, 2017. Madrid, 92 págs. Distribuye Gussi.

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