LITERATURA DE VIAJES

Julián Marías y John Carlin con valija a cuestas

Viajar es buscar la alteridad, y si eso se convierte en literatura, mejor. Es lo que muestran estos dos libros de Julián Marías y John Carlin.

John Carlin. Sorpresas en Islandia.
John Carlin. Sorpresas en Islandia.

Julián Marías escribió que para ver “no basta con luces, colores y formas; hace falta, además, sentido”, porque ver, “lo que se llama ver, solo se ve lo inteligible”. Lo escribió en un pequeño libro sobre su viaje a la India en el verano de 1959, editado originalmente en la Revista de Occidente (1961) y recuperado por la editorial española La línea del Horizonte, que también llega a Montevideo con las crónicas de Islandia del periodista inglés John Carlin, en una colección de muy buena factura y enfocada a las crónicas de viaje.

Marías fue un asiduo viajero desbordado de curiosidad por el mundo —“cada vez estoy menos dispuesto a cambiar las cosas por sus nombres”, confesó en una oportunidad—, y por la filosofía, claro, que estudió con Ortega y Gasset. Invitado a un congreso de filosofía en Mysore, durante tres semanas recorrió varias regiones de la India y dejó testimonio de su experiencia en estos ensayos que alternan ideas y descripciones precisas, unas abiertas a interrogar la mirada propia y otras a captar los rasgos elementales de una cultura milenaria y ajena a los supuestos de Occidente.

Más que como un país, describe la India como un continente donde se radicaron innumerables tribus que lo dotaron de catorce lenguas principales, más de doscientas secundarias y cuatrocientos millones de personas en 1959 —el último censo de 2011 contó más de 1.300 millones—, de una complejidad inabarcable pero con un fuerte perfil rural al que Marías adjudica una decisiva integración con los ciclos de la naturaleza y un grado de aceptación del destino que no duda en vincular a un carácter medularmente receptivo y pacífico, sostenido incluso contra los episodios de violencia protagonizados con las comunidades musulmanas de Pakistán, que cobrarían progresiva magnitud en años posteriores.

Su mirada no es histórica, apenas se referencian las huellas del colonialismo británico y tampoco abunda en el sistema de castas sociales. Quiere captar los rasgos esenciales de una humanidad en la que más allá de su grado de desarrollo percibe el espíritu civilizado de un sujeto educado en el sentido de las normas. Consigue un retrato vívido, forzosamente panorámico pero ajeno a la crónica turística y abierto a los ecos personales de muchos interrogantes.

MODERNIDAD DE LOS VIKINGOS.

A diferencia del libro de Julián Marías, el de John Carlin tiene el tono de las crónicas de prensa y, de hecho, son las que escribió sobre Islandia para El País de Madrid a partir de 2006, cuando la pequeña república conocía un auge económico y social sin precedentes.

Carlin nació en Inglaterra, se crió en la Argentina, vivió muchos años en Sudáfrica y se declara devoto de Islandia desde que viajó a conocer esta isla remota ubicada sobre el Atlántico, cercana a Groenlandia y al círculo polar, a medio camino entre Europa y América. Colonizado por los antiguos vikingos, este territorio de volcanes y grandes zonas inhóspitas permaneció muchos siglos en los márgenes de la política mundial con una economía precaria basada en la pesca y la cría de ovinos, pero a partir de su independencia de Dinamarca en 1944, los trescientos cincuenta mil habitantes conocieron un desarrollo que acabó por ubicarlos entre los poseedores de los índices más altos de nivel de vida del planeta.

El interés del libro coincide con la singularidad de este desarrollo llevado por gobiernos de derecha muy poco ortodoxos. Islandia no tiene y nunca tuvo fuerzas militares, los delitos y crímenes anuales no superan el número de dedos de una mano, todo el sistema educativo es público, la atención de la salud, gratuita, la energía y el agua caliente llega a los hogares por cañerías desde las entrañas volcánicas, y cuenta con tradiciones absolutamente permisivas que volcaron el grueso de los recursos a la natalidad y la educación de los niños, lo que potenció la participación plena de las mujeres en la vida del país. El 80% de las mujeres está integrada a la vida laboral gracias a licencias de nueve meses por cada nacimiento, que pueden ser repartidos entre el padre y la madre. La mayoría de las mujeres tiene sus hijos mientras estudian, de modo que cuando se reciben, en pocos años están en condiciones de asumir plenamente la vida profesional. Es altísimo el número de divorcios, aceptados y respaldados por un modelo de clan que comparte el cuidado de los niños y muchos atribuyen a las tradiciones vikingas.

Estos son algunos de los datos que acerca Carlin a través de entrevistas con autoridades del gobierno, empresarios, artistas, trabajadores rasos y profesionales, y cada página agrega una sorpresa. En veinte años los bancos islandeses se hicieron fuertes y como varias empresas de punta canalizaron una extensa red de negocios en Europa y Estados Unidos, de cuyas culturas tomaron una orgullosa distancia.

En el momento de mayor auge económico, el neurólogo Kari Stefansson, presidente de una firma islandesa que es líder mundial en biotecnología, explicaba el crecimiento por la audacia y la creatividad de los empresarios, y le confesaba a Carlin la ventaja de su empresa: cuentan con la historia genealógica de la población en el llamado Libro de los islandeses, lo que les permite aislar más fácilmente los genes de las enfermedades.

Los cinco primeros capítulos del libro de Carlin datan de 2006 y describen un mundo de ensueño, pero a fines de 2008 les estalló en el pecho la burbuja financiera. Tuvieron que nacionalizar dos de sus tres bancos, devaluar la moneda en un 60% y conocieron la inflación. El orgullo, la confianza y la exuberancia se derrumbaron como un castillo de naipes y Carlin recoge datos y testimonios del amargo desengaño, pero un capítulo final encuentra en 2012 una Islandia recuperada y con una nueva sorpresa. La crisis derivó en una revolución de género. Las mujeres que hasta entonces ocupaban los segundos y terceros puestos en el gobierno y las empresas identificaron la falta de previsión con una lógica masculina, pasaron a ocupar los primeros cargos y en pocos años consiguieron estabilizar la situación con políticas de sostenibilidad que identifican con la mentalidad femenina. Como le dijo a Carlin la entonces ministra de Educación, Katrin Jakobsdottir, hoy Primera Ministra de un gobierno de coalición: “El centro de atención político cambia cuando hay más mujeres en el Gobierno: quiero decir que hay una diferencia en lo que se debate… Hemos cambiado la naturaleza de la discusión”.

Son algunas de las grandes sorpresas de este pequeño libro que permite asomarse al país de Björk.

IMAGEN DE LA INDIA, de Julián Marías. La línea del Horizonte, 2018. España, 104 págs.

CRÓNICAS DE ISLANDIA. EL MEJOR PAÍS DEL MUNDO, de John Carlin. La línea del Horizonte, 2018. España, 134 págs. Ambos distribuidos por Gussi.

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